blogeditor · 3 de julio de 2021
Todas y todos podríamos contar la historia de nuestras vidas a través de lo que nos aportaron nuestras maestras y maestros. Nos ofrecieron corrección y consuelo, nos intrigaron con el mundo que nos revelaron, nos impulsaron a esforzarnos y a ejercitar nuestro juicio, nuestras capacidades, nuestra tenacidad, nuestra resiliencia. Su mejor lección fue tal vez a propósito de un tema, pero es memorable por las actitudes en la vida que nos mostró, aquellas que la hacen más digna y libre, más fraterna y creativa.
El pasado 23 de junio, las organizaciones que formamos parte de la Red Latinoamericana por la Educación -REDUCA- presentamos a 16 docentes (uno por país) que generaron prácticas innovadoras durante la educación a distancia. La importancia de este reconocimiento radica en que es un momento crucial para entender todo lo que las y los docentes han hecho por la educación desde México hasta la Patagonia y muchas veces en las regiones más marginadas. Sus aportes incluyeron canales virtuales para fomentar el aprendizaje, materiales en lengua de señas, programas de lectura divertida con las familias, entrega de guías impresas en comunidades alejadas, seguimiento a poblaciones hablantes de lenguas indígenas, entre otras.
Las y los maestros de toda la región debieron en muy poco tiempo imaginar mecanismos nuevos para mantener el contacto con sus estudiantes, para que pudieran aprender de manera lúdica y para que no abandonaran la escuela. Muchos lo hicieron en forma extraordinaria, pero también es una realidad que la mayoría lo hicieron solos. Las autoridades pusieron énfasis en la programación televisiva o en firmar convenios con grandes compañías de internet, y sólo en muy pocos casos el foco se puso en el trabajo que -de manera inédita- las y los docentes tenían que realizar día a día.
Las niñas, niños y jóvenes están en riesgo hoy de abandonar la escuela o de llegar a ella arrastrando un rezago educativo que les impida completar su trayectoria escolar. Han estado tristes, solos y asustados por los temas de salud, en duelo y estrés, sin activación física y, en incontables casos, con desnutrición. De nuevo, superar esta preocupante situación depende de las decisiones que los gobiernos y de la respuesta que como sociedad tengamos para minimizar ese riesgo, pero sobre todo depende de nuestras maestras y maestros.
No significa que sean ellas y ellos quienes carguen en forma desproporcionada y aislada con semejante responsabilidad, dejados a sus fuerzas e iniciativa, sino a que sus habilidades en el aula serán cruciales para retomar el sentido de identificación y empatía del grupo, plantear el ritmo de aprendizaje, hacer atractiva la escuela, incluso para que quienes quedaron fuera regresen.
En varios países hay pilotos para que de manera escalonada y con las medidas de bioseguridad las NNJ puedan regresar. América Latina, de acuerdo con UNESCO, ha sido la región del mundo con el cierre más prolongado de las instituciones educativas, y por ello el riesgo de abandono y rezago es también mayor. En nuestro presente, la profesión docente es más relevante que nunca, y sus acciones en esta etapa serán cruciales para las NNJ y para la viabilidad de toda la sociedad.
En este panorama, las 16 organizaciones que conformamos REDUCA proponemos 5 puntos centrales en esta etapa para garantizar el derecho a aprender:
Las organizaciones de sociedad civil no queremos -ni podemos- quedarnos en el discurso; la valorización del rol docente en América Latina no se puede quedar en la retórica, debe pasar a la acción. No debe ser fortuna o casualidad que nuestras NNJ cuenten con maestros ejemplares; deberían tener una multitud de referentes, uno para cada ciclo escolar, para cada nivel cursado, por cada una y uno de los estudiantes. Para que ocurra, tiene que darse una decisión de política pública: empoderar a maestras y maestros como la vía fundamental para garantizar el derecho a aprender de la generación joven.