Jorge Avila · 22 de abril de 2026
Por Alejandro Ochoa Figueroa
Cuando hablamos de la crisis del agua en México, la conversación suele centrarse en la escasez: presas vacías, sequías prolongadas, ciudades con cortes en el suministro. Sin embargo, hay una dimensión fundamental que rara vez ocupa el espacio público: el agua que no vemos, la que sostiene a los ecosistemas y permite que el ciclo hidrológico siga funcionando.
Esa agua (la que fluye en los ríos, recarga los acuíferos, mantiene humedales y bosques) no es un excedente, es la base sobre la cual existe toda el agua que sí usamos.
Durante décadas, la política hídrica ha operado bajo una premisa implícita: el agua es un recurso disponible para ser asignado entre distintos usuarios (agrícolas, urbanos, industriales) y el objetivo principal es optimizar su distribución.
El problema es que este enfoque parte de una omisión crítica: los ecosistemas no han sido reconocidos plenamente como usuarios del agua.
Esto se traduce en ríos con flujos reducidos o intermitentes, acuíferos sobreexplotados y humedales degradados. No se trata únicamente de un problema ambiental, es una falla estructural del sistema de gestión. Al extraer agua sin garantizar primero el funcionamiento ecológico de las cuencas, estamos comprometiendo la capacidad misma del territorio para seguir produciendo agua.
En este sentido, el concepto de caudal ecológico busca corregir esa omisión. El cual, se refiere a la cantidad, calidad y temporalidad de agua que debe mantenerse en un río o sistema acuático para preservar sus funciones ecológicas.
En términos simples: sin caudales ecológicos, no hay seguridad hídrica