blogeditor · 18 de agosto de 2021
El 17 de Agosto de 1853 se inauguró la primera escuela de Medicina Veterinaria en México, primera también en todo el continente americano. Esa misma escuela fue cambiando de nombre y de ubicación hasta llegar a lo que hoy es Ciudad Universitaria y convertirse en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVyZ) de la UNAM. Es la Facultad donde cursé cinco años de licenciatura, uno de proceso de titulación y dos de maestría. Después de más de 20 años de ejercicio profesional he regresado como profesora en el Seminario de Bioética. Y hoy, el día en que se celebra nuestra profesión, me pregunto qué significa ser médica veterinaria en 2021.
Actualmente, la vida es muy distinta de lo que era hace 20 años. Muchas de las cosas que antes eran normales ya no lo son: hablar de propietarios de mascotas, no aceptar que las vidas de los animales no humanos son valiosas, roles y violencia de género, hablar con un lenguaje predominantemente masculino, etcétera. Ahora se tienen alumnes o alumnos/as, porque es importante visibilizar a las mujeres y futuras médicas, máxime cuando el porcentaje de mujeres ha superado al de hombres inscritos en la carrera. Ahora sabemos que nuestros clientes no son propietarios sino tutores, porque los animales no son cosas ni pertenencias, más bien seres vivos que dependen de nuestro cuidado y que podemos tutelar. Los animales de compañía no son mascotas, porque no son amuletos de buena suerte. Los animales no son productos exclusivamente para alimentarnos o transportarnos o entretenernos, pues tienen intereses que pueden ser protegidos. Además, mis clases no sólo hablan de animales, también dedicamos un poco de tiempo a discutir sobre Economía y violencia de género —situación que lamentablemente las estudiantes, a su corta edad, ya han experimentado—.
Hace 20 años mi sueño era dedicarme a trabajar con fauna silvestre y lo hice; sin embargo, me di cuenta de que el trabajo por y con los animales no se limita a la relación con mis pacientes. Las crueldades e injusticias que se cometen contra ellos son muchas, y se trata de una violencia que no es exclusiva ni aislada. Violencia es violencia: contra animales, mujeres, o pueblos originarios; contra cualquier ser vulnerable sin importar la especie, toda es la misma. Ejercer la Medicina Veterinaria en ciudades y comunidades rurales me hizo darme cuenta de que el sufrimiento es uno y el mismo entre nosotros y ellos, animales no humanos, que no son “otros”, porque no nos son ajenos ni lejanos.
Tenemos más de un año enfrentando una pandemia originada por una zoonosis, una enfermedad infecciosa que pasó de los animales no humanos hacia los humanos. Pero el caso del SARS-CoV-2 no es raro ni aislado, ya que compartimos un gran número de enfermedades de todo tipo: virales, bacterianas, parasitarias y hasta causadas por priones. También enfermedades no infecciosas, pues somos susceptibles a las mismas sustancias tóxicas, como las dioxinas o los organoclorados productos de la contaminación industrial. Pero más que eso, padecemos casi las mismas enfermedades porque nuestros cuerpos son muy similares en cuanto a su funcionamiento. Somos producto de un mismo proceso evolutivo, habitamos un mismo espacio y tenemos numerosas interacciones. Ser médica veterinaria no es sólo trabajar con animales no humanos, también es interactuar con humanos que afectan directa o indirectamente a mis pacientes.
¿Qué significa ser médica veterinaria en 2021? Un mundo en pandemia, recesión económica y cambio climático demandan una nueva manera de ejercer nuestra profesión. Ya no podemos quedarnos con la visión reducida de que nuestro trabajo termina con dar una pastilla al paciente o producir alimentos y lanzarlos al mercado. Nuestro trabajo tiene repercusiones económicas, sanitarias, legales, ambientales y bioéticas, algunas de ellas muy graves, pero también un potencial de sanación y ayuda.
Ejercer la medicina veterinaria se ha modificado al hacernos conscientes de que sólo existe una salud, y la salud de la especie humana no puede desligarse de la de otros animales ni de la integridad de los ecosistemas. No es posible sanar a unos y dejar enfermos a los demás. Nuestro papel en la medicina se ha incrementado y cobrado una nueva responsabilidad.
No podemos cegarnos y abogar exclusivamente en favor del bienestar animal, también debemos entender que éste no es posible en comunidades humanas pobres y violentadas. Por ello debemos promover el bienestar animal y humano por igual, pues si queremos ayudar a unos, debemos ayudar a todos. El cambio climático nos está afectando por igual: las inundaciones, incendios, sequías o temperaturas extremas no sólo nos perjudican a nosotros: los demás animales también sufren y mueren; es más, es peor para ellos, pues no tienen los recursos de protección que tenemos los humanos, en gran medida porque no se los proveemos a los animales domésticos, o se los hemos robado a los animales silvestres. Les robamos el agua y el bosque para construir ciudades, para extraer elementos de la tierra y para producir nuestros alimentos, sobre todo proteínas de origen animal. Contaminamos agua, suelo y aire con nuestros medios productivos tóxicos y voraces, y fragmentamos sus hábitats con carreteras y vías de ferrocarril.
Dentro de todo esto, atender y proteger a los animales no ocurre sólo como una práctica médica independiente, sino paralelamente a la promoción del desarrollo humano, entendido en su sentido más virtuoso, donde se aplique la justicia y equidad y evitando la acumulación del capital en manos de unos cuantos. Desarrollo de la conciencia y responsabilidad humana, en tanto seres éticos, no como devastadores de recursos.
Ser médica veterinaria en 2021 me hace preocuparme no sólo por mis pacientes, sino también por ser parte de un movimiento cada vez mayor de personas que luchamos por el bienestar común de todos los seres vivos, un bienestar que sólo puede darse a medida que reconozcamos que nuestros deberes éticos no se limitan a nuestra especie. Ser médica veterinaria hoy es sanar pacientes, pero también es ser parte de la discusión bioética y activista, es estudiar y compartir el conocimiento, es hablar y escuchar a colegas y estudiantes, es abrir el debate sin polarizarlo, es colaborar con cualquiera que tenga interés en el bien común. Es no quedarse al margen de las luchas sociales, participar en la medida de lo posible y levantar la voz cuando haya que denunciar una injusticia, sin importar contra quién sea.
Ser médica veterinaria es un voto que se hace por el bien de no humanos y humanos, pues al final, todos somos animales.
* María del Carmen Valle Lira es médica veterinaria zootecnista y maestra en Ciencias por la FMVyZ de la UNAM, y cuenta con un diplomado en Bioética por el Programa Universitario de Bioética. Su trabajo se ha enfocado por más de 20 años en el cuidado y conservación de los animales silvestres en zoológicos y en vida libre, participando en diversos proyectos con organizaciones nacionales e internacionales. Asimismo, se ha dedicado a la atención clínica de animales de compañía no convencionales. Actualmente es candidata a Doctora en el Programa de Doctorado del Posgrado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud de la UNAM, dentro del campo de conocimiento de Bioética, y Profesora de Asignatura en las facultades de Ciencias y de FMVyZ de la UNAM.