blogeditor · 19 de diciembre de 2014
Están viendo y no ven. El slogan del Gobierno de la República pasó de ser “Mover a México” a “No ver a México” y aplican como estrategia eso de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Así, repitieron miles de veces que las reformas estructurales eran un éxito y que estaban “salvando a México”, pero la realidad del país evidenciada por la tragedia de Ayotzinapa y los recientes escándalos de corrupción dejaron en claro que su estrategia falló y que a México hay que salvarlo pero de su clase política.
Primero fue la declaración del presidente de Uruguay, José Mújica, que en un arranque de honestidad que le ganó a la diplomacia dijo que con la desaparición de 43 estudiantes daba la sensación de que México era un Estado fallido. En la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) pusieron el grito en el cielo, rechazaron categóricamente las declaraciones, citaron al embajador y Mújica finalmente matizó su declaración.
Ayer el presidente de Bolivia, Evo Morales, calificó como fallido el modelo de lucha contra el narcotráfico que se aplica en el país. Inmediatamente reaccionaron en la SRE y en un comunicado se dijeron “sorprendidos y preocupados” por su declaración e hicieron un llamado a privilegiar el diálogo respetuoso. Como si el respeto excluyera a la critica.
Empeñado en negar sistemáticamente la crisis por la que atraviesa el país, el Secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, afirmó esta semana que el mundo reconoce que el gobierno mexicano afronta sus retos con transparencia y valentía. Todavía más, Meade dijo que todos reconocen nuestra democracia vigente y vibrante así como el compromiso que hay con los derechos humanos.
En su concepto de “todos”, el Secretario de Relaciones Exteriores no incluye a dos presidentes de países latinoamericanos, ni a los principales periódicos que informan al mundo sobre la situación por la que atraviesa nuestro país. La imagen internacional es que México está en crisis y la más grande crisis es la de legitimidad; el gobierno repite mentiras que no se convierten en verdad. No hay por qué creerles.
Antes de hablar por todos, el Secretario Meade y la clase política entera deberían de voltear a ver la cantidad de movimientos internacionales como “Ayotzinapa somos todos” que denuncian la represión en México desde universidades y plazas públicas en todo el mundo y a las organizaciones defensoras de derechos humanos, nacionales e internacionales, que condenan la corrupción, la falta de transparencia gubernamental, el abuso de poder, los homicidios, desapariciones forzadas y tortura que suceden a diario a lo largo y ancho del país.
Los derechos humanos no son un discurso que por repetir mil veces se conviertan en verdad. El gobierno federal debe voltear a ver a México, reconocer nuestra realidad y entender que para defender la “imagen” del país, primero hay que defender los derechos.