Víctimas colaterales de la violencia de género

blogeditor · 26 de agosto de 2020

Víctimas colaterales de la violencia de género

Ha quedado claro en el mundo que la otra pandemia que ha caracterizado a este 2020 es la violencia de género. Esa violencia que se esconde detrás de las puertas y de la que no se quiere hablar, pero que ya no puede mantenerse oculta porque es imposible invisibilizarla.

Lo dice ONU Mujeres con toda claridad: a nivel global, 243 millones de mujeres y adolescentes entre 15 y 49 años han sido víctimas de violencia física y/o sexual a manos de su pareja; 137 mujeres son asesinadas a diario en el mundo por un miembro de su familia.

La violencia, esa sí que no se ha detenido y en medio del confinamiento ha incrementado, dejando a las mujeres, niñas y niños en una situación de mayor vulnerabilidad. En México, los feminicidios no han disminuido, siguen sucediendo 11 por día. Nosotras Tenemos Otros Datos ha documentado semana con semana lo que está sucediendo en cada estado de la República.

Al lado de esta violencia está teniendo lugar otra de la que se habla aún menos, y que está estrechamente relacionada con la violencia hacia las mujeres, niñas y niños: la violencia contra los animales, y que tampoco ha tenido tregua durante la pandemia, ni en México ni en ningún otro país.

En pocos lugares se ha prestado atención a este hecho y a la correlación existente entre una y otra. Las mujeres son víctimas directas de la violencia, los animales también son víctimas de ella, pero de manera colateral.

En el marco de la pandemia, además, los animales han sido sujetos de una doble victimización por otra razón: se ha señalado que el Coronavirus pasó de los animales a los humanos, y se les visualiza como responsables directos de lo que estamos viviendo.

Si se revisan los periódicos en diferentes países, se encuentran noticias sobre casos de animales que han sido asesinados a palos en las calles de China o América Latina, abandonados, dejados por completo a su suerte, en el mejor de los casos. Esto, lamentablemente, no es novedad, pero se le presta poca atención y no se ve como parte de una problemática social. Se analiza, observa y contabiliza -si es que se lleva control y cuenta del asunto- de manera aislada, como hechos y casos inconexos.

La violencia contra los animales es un problema serio en cualquier sociedad. Algo debe indicar el hecho de que todos los asesinos seriales, por ejemplo, tienen como común denominador haber asesinado y torturado animales cuando fueron jóvenes. Se ha documentado el efecto que esto tiene en las sociedades y en las y los niños que viven y son testigos de estos hechos.

En el marco del confinamiento y la pandemia, esto ha seguido sucediendo y en algunas partes del mundo, han empezado a tomar cartas en el asunto. En Vancouver, por ejemplo, las autoridades encargadas de proteger a las víctimas de violencia han establecido protocolos de colaboración con las instancias responsables del bienestar animal. ¿La razón? Han reconocido que las personas que tienen antecedentes de haber maltratado animales es altamente probable que maltraten a las mujeres, niñas y niños con los que conviven. Esto es un foco de atención para la autoridades y les permite tener alertas detectadas en torno a esas personas. También les permite establecer riesgos cuando alguien denuncia maltrato animal en la casa de un vecino.

Esta correlación tampoco es nueva. Las víctimas de violencia que llegan a refugios han declarado que sus mascotas también han sido víctimas de violencia y abuso por parte de sus agresores. En muchos casos, no dejan al agresor porque no tienen en dónde dejar a sus mascotas.

A esto se añade que las mascotas también viven abandono y situaciones de riesgo en el marco del confinamiento y la pandemia, y no existen protocolos para atenderles. En Estados Unidos existen ya algunos refugios en los que aceptan a las víctimas con sus mascotas. En Australia se han tomado medidas al respecto también, reconociendo a las mascotas como víctimas en sí mismas, sujetas de atención.

Una manera de ejercer violencia en el hogar es, precisamente, a través de los animales de compañía. Se amenaza a las mujeres o a las y los pequeños maltratando a sus mascotas o amenazando con hacerlo.

El problema es tan grave y está tan entrelazado que vale la pena analizar la relación entre el bienestar e integridad de los animales, el bienestar en los hogares y la violencia de género y doméstica. En Canadá, por ejemplo, los datos señalan que en el 89% de los casos en los que se denunció violencia doméstica se había maltratado a los animales.

Las señales de abuso y maltrato animal son focos rojos que pueden servir para detectar, prevenir y atender la violencia contra las mujeres en los hogares. A las personas que viven con vecinos en cuyas casas hay signos de violencia les resulta más fácil denunciar el maltrato animal que el maltrato a las personas. Esta es una oportunidad para intervenir y poder atender a las mujeres e infantes que la viven. Implica, por supuesto, establecer mecanismos de colaboración entre las autoridades correspondientes, y sobre todo, que existan autoridades que atiendan el maltrato animal, cosa que de facto no sucede en muchos países.

Si en países como México la violencia feminicida no se atiende, es mucho pedir que se atienda la violencia contra los animales, pero no por eso hay que ignorarla. Al contrario, hay que hacerla visible, reconocerla, y en el marco de la pandemia y el confinamiento, buscar que sea atendida. Los animales no tienen voz y dependen por completo de las omisiones y acciones humanas.

Para poder hacer cambios, establecer políticas y protocolos de acción y atención es necesario, en primer lugar, visibilizar y contabilizar lo que sucede. Si no se reconoce ni contabiliza, será difícil poder hacer algo. Por ello es tan importante reconocer esta realidad, su estrecha relación con la violencia de género e impulsar medidas para atenderla.

El silencio y omisión no benefician a nadie y seguirá atendiéndose la violencia de género con acciones parciales, no con acciones ni políticas integrales. Los animales son seres sintientes que merecen ser respetados y cuidados, no vulnerados, ni vivir amenazados por la violencia y la impunidad.

Su destino también es el nuestro.

@LaClau