Universidad Autónoma Metropolitana: ¿Casa Abierta?

blogeditor · 28 de febrero de 2020

Universidad Autónoma Metropolitana: ¿Casa Abierta?

El doctor Édur Velasco Arregui es un distinguido académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) que emprendió una huelga de hambre desde el 5 de febrero anterior, en pro de la democratización de nuestra Casa de Estudios. La huelga inició en la sede del Poder Legislativo en San Lázaro y se trasladó posteriormente a las instalaciones de la UAM Azcapotzalco, unidad de adscripción del doctor Velasco. Las demandas que se orientan a la democratización de la institución son cuatro:

  1. Dar cumplimiento a los acuerdos pactados en 2019 con el SITUAM en el sentido de elevar salarios para grupos escalafonarios de personal administrativo y académico.
  2. Finalizar las prácticas discriminatorias en contra del numeroso grupo de trabajadores académicos temporales (como los contratos por menos de un año).
  3. Reducir los altos salarios de muchos funcionarios de la UAM al tiempo de transparentar el gasto de la institución.
  4. Establecer un compromiso para la realización de un Congreso Universitario, con participación de trabajadores y alumnos, para discutir la actualización de la estructura institucional.

Los tres primeros puntos han sido parte del pliego petitorio del SITUAM desde años atrás. “Debemos instalar la democracia en la UAM”, termina el documento.

El profesor Édur es doctor en Economía por la Universidad Nacional y completó más tarde la licenciatura en Derecho, en la misma universidad hermana, sin tener la más mínima obligación de hacerlo, como no fuera profundizar en el aspecto jurídico e histórico de las relaciones laborales en México. Velasco Arregui forma parte del Sistema Nacional de Investigadores desde hace muchos años y ha publicado varios libros importantes en su área de investigación, entre ellos el de Fenomenología jurídica de las reformas estructurales en México, en el 2016, donde desmenuza en más de 400 páginas los orígenes e intenciones de la Reforma laboral calderonista del 2012, orientada a flexibilizar el despido. Su libro utiliza abundantes fuentes primarias y una fina combinación de sus habilidades como economista y las adquiridas como abogado laboral.

Velasco Arregui goza de un ingreso salarial suficiente como para disfrutar una vida cómoda dentro de la clase media urbana en la Ciudad de México. Nada en su situación personal, pues, parecería justificar una lucha extrema por mejorar su situación laboral o social. ¿Por qué entonces una huelga de hambre? De alguna manera la respuesta la ofrecen unas líneas escritas en la presentación de la obra citada:

“En síntesis, el centro de mi vida ha sido construir la unidad de hacer el saber, la ciencia, con el saber el hacer, la tecnología viva acumulada en el alma de los productores directos, ya sean ingenieros u obreros, tecnólogos o trabajadoras”.

Simplificando acaso esta declaración, podemos decir que Velasco Arregui es un hombre de pensamiento y también, en alta medida, un hombre de acción. Es por ello que en paralelo con su trayectoria académica cuenta con otra, de protesta, en favor de causas democráticas y socialistas. Desde su adolescencia, como estudiante de bachillerato en Veracruz, donde lo encontró el movimiento estudiantil de 1968, hasta la lucha sindical de los años setenta (ofensiva), y ochenta y noventa (defensiva), cuando ocupó la Secretaría General del SITUAM, entre 1994 y 1996. Más recientemente, en octubre del 2011, emprendió una huelga de hambre frente de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) en la Avenida Reforma, que sostuvo por 43 días. La BMV representa un símbolo de la concentración del poder económico en México, y uno de sus efectos: el declive de la educación universitaria y pública en el país. Velasco Arregui sólo levantó dicha huelga de hambre cuando el poder legislativo concedió 170 millones de pesos adicionales al presupuesto de la UAM.

