blogeditor · 26 de junio de 2015
La gran mayoría de las personas mexicanas responderán afirmativamente a esta pregunta. Cuando nombramos al tehuacanazo, inmediatamente nos llega la imagen mental de una botella de agua mineral siendo agitada y a una persona sentada, seguramente con las manos amarradas y los ojos vendados, lo siguiente que vemos es cómo se introduce el agua por la nariz, probablemente con la intención de obtener algo, que puede ir desde la satisfacción de causarle sufrimientos a alguien, hasta obtener una confesión o mayor información.

La facilidad con la que podemos hablar del tehuacanazo e inmediatamente crear una imagen en nuestra cabeza de lo que significa es, en realidad, alarmante; quiere decir que sabemos que ésta es una de las formas preferidas para torturar por el hecho de que no deja marcas, que en nuestro día a día sabemos que estas prácticas existen y que las hemos normalizado, que a pesar de ser una realidad que podría alcanzarnos, simplemente la aceptamos por saber que las cosas son así.
Incluso valdría la pena preguntarnos si más que tolerar la tortura, es algo que hemos llegado a ver con buenos ojos, si la inseguridad y la violencia que vivimos día con día nos han hecho creer que la tortura es una solución viable para detener a las personas responsables de tantas atrocidades.

[contextly_sidebar id=”9fnMQMCWHPaitNlxSEwxlgf5moZarlUO”]Independientemente del hartazgo que se sienta por la inseguridad en la que estamos inmersos, no podemos perder de vista que a través de la tortura fabricamos culpables y simplificamos las tareas de investigación para el Estado. Basta imaginar que esa persona vendada y con las manos amarradas podría ser algún familiar o amigo, incluso podría ser yo; que cuando el agua mineral es introducida en la nariz y los golpes no paran, llegue un momento en que la desesperación hagan gritar “alto, firmo lo que sea necesario”, y que esto, sin ninguna otra prueba, sea suficiente para pasar unos años en la cárcel.
La tortura es un sistema que no le conviene a nadie; esto es incuestionable para las víctimas torturadas, pero para las víctimas que buscan justicia y para el sistema de justicia tampoco genera beneficios, puesto que se llenarán las cárceles de personas inocentes, mismas que pueden ser cualquiera de nosotros.

A pesar de esto, en México sigue siendo una realidad. Hace unos meses el Relator contra la Tortura concluyó que la tortura era una práctica generalizada en nuestro país; el gobierno mostró de inmediato su descontento y afirmó que esta situación era falsa, esto a pesar de la percepción ciudadana en México que establece que el 64% de las personas mexicanas tienen miedo de sufrir tortura al momento de ser detenidas.
Al hablar del lenguaje, Wittgestein sostenía que “allí donde están las fronteras de mi lengua, están los límites de mi mundo”; el término tehuacanazo es entonces creado para expresar una realidad que se vive en el país, que existe un método específico que requiere un nombre particular. El tehuacanazo nos recuerda que la tortura existe en México y que ésta es generalizada, que negar su existencia no nos lleva a ningún lado y que, por el contrario, empezar a reconocer el problema debe ser el primer paso hacia su erradicación.

* Amnistía Internacional (@AIMexico) es un movimiento global de más de 7 millones de simpatizantes, miembros y activistas en más de 150 países y territorios que hacen campaña para poner fin a los graves abusos que se cometen contra los derechos humanos.