Víctimas del Verde: el negocio político que dejó suelto al tigre

Joel Aguirre · 25 de agosto de 2026

Víctimas del Verde: el negocio político que dejó suelto al tigre

Por Juan Carlos Sánchez-Olmos*

Desde hace una década los medios de comunicación reportan con mayor frecuencia fugas de animales silvestres en todo el país, sobre todo felinos, lo cual implica riesgos para la gente. No obstante, como ocurre con la mayoría de los problemas ambientales, la población toma conciencia de ellos hasta que se pone en riesgo su propia salud o seguridad, porque reconocen el peligro. Es ese momento de atención pública, cuando deben explicarse los problemas, sus orígenes, implicaciones, posibles consecuencias y sobre todo las necesidades para su resolución.

Rugidos que enmudecen

Por sí mismo, el escape de un animal no constituye un problema ambiental, pero es indicador del manejo inadecuado de la fauna silvestre; en la mayoría de los casos, el mercado ilícito es uno de los factores que amenazan la biodiversidad global; sobre todo, si los animales pertenecen a especies de alguna categoría de riesgo de la Lista Roja – UICN. En el ámbito personal, la amenaza inmediata para la seguridad e incluso la vida humana es el peligro de una agresión por depredadores felinos.

Después de reconocer las características del problema deben calcularse sus dimensiones; sin embargo, su clandestinidad hace complejo cuantificarlo. Entonces, reconocer las causas que lo originaron y sostienen permite proponer protocolos de atención para contribuir a la solución de una parte: las continuas fugas de animales silvestres.

El gran rugido

A finales de los años 1990, en México la política ambiental orientó el uso y manejo de fauna silvestre como actividad comercial sustentable, con la finalidad de generar empleo, recaudación fiscal y divisas. Lo cual también permitiría invertir en especies sin tasar, tasadas a bajo costo o en especies emblemáticas de las cuales no se autorizaría el aprovechamiento. Además, que el empirismo de la pesca, cacería y cría de subsistencia transcendiera a la sistematización del conocimiento para obtener productos destinados a abastecer mercados internos y de exportación e incluso promover la investigación con el objetivo de explorar nuevas aplicaciones en zootecnia, la producción alimentaria, en áreas médico veterinarias y en las diversas disciplinas de la biología de conservación.

Por lo tanto, la diversificación productiva de la vida silvestre canalizó productos y servicios a diferentes mercados; como mascotas y la exhibición de animales en espectáculos circenses. Desafortunadamente, ninguna de ambas modalidades de manejo están vinculadas directamente a la conservación de la biodiversidad. Circunstancia ferozmente denostada por la visión animalista de algunos sectores sociales cuyos reclamos fueron escuchados por legisladores del PVEM, quienes reiteradamente promueven iniciativas para limitar el uso de animales en circos, zoológicos, acuarios, en palenques, tauromaquia y charrería. No obstante, jamás se han pronunciado contra los hipódromos. Quizá a causa de los intereses de clase a la que pertenecen los jerarcas del Verde. 

Rugidos callejeros

La inquietud social, emanada de las preocupaciones genuinas para erradicar el sufrimiento animal, justificó las iniciativas legislativas que, en el año 2015, lograron modificar la Ley General de Vida Silvestre (LGVS) para prohibir el uso de animales en los espectáculos circenses. Solo prohibir, que no poseer ni mucho menos expropiar, pues no había utilidad pública, además un alto porcentaje de los animales constituían bienes cuya posesión estaba respaldada con documentación que avalaba la procedencia legal.

Con todo, la pésima asesoría jurídica y falta de comunicación efectiva entre las familias circenses, el temor a perder su patrimonio e incluso los afectos de sus animales propiciaron malas decisiones, desinformación y caos. Personalmente, no he visto pruebas contundentes de la “mortalidad de los cientos de animales” por abandono, ni he conocido cifras probatorias. Es posible que nadie haya revisado los inventarios precisos a causa de las características de la administración y logística de los circos.

 El despertar del león dormido

Lo posible de constatar es que, a partir de 2016, fueron más frecuentes los reportes de los medios de comunicación, digitales e impresos, que mostraban animales silvestres reducidos a mascotas, como los casos del cachorro de tigre de Bengala en el Antara Fashion Hall o la trágica muerte del mono sicario. Sin embargo, la mayor preocupación consiste en las fugas de felinos silvestres porque son carnívoros depredadores y las personas, susceptibles de ser sus presas.  

Tal vez alguien cuestione la amenaza porque compartimos territorio con seis especies felinas nativas sin mayores incidentes, cierto, aunque solo podrían representar una amenaza letal para la gente: jaguares (Panthera onca) y pumas (Puma concolor); pero ambos predadores solitarios seleccionan presas de menor talla. Así que los reportes históricos de ataques a personas son escasos o inexistentes. Entre otras razones, por su conducta y porque rara vez superan los 80 kilogramos.