Así, Édur, mi amigo, ha dedicado su vida al estudio y a la lucha desde abajo, con un concepto internacionalista de la misma, ya que ha buscado alianzas y atendido discusiones con organizaciones populares, sindicatos y partidos de distintos países, desde sindicalistas metalúrgicos de Canadá, los Estados Unidos y Brasil, hasta campesinos zapatistas mexicanos u organizaciones de trabajadores de Venezuela, Bolivia o España. Ha compartido algunas victorias y muchos retrocesos, pero Édur nunca ha renunciado a luchar. En una entrevista concedida durante la huelga del 2011, realizó una reflexión acerca del envejecimiento de la planta académica de nuestra UAM asociada a las presiones laborales y la dificultad de optar por una jubilación suficiente, lo que se expresaban en la aparición de enfermedades ligadas a la edad avanzada y al estrés de la política de evaluación del trabajo académico. Señaló entonces que, en lugar de morir por efecto de algún ataque cardiaco, una deficiencia hepática o vascular, él lo que deseaba era morir luchando. A nueve años de aquella declaración, piensa y actúa del mismo modo.

Édur es, no cabe duda, un rebelde, pero no se trata de un rebelde espontáneo que resista a alguna arbitrariedad particular del sistema, al estilo del “arte de la resistencia” que analiza James Scott (tipo de resistencia pasiva que también se presenta dentro de la universidad). Su rebeldía acude a la conciencia como fuente de inspiración, y no protesta sólo para sí, sino como vocero de otros, acaso menos conscientes o atemorizados para ejercer sus propias protestas.

El origen de su actual huelga de hambre se encuentra en la discusión de la revisión del Contrato Colectivo de la universidad en enero pasado. En esta ocasión Édur, como otros, argumentó en contra de la huelga sindical por considerarla extremadamente riesgosa. Se dice que la huelga debe ejercerse solamente como última instancia de acción. Édur, no obstante, manifestó en el propio Comité su voluntad de emprender una huelga de hambre y enarbolar en esencia las mismas demandas del sindicato, echándose sobre los hombros la protesta colectiva. Este acto, decidido a contracorriente de la opinión de varios representantes sindicales, tiene claramente un sesgo voluntarista: el recurso al sacrificio personal extremo, que pone en riesgo la vida. Ello debe pesar para una solución inmediata, tanto para preservar la vida de Édur, como para demostrar la capacidad de negociación de las autoridades, sin dar ocasión a cuestionar la autonomía de la universidad.

Detengámonos en uno solo de los puntos exigidos: la regularización de los profesores temporales. Su solución es decisiva para hablar de una institución respetuosa de la democracia. Este segmento de profesores, tendencialmente más joven, es muy importante para la docencia de la UAM, y sus contratos se realizan por trimestre y se interrumpen para no generar derechos, como el de antigüedad, además de recibir salarios extremadamente bajos para la calidad de la docencia que se les exige. Todas las demandas son atendibles en el contexto del nuevo gobierno, y favorables para una convivencia sana al interior de la Casa, para que esta se sienta en verdad propia, y no una en que las distancias entre grupos salariales por ocupación se asemejen a las relaciones entre empleados y patrones. La necesaria diferenciación salarial debe corresponder solamente a la antigüedad en el trabajo y los diferentes grados de calificación.

Una de las características de la introducción a las universidades públicas de los valores del llamado neoliberalismo es el enfatizar la distancia social (expresada en el ingreso) como criterio de distinción, autoridad y poder. Los “privilegios virreinales” a los que alude un primer manifiesto de la huelga de hambre. Una comunidad es tanto menos solidaria cuanto más crece la brecha entre los ingresos de sus trabajadores. Se requiere de un nuevo pacto social al interior de la UAM (y en muchas más con prácticas semejantes). Es tiempo de abrir en verdad la Casa a todos sus inquilinos con sus diferentes tareas y jerarquías, en sus distintas habitaciones, y no la noción de vivir unos arriba y otros debajo de las escaleras.

* Marcos Aguila es profesor de la UAM Xochimilco.