blogeditor · 25 de mayo de 2021
Les escribo a usted, sí, a usted que gracias al interés compuesto no depende de su salario para subsistir. Sí, a usted que orgullosamente paga la membresía de un club de golf donde le gusta tomar el desayuno mientras lee las columnas de opinión o resuelve la coyuntura del país con otros titanes de la industria. Sí, a usted que se preocupa por el futuro de sus hijos y atiende pláticas en el club de industriales para rumiar acerca de la problemática nacional. Quizá su familia no sabe todo lo que hace para precarizar la vida de sus empleados, o quizá sus hijos aún no saben que su éxito depende de lo que construyó su abuelo, creció su padre y heredó usted.
A usted, que tiene una empresa o trabaja en un corporativo que depende del trabajo mal remunerado y las pocas o inexistentes prestaciones para generar márgenes atractivos y, por ende, salarios lucrativos para usted y los demás hombres directores. Sin esos trabajadores no habría producto que vender o servicio que proporcionar, pero sin usted no habría gente que acapare la mayor parte de las rentas. No voy a ser ingenuo. No pretendo que todos los trabajadores sean productivos y generen mucha plusvalía para su empresa. Unos son muy buenos en su trabajo y otros no tanto. Si usted es de los que hace recortes de personal con frecuencia seguro es porque ellos se lo merecían. Al fin y al cabo, hay que competir y, ¿sabe qué?, ¡mejorar los salarios corporativos!
A lo que voy, sin extenderme más de lo que su valiosa atención merece. Ya vienen las elecciones, el 6 de junio para ser exactos. Bueno, ¿yo por qué le digo? Usted en su gran sabiduría está al tanto de todo lo que sucede en esta gran nación. Pero igual le recuerdo, porque ese día no sólo hay que votar, hay que votar con conocimiento de causa. Hay que votar por los políticos que le convengan a usted y a sus hijos. Esos son también los que me convienen a mí porque, licenciado, usted como motor de México nos dará más trabajo a mí, mis amigos, y mi familia.
Yo sé, licenciado, que usted sabe que eso significa no votar por el gobierno actual. Es gracias a este gobierno que ya no hay nuevas empresas ni inversión del extranjero y por eso no hay trabajos para mí y la otra mano de obra poco calificada. No obstante, licenciado, necesitamos que nos ayude convenciendo a todos los que trabajan para usted y sus amigos.
Y es que yo no entiendo cómo la oposición no ha acaparado más de la intención del voto. Al fin y al cabo ellos gobernaron el país con gran sapiencia. Los niveles de corrupción eran altísimos y bajo su mandato México se convirtió en un campo de batalla donde miles murieron y desaparecieron. Por otro lado, los partidos más nuevos no tienen una base histórica ni un mensaje congruente. Y ninguno siquiera tiene un diagnóstico coherente de los problemas del país, ni qué harán ellos de manera distinta al gobierno actual. ¡No entiendo cómo es que algunos dudan votar por ellos!
Yo sé que su contacto con la clase trabajadora probablemente se resume a interacciones superficiales con personal de servicio y, una que otra vez, con algún trabajador en su empresa que le dice lo que usted quiere oír porque sabe que su trabajo depende de su relación con usted. Pero lo que más nos urge es que aproveche su espacio en uno de los periódicos más importantes del país para enviarle un mensaje a los que, como yo, dependemos de usted.
Sé que no sería capaz usted de hablarle a sus trabajadores desde una distancia condescendiente. Ni mucho menos caricaturizar a la gente de la que depende el país para funcionar. Mucho menos cuando se demostró en la pandemia que sin miles de estos trabajadores no habría comida, ni medicamentos, ni cuidados para todos los mexicanos. Yo estoy seguro de que usted podrá trascender las brechas de clase y educación con su empatía y mensaje. Y si no sabe qué decir, estoy seguro que en alguna cena con colegas en donde se gasten más de lo que ganan en un mes quienes los atienden, podrán idear un gran mensaje para la clase trabajadora del país.
Y si usted no planeaba escribir una columna así, no se achique, tiene que salir a convencernos en nuestro idioma. Nuestro idioma de barrio, de calle, de banda. Esa voz narrativa es la que hará que dejemos de votar por el político que logró hacer lo que casi ningún político había hecho: convencernos de que le importábamos. El futuro del voto depende de usted y su magnanimidad.
Piense en mi familia, ¡vaya usted, licenciado!
Pedro “Su Servidor” Gerson.