Muy diferentes son los leones (Panthera leo) y los tigres de Bengala (Panthera tigris), que alcanzan un peso cercano a los 260 kilogramos. Rasgo que explica el temor que infunden en zonas rurales asiáticas, donde se propagan relatos sobre sanguinarios cazadores de humanos, al grado de “bautizarlos” como la Tigresa de Champawat; que en Nepal e India llegó a devorar a 436 personas incluso de día, entre 1900 y 1907. Los investigadores explican esa conducta, no motivada por un insano deleite por la carne humana, sino por escasez de presas silvestres, lesiones, enfermedades o la pérdida de destreza y vigor de animales seniles, quienes optan por cazar personas acechando aldeas, campos de cultivo o cuerpos de agua, donde eligen a presas más vulnerables como mujeres o niños colectores de leña o agua alrededor de sus aldeas.

Sobra decir que en los circos y fuera de ellos los animales comen cotidianamente, entre 6 y 8 kg/día por individuo y que, aún alimentándolos con carne de caballo o pollo, es caro su mantenimiento; que se incrementa de manera proporcional a la cantidad de animales que se posea. En consecuencia, después de que entraron en vigor las modificaciones a la LGVS, los propietarios debieron deshacerse de ellos o modificar el giro comercial.

Tristes tigres

Sin datos ni evidencia es complejo sostener ninguna aseveración de manera categórica. Pero lo cierto es que hasta 2015 se conocieron pocos reportes de fugas, entre los que destacan: en 2012, el tigre de Bengala de Navolato (Sinaloa); en 2014, el león del taller (Estado de México) y el tigre (de Bengala) de Tlaquepaque (Jalisco), que después de escapar mató un caballo. En 2015 el cachorro de león de la Country La Silla, rescatado por personal de PROFEPA Nuevo León y trasladado al zoológico La Pastora. Así como diversos casos de aves, reptiles y monos araña (Ateles geoffroyi) en las zonas urbanas de la CDMX y Guadalajara. 

No obstante, no hubo ningún escape conocido de circos ni zoológicos, sino fugas de predios y domicilios particulares; pese a la realidad, estos sucesos incrementaron la presión social para impulsar la restricción legislativa al uso de animales en los circos.

El punto de inflexión

Antes del año 2015 las fugas de animales tuvieron difusión limitada, restringida a medios de comunicación impresos y sus incipientes plataformas en línea; sin embargo, la evolución sociotecnológica está conduciendo la información del papel a formatos digitales, ampliando su cobertura y velocidad de transmisión. Con agentes adicionales, porque la tecnología democratizó el acceso a la información y cada persona con un celular provisto de cámara puede difundir imágenes de los hechos que atestigua en tiempo real, sin filtros ni censura, captando la atención de los receptores motivados por nuestra naturaleza primate.

Entonces, el auge de las plataformas: Youtube (2008-2012), Facebook (2008-2015), los trending topics de Twitter/X (2010-2016), Instagram (2015-2018) y Tik Tok (2020 al presente) están revolucionando la comunicación global, marcando tendencias a las que sucesos como las fugas de animales en México no son repelentes. Por su singularidad, espectacularidad y morbo.  

 El salto del tigre (primero México y luego el mundo)

Quien se lo proponga puede constatar que, a partir de 2016, las fugas de animales se multiplicaron y, más aún, se viralizaron con una óptica diferente, pues las anécdotas curiosas se tornaron en denuncias por posesión y maltrato animal, por la falta de protocolos e incompetencia gubernamental.

Donde influyó la viralización fue en los siguientes casos: en 2016, el león de Tlayacapan, Morelos; en 2017, el tigre de Bengala de Ecatepec, Estado de México; el león de Tlaquepaque, Jalisco, y el jaguar de Tlajomulco en el mismo estado; en 2020, el tigre de Bengala de Zapopan, Jalisco; en 2021, el tigre de Bengala de Tecuala, Nayarit; en 2022, el Jaguar de Cuautitlán, Estado de México; en 2023, el tigre de Bengala y dos jaguares de Cadereyta, Nuevo León; en 2024, el tigre de Playa del Carmen, en Quintana Roo; en 2025, el león de Ocoyoacac, Estado de México; y en 2026, el tigre de Bengala Kenzo.

Todos fueron felinos y cachorros lindos, tan tiernos como juguetones, pero no son juguetes ni amigos de nadie; crecieron, y también sus garras y colmillos. Así que después de los fugaces seis meses de edad ocasionan severas lesiones al desarrollar y ejercitar sus habilidades predadoras. Es cuando la mascota resulta peligrosa e imposible de mantener en la sala o jardín; por lo tanto, se confinan en cocheras o predios baldíos, sin las condiciones apropiadas, lo que facilita la fuga de animales fuertes e inteligentes. 

Los primates hacen lo suyo

Si bien el mayor peligro lo representan los felinos, desde 2010 los primates han protagonizado las fugas de mayor rating. Iniciando los sainetes con escapes de monos araña y capuchinos (Cebus spI en Guadalajara y la CDMX; en 2015 ocurrió una fuga de papiones (Papio hamadryas); en 2016 nuevos casos con monos araña dieron la nota al saltar entre los árboles de al menos tres alcaldías de la CDMX; y en 2024 hubo otra fuga de papiones en la ciudad de Puebla. 

Pero el gran escape lo protagonizó Marcel, un mono capuchino que la mañana del 2 de marzo de 2018 ocasionó una gran movilización de personal de la Brigada Animal y médico veterinario de la SEDEMA y SEMARNAT, con gran cobertura de medios, durante las dos semanas que se desplazó a placer por el arbolado Paseo de la Reforma y las barrancas de las Lomas.

Es importante señalar que, a excepción de Kenzo, en todos los casos mencionados las fugas ocurrieron desde domicilios particulares y colecciones privadas sin registro ni instalaciones adecuadas y carentes de personal capacitado. Este patrón explica la opacidad y recurrencia de cada suceso. Condiciones que complican la supervisión de PROFEPA y autoridades estatales, municipales o judiciales; quienes intervienen hasta que la ciudadanía difunde los hechos.

Zarpazos

Puede afirmarse, aun sin poder probar la responsabilidad de los circos, que los animales “se esfumaron” porque ya no se encuentran en sus recintos y que las autoridades peñanietistas perdieron el control de los animales circenses; y por las acciones u omisiones de las administraciones obradoraclaudistas, no se vislumbra que a corto plazo la situación cambiará.

Hasta 2015, en los inventarios circenses abundaron los leones, tigres de Bengala, monos araña y papiones; de tal manera que, si fuera posible tabular y graficar el número de animales que hubo, para compararlo con el registro estadístico de los reportes de fuga obtendríamos una correlación negativa. En otras palabras, existe una correspondencia entre las especies de animales “evaporados” en los circos con las especies protagonistas de los escapes.

 Redacto en presente porque el problema continúa, ya que en todo el país se mantienen en cautiverio miles de mascotas silvestres ilegales, sin que exista un directorio ni bases de datos confiables. Y un alto porcentaje son felinos, vale recordar que entre los 206 animales asegurados al ridículo y fraudulento “santuario” del Ajusco, 187 fueron felinos; como leones y tigres de Bengala. Ante los hechos es complejo pensar en casualidades.

Una raya más al tigre

Ante la realidad, preocupa la indolencia de la mayoría de los legisladores, quienes, aprovechando la indignación social y la efervescencia de las redes sociales, ahora proponen prohibir la reproducción de felinos con fines comerciales. Neófitos del problema, sin estudios previos que sustenten sus argumentos, sin analizar los posibles escenarios y consecuencias. Esclavos de ocurrencias.

 Alguna vez señalé la ignorancia de los legisladores del PVEM por promover modificaciones de ley que nunca resuelven los problemas que “pretendían” solucionar; al contrario, generaron nuevos problemas ambientales y agudizaron los socioeconómicos. Ahora tengo claro que el Verde sabe perfectamente lo que hace y quiere: más votos, dinero y poder; así que han hecho del animalismo una nueva faceta del populismo electoral. Con sus acciones y omisiones nos muestran, desde su óptica, que los animales son desechables y las necesidades de la gente les resultan irrelevantes.

El comercio ilegal no acabará pronto, porque no existe voluntad política, por la corrupción imperante, porque cerraron los CIVS, porque la SEMARMAT ni PROFEPA disponen del presupuesto ni personal suficiente. Porque se continúa sin comprender que los profesionales del manejo de la vida silvestre somos parte de la solución, no del problema. Porque el desempleo nacional empuja a la población a la informalidad para obtener el sustento ante la depresiva situación económica del país, porque un tigre de Bengala se cotiza entre 200,000 y 300,000 pesos. La clase política, que solo suspira por dinero-poder-dinero, enamorada de eufemismos, ignora que los recursos naturales dejan de ser recursos cuando no se utilizan. Y que la gente salvaguardará su propia integridad porque saben que las personas estamos en el menú felino. No perdamos más tiempo, aprovechemos que el león duerme esta noche.

Juan Carlos Sánchez-Olmos es biólogo y presidente de la asociación Conservación Sin Fronteras. Contacto: [email protected]