blogeditor · 10 de agosto de 2016
Los nuevos datos del Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS) 2015 revivieron un debate ya superado sobre la medición de la pobreza. Es un paso atrás.
Las autoridades de los tres órdenes de gobierno deben superar la obsesión por obtener “logros” basados solo en la modificación de algunos indicadores aislados usados en la medición de la pobreza.
Lo importante es que nuestro país logre acuerdos para contar con una estrategia de Estado que permita erradicar la pobreza, promover la movilidad social y cerrar las brechas de desigualdad en el ejercicio de derechos sociales en las próximas décadas.
La adopción de metas nacionales de la Agenda 2030 de la ONU abre la oportunidad para lograr un acuerdo nacional frente a la pobreza y la desigualdad, con un horizonte de largo plazo, que trasciende periodos de gobierno, permite participación de la sociedad, de los gobiernos locales y el monitoreo de la comunidad internacional.
I. La obsesión por las variables de la medición afecta las políticas.
Pareciera que el objetivo es modificar la medición, sin importar mucho la transformación real de las condiciones de vida de los hogares o el ejercicio efectivo de los derechos sociales.
No hay otra explicación al incidente del INEGI con el MCS en 2015. Y sobretodo a la desmedida campaña publicitaria (“sano, suficiente y variado”) y las acciones directas en campo para repartir “cartillas” o estados de cuenta”. Se busca modificar las respuestas sobre las carencias en la Encuesta 2016 que se inicia en las próximas semanas. Lo que también afecta su comparabilidad.
II. No hay posibilidad de triunfalismo. Los 3.3 millones de hogares con menor ingreso (Decil I) viven con menos de $90 al día, para más de 4 personas ($2,723 al mes).
El 10% de la población concentra la mitad del ingreso y el restante 90% la otra mitad. Poco más de un millón de personas (el 1%) concentra el mismo ingreso que 68 millones de personas (el 60%).
Con cualquier medición, la desigualdad en México es abismal. Impide el ejercicio de derechos para millones de personas. Genera obstáculos a la movilidad social y perpetúa la pobreza.
III. La decisión de INEGI y CONEVAL de no usar los datos del MCS 2015 es la adecuada. Al perder la comparabilidad se pone en riesgo la credibilidad lograda.
La primera tarea urgente del grupo de trabajo INEGI – CONEVAL debe ser vigilar la ENIGH 2016 y su MCS.
La segunda exigencia sería transparentar los ajustes que se pudieran hacer a los datos para hacerlos comparables con las mediciones anteriores.
Este es el momento propicio para debatir cuál debe ser la mejora en la medición de la pobreza después de 2018.
IV. Por una estrategia de Estado frente a la pobreza y la desigualdad
Una nueva política debe centrarse en el cierre de las brechas de desigualdad para el ejercicio de derechos sociales y para generar mejores oportunidades de ingresos.
Cambios de enfoque:
Tres pilares:
Siete Acciones urgentes y prioritarias
Al INEGI se le debe exigir un protocolo para la aplicación de mejoras, así como un espacio de participación más amplia de expertos externos, que vigilen y acompañen sus decisiones.
Conclusión y próximos pasos
Pedimos a la oficina de la Presidencia de la República responsable de la Agenda 2030 de la ONU que convoque para establecer metas nacionales viables y exigentes que permitan erradicar la pobreza en una generación.
Hemos invitado a los doce nuevos gobernadores electos el 5 de junio, a adoptar las medidas de cambio aquí presentadas. Les pedimos hagan compromisos específicos y medibles con la participación de las organizaciones civiles de su entidad. Los gobiernos locales tienen una gran responsabilidad frente a la pobreza y la desigualdad por la que debemos exigirles mayor rendición de cuentas.
Núcleo Coordinador de la Acción Ciudadana Frente a la Pobreza
Adalberto Saviñón (Centro Lindavista); Edna Jaime (México Evalúa); Enrique Cárdenas (Centro de Estudios Espinosa Yglesias); Alejandro González (GESOC Gestión Social y Cooperación); José Manuel Domínguez (Centro de Comunicación Cristiana de Bienes); Jorge Villalobos y David Ordaz (CEMEFI); Lucila Servitje, Manuel Gómez, Salvador Domínguez y Benjamín Bravo (IMDOSOC); Pilar Mariscal (Fundación León XIII); Pilar Parás (Fundación Merced); Ricardo Raphael (Centro de Investigación y Docencia Económica – CIDE); Sara San Martín y Luisa Guzmán (Centro de Estudios Ecuménicos) y Griselda Espino Ledesma (Fundación Sertull).
El texto completo se puede consultar aquí.