blogeditor · 14 de febrero de 2014
Veinte de Cobre: memoria de la clandestinidad
Fritz Glockner
Joaquín Mortiz Editores
México, 1996
Fritz, después de años de reflexión, de dolor, de desesperación y de aceptación de la historia del padre que se incorpora -sin avisar- a la guerrilla, se anima a poner en blanco y negro lo que vivió.
Un reencuentro con el pasado y sus emociones. Los personajes son reales y así aparecen en la novela. Era fácil caer en el melodrama, pero nunca se asoma; los sentimientos son siempre auténticos y verdaderos. No hay concesiones, pero tampoco juicios, las cosas así se dieron y de esa manera hay que contarlas y asumirlas.
[contextly_sidebar id=”9a98ad7244d485f9958526f20a36b1b9″]Al recorrer la historia del padre, de la familia y la del Fritz de la niñez se da también cuenta de la historia de un momento del país: el de la guerrilla y la guerra sucia.
Hay dolor, nostalgia, pero nunca odio y tampoco espíritu de revancha. El amor incondicional del hijo hacia el padre. La expresión del amor de un niño de diez años.
La obra es autobiografía y también literatura. El texto es ágil y tiene ritmo. Hay soluciones literarias a problemas de la historia que dan fuerza y unidad al texto.
La novela -la primera de Fritz- me gustó y me hizo vivir los días de El Salvador en los años de la guerra de los ochenta.
De la obra, Pago Ignacio Taibo II escribe: “…veinte de cobre es una exploración en el pasado, en la búsqueda de los medios y en las emociones que unen a un niño y a su padre, guerrillero que habría de ser asesinado en la guerra sucia de los setenta; también es una amorosa exploración en las dificultades, y en la necesidad de comprender a un país que hoy vive en las sombras”.
Y añade que “fabricada con los mejores materiales, la de la autobiografía y las de la literatura, Veinte de Cobre se mueve con pericia en uno de los géneros esenciales de las letras del siglo XX, y retrata la pérdida de la inocencia, el abuso y el impudor del poder, la violencia y los miedos. Un libro y un autor particularmente queridos que podrían ser acusados de vengadores, emisarios del mejor de los pasados justicieros… cualquier cosa menos fresas”.