Veracruz, la entidad más peligrosa para ser periodista

blogeditor · 4 de agosto de 2015

Veracruz, la entidad más peligrosa para ser periodista

Otra vez un periodista muerto que proviene de Veracruz y que detrás hay una historia de intimidación, acoso, tortura y muerte. Así es este estado, el más peligroso para la libre expresión, el de mayor represión para los periodistas; donde las voces son silenciadas a punta de balazos y donde el gobierno estatal no se muestra preocupado por la situación de indefensión. No, a decir de las autoridades, ahí sólo roban frutsis y pingüinos.

Desde el 2000 van 15 periodistas muertos en Veracruz; sin duda se trata del estado más peligroso para ejercer este oficio, donde ni la CNDH, ni la PGR, ni los organismos internacionales u otras organizaciones no gubernamentales han logrado erradicar la intimidación que sufren a diario periodistas, activistas, estudiantes, así como cualquier ciudadano que se manifiesta en contra del gobernador (ojo con este perfil) y sus secuaces.

Según la última publicación sobre la libertad de expresión elaborada por Freedom House, en México, tanto las libertades políticas como de prensa se han reducido considerablemente en los últimos años. Buena parte de esta baja calificación se debe a los frecuentes ataques contra la prensa, ya sea por parte del crimen organizado o de las autoridades. Según esta organización, México está catalogado como uno de los lugares más complicados para ejercer el periodismo en el mundo.

El más reciente caso de ataques contra periodistas es el de Rubén Espinosa (y cuatro personas más), quien fuera fotoreportero de Proceso, Claroscuro y otros medios, y que se vio orillado a autoexiliarse en el DF, donde la muerte lo encontraría de cualquier forma.

[contextly_sidebar id=”mG09ASjadaGSc9WHmu93QxHwW74i1dpK”]Lo abominable del caso es que ni siquiera dejando esa tierra y refugiándose en la ciudad de México –donde muchos creemos ilusamente estar a salvo de los abusos de poder– logró salvarse. Sirva este asesinato para evidenciar una vez más (¡hasta cuándo tendremos que escribir las mismas líneas!) que la ausencia del Estado de Derecho, de justicia, la impunidad y la inutilidad de nuestras autoridades es cosa de todos los días.

Una vez más este caso vuelve a señalar al gobierno de Veracruz y a sus corruptas autoridades, una entidad plagada de irregularidades, donde se tapan las fosas clandestinas, se corrigen los datos de homicidios. Un estado bajo el dominio de (lo que queda de) las bandas de Zetas, en control de las rutas de trasiego, de migrantes y trata de personas que van desde la frontera sur hasta el norte del país. Estos grupos se han apoderados de varias regiones, acosando, extorsionando, intimidando a la población, y se perpetúan gracias a la debilidad e ineficacia de los gobiernos locales, dejando a la población desprotegida ante la doble violencia: la institucional y la del crimen organizado. Las dos caras de una misma moneda.

A decir verdad, cuesta trabajo repetir lo mismo una y otra vez. Las policías corrompidas hasta la médula, cooptadas por las mafias criminales. Los elementos policiacos aptos para sus puestos son cerca del 61 por ciento, y no cuentan ni con equipo ni con entrenamiento suficiente para enfrentar a los criminales. Y a pesar de que el gobierno estatal y federal gasta un dineral en organizar una Fuerza Estatal, por alguna razón aún no vemos resultados claros de este esfuerzo ni las señales de un compromiso serio por el restablecimiento de la seguridad y de un orden democrático mínimo.

Al final, sólo nos resta esperar lo que está por venir, ver si la PGR atrae el caso, esperar las investigaciones de la PGJDF, observar si ésta puede hacer un papel medianamente decoroso, probablemente indignarnos por enésima ocasión (¡otra vez!) con las extrañas teorías sobre el múltiple homicidio.

También debemos estar conscientes de que nuestra justicia penal está en lo más bajo de los peldaños de eficiencia, decoro y capacidad de respuesta. No hace tanto tiempo que el World Justice Project nos recordaba el deplorable nivel en la calidad de la justicia penal en México (posición 79 de 102 países), a la par de países como Rusia, Turquía y Costa de Marfil. Por lo que no espero un gran papel de nuestro raquítico y enmohecido sistema de justicia.

No me queda más que agregar. Ojalá que las familias de estos jóvenes encuentren consuelo, ojalá algún día dejemos de escribir las mismas líneas una y otra vez, ojalá la larga lista de víctimas deje de crecer, ojalá ya no sean necesarias más marchas para que se escuchen y atiendan estos casos, ojalá que los verdaderos culpables de estos crímenes se enfrente a la justicia algún día. Ojalá.

 

@rodaxiando