blogeditor · 25 de septiembre de 2019
Quizá has escuchado que lo peor que le puedes hacer a una persona es ignorarla (escuchamos y decimos frases como: “no la tomes en serio, finge que no existe; si no lo ves, solito se va”). Además de anular la existencia del otro, esta premisa hace que sea más difícil el reconocimiento de nuestras emociones y formas de afrontar estas situaciones; hace que estructuremos estilos de socialización en los que solo sea (in)visible lo que queremos o lo que nos han enseñado a (no) ver.
Esta misma situación pasa con la sociedad. Es decir, una sociedad que niega verse a sí misma muy difícilmente llega al autoconocimiento.
Bien ilustra la cultura popular que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, pues ni ignorar lo incómodo, lo que nos duele, lo que nos da miedo, lo que nos interesa, hace que estos contextos dejen de existir. Al contrario, rehusarnos a ver sólo evita que podamos ser conscientes de ello y posteriormente, salir de nuestra cámara de eco. Por ello, lo poderoso de este refrán recae en entender y pensar la importancia del “ver” y, sobre todo, del “no ver”.
Se vale ser autocrítico y pensar, ¿cuáles son tus puntos ciegos? ¿Será la diversidad sexual? ¿Las personas en situación de calle?
Nos guste o no todos hemos sido “observados” y “observadores” y, en esta lógica existen diversas formas de mirarnos: están los que ven, los que no ven, los que hacen que no ven, los que están viendo y no ven…
Me gustaría que nos centremos en las miradas que hacen mella social, es decir, aquellas que encasillan lo observado en un estereotipo, una idea o un mito. Este tipo de miradas se niegan a ver y comprender el contexto de lo observado y, por ende, se rehúsan a intercambiar cualquier contacto visual. Para efectos prácticos podemos tomar como referencia el relato de la mitología griega: Medusa, hermana gorgona que convertía en piedra a aquellas personas que la miraban fijamente a los ojos.
En nuestro papel de Medusa, ¿qué aspectos cotidianos convertimos en piedra? ¿Acaso es la pornografía infantil? ¿Las enfermedades mentales?

La dificultad de vernos recae en lo impactante que es reconocernos en el otro. Por este motivo, la comprensión de lo observado es de las cosas más difíciles para las personas, ya que implica repensar nuestros argumentos y resignificar nuestras acciones, sin romantizar la realidad. ¿De verdad lo pobres son pobres porque quieren? ¿De verdad las madres adolescentes lo son por no cuidarse?
Empecemos a vernos en serio, con toda la intención y con todos nuestros miedos, recordemos, una sociedad que huye de sí misma no llegará al cambio. Y, una vez que extendemos la vista, no volvemos a ser los mismos.
* Carol Chávez (@mini_caracol) es Psicóloga Social, Especialista en Comunicación, Cultura y Psicología Política, ambos grados por la UNAM y Diplomada en Procesos de Democratización en México por el LAOMS-CEIICH. Está plenamente comprometida con el mejoramiento del contexto mexicano a través de la colectividad, la difusión de nuevas ideas, la crítica al agandalle y la promoción de la transparencia y la memoria.