blogeditor · 11 de agosto de 2021
“El reporte del IPCC es claro y contundente: no podemos darnos el lujo de esperar para la acción climática. El tiempo para actuar es hoy”.
El lunes 9 de agosto del 2021 se publicó el nuevo reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos (IPCC). El IPCC está conformado por un grupo de 200 científicos convocados por la Organización de las Naciones Unidas que dona su tiempo para producir reportes que facilitan evaluaciones integrales de los conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos sobre el cambio climático. El trabajo no es menor, la publicación de este último reporte está compuesto por poco menos de 4,000 páginas y recopila información de unos 14,000 estudios científicos. Es una institución y sus reportes son sumamente esperados pues dan la información más completa y actualizada sobre el cambio climático y lo que podemos esperar en los años que vienen. Las principales conclusiones son todo menos reconfortantes, pero tampoco se podría decir que es una sorpresa.
Desde 1850, cada década ha sido sucesivamente la más calurosa. La tierra se está calentando a ritmos insostenibles por la acción humana, y la certeza sobre esto es absoluta. La influencia humana también es la principal responsable del retroceso de los glaciares desde 1990 y la pérdida de capas de hielo en el hemisferio norte.
El océano es uno de nuestros principales aliados pues tiene la capacidad de regular el clima al funcionar como un pozo de carbono y, por lo tanto, impide que la atmósfera se caliente todavía más. Esto conlleva una serie de impactos, con una acidificación y calentamiento del océano que viene observándose desde 1970 y que tiene consecuencias desastrosas para los ecosistemas más frágiles, como por ejemplo, los corales. De desaparecer, son numerosas cadenas de especies que están en riesgo de colapsar. Sobra decir que nosotros mismos somos parte de estas redes. El calentamiento del océano también produce una estratificación de las aguas, es decir, el agua fría del mar profundo no logra mezclarse con el agua caliente de la superficie. Esto bloquea el abastecimiento de nutrientes provenientes del océano profundo, los famosos hotspots de biodiversidad, que sostienen nuestras pesquerías, entre una multitud de especies.
El reporte presenta la indiscutible evidencia científica que tiene este incremento de las temperaturas: climas cada vez más extremos, precipitaciones masivas, sequías y ciclones tropicales de categoría 3 a 5 cada vez más frecuentes. En el océano, la expansión térmica debido al calentamiento explica 50 % del aumento del nivel del mar, el 22 % es atribuible al deshielo de los glaciares, mientras que el 20 % y 8 % respectivamente se debe a cambios en las capas de hielo y en los almacenamientos de agua.
Para la región de Latinoamérica hay un alto consenso sobre el fuerte incremento de las temperaturas; para las precipitaciones, la certeza es menor, se desconoce con exactitud el patrón futuro y, por lo tanto, el impacto en cuestión de inundaciones y sequías. Esto nos deja en desventaja para protegernos eficientemente.
El Ártico es y seguirá siendo una de las regiones más afectadas por el cambio climático. Es también una de las regiones más cruciales para la regulación del clima. Por lo que, llegar a un punto de inflexión podría detonar una inestabilidad y un aceleramiento en el incremento de las temperaturas. Este reporte menciona también, por primera vez, otros puntos de inflexión: los glaciares, las capas de hielo y los océanos, por la lentitud con la que se ajustan al cambio de temperaturas. Esto significa que, aunque la temperatura global atmosférica ya no aumente tan rápidamente gracias, por ejemplo, a políticas climáticas que permiten la reducción de emisiones, las consecuencias en los glaciares, capas de hielo y océanos son irreversibles por los siglos y milenios que están por venir. Hay otros ecosistemas para los cuales se desconoce con exactitud las reacciones frente al calentamiento global, como por ejemplo, el permafrost y los humedales.
El reporte del IPCC presenta cinco escenarios posibles para 2081-2100. Bajo el escenario más positivo se espera un aumento de la temperatura de entre 1 a 1.8, mientras que el peor escenario pronostica un aumento de las temperaturas de 3.3 a 5.7 Aunque se limitara la temperatura a 1.5 o 2 como lo recomienda el IPCC, el nivel del mar aumentaría de 2 a 3 metros en los próximos 2,000 años; de 2 a 6 metros si se limita a 2 y de 19 a 22 metros si se alcanzan los 5 . Hemos llegado a un punto en el que un incremento de tan solo 0.5 tiene consecuencias importantes en la intensidad y frecuencia de los eventos calurosos extremos, incluyendo las olas de calor y las sequías.
Si sumamos la primera ronda de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs), es decir, los compromisos que los países hicieron de manera individual en 2015 para reducir sus emisiones, alcanzaríamos un calentamiento de 3 para 2100. Hoy estamos en un punto de inflexión pues las NDCs deben ser revisadas: el 58% de los 191 países ya han presentado compromisos renovados. Las primeras semanas de noviembre también serán decisivas, pues se llevará a cabo la COP26, el evento más importante para llegar a acuerdos que limiten el cambio climático. Lo que se decida en estos próximos meses será crucial para el futuro de nuestro planeta. Concretamente, los países deberían de comprometerse a la neutralidad carbono de aquí a 2050, es decir, que la cantidad de gases de efecto invernadero que se emita a la atmósfera se compense con lo que se retira por distintas vías, como los océanos, bosques y suelos. Esto conlleva eliminar totalmente los combustibles fósiles en los próximos 30 años.
Sin importar lo que hagamos, sin importar cuánto logremos reducir las emisiones estamos atrapados en un ciclo de 30 años de condiciones climáticas en deterioro. El futuro será caluroso, es una certeza absoluta. ¿Cuánto? Eso todavía depende de nosotros.
Para mayores detalles, recomiendo la lectura del reporte del IPCC. Deja una sensación de urgencia que no debería conducir a la desesperanza e inacción, sino todo lo contrario.