Veneno vil

blogeditor · 23 de agosto de 2022

La burocracia mexicana pareciera ser un tema que todos amamos odiar. Si uno habla de esta materia, lo primero que se viene a la mente es un sistema basado en reglas estrictas que en ocasiones son poco justificadas, procedimientos mal diseñados, exceso de papeleo y tiempo de espera de una respuesta que parece nunca llegar. Esto no significa que México no cuente con un aparato estatal que pueda subsanar y mejorar continuamente dichos procesos, el problema es la visión que se maneja dentro y fuera de las instituciones, el modo de actuar del personal e incluso a veces la corrupción. Los procedimientos pocas veces son seguidos como debería de ser, muchas veces ni siquiera los servidores públicos encargados de ejecutar las acciones son capaces de cumplir con ellos y mucho menos de hacerlos seguir. Lo cual contribuye a una mala ejecución y resultado de los procesos administrativos.

La política migratoria mexicana, con su formalismo y el legalismo superficial que tanto la caracteriza, es el ejemplo claro para hablar del tema migratorio, ya que su actuar es evidencia de que la misión de proteger los derechos humanos de las personas migrantes y sujetas a protección internacional puede pasar a un segundo plano cuando se trata de priorizar reglas internas por encima de las personas mismas. Como ejemplo podemos encontrar el hecho de que para ser atendidas, las personas migrantes deben formarse de cinco a seis horas o hasta una noche anterior fuera de las oficinas de representación del Instituto Nacional de Migración de cada estado de la República, con la finalidad de solicitar un espacio y obtener un “turno”, sin que esto brinde la certeza de que serán escuchadas al momento de presentar su solicitud, pues la falta de una copia, un sello o simplemente la “burocracia a nivel de calle” de quien atienda ese día, puede significar que hayan perdido su oportunidad y deban madrugar una vez más en la intemperie. Como si se tratara de un ciclo sin fin.

También parece ser que el letargo de la burocracia mexicana no es exclusivo de los límites territoriales de nuestro país, pues esta práctica se replica en las representaciones consulares de México en el exterior, debido a que conseguir una cita en algún consulado mexicano hoy en día es una tarea poco menos que imposible. Aún así, si una persona extranjera tiene la dicha de lograr agendar una entrevista consular por su cuenta, evitando a toda costa caer en prácticas irregulares que se dan dentro del sistema burocrático como el pago de cuotas extra legales por parte de un grupo de gestores (coyotes), también deberá lidiar con una lista interminable de requisitos para ingresar a México en cualquiera de sus condiciones, ya sea como visitante o residente. Es necesario recalcar que las prácticas burocráticas no son significado de eficiencia y eficacia, sino que muchas veces entorpecen procesos que pudieran ser más sencillos para todas y todos.

Por eso, desde Sin Fronteras IAP nos parece importante señalar que detrás de cada trámite migratorio existen personas que luchan por prosperar, sentirse seguros o en busca de una mejor calidad de vida, que en muchas ocasiones se ve entorpecido por la alta burocracia mexicana. El tema migratorio tiene tantos matices y es tan complejo, que debe verse desde un punto de atención integral. Por ello desde hace 26 años abogadas, psicólogas y trabajadoras sociales de nuestra organización se han encargado día a día de atender a cientos de personas migrantes y sujetas a protección internacional, que después de un arduo viaje a nuestro país llegan con expectativas de una mejor calidad de vida. Creemos que es importante generar un modelo de atención que permita dar una respuesta efectiva a las necesidades de las personas en contexto de movilidad humana. Que concluir un trámite con la autoridad migratoria de nuestro país no signifique el estancamiento de la búsqueda de una mejor calidad de vida, sino que puedan asegurarla.

@Sinfronteras_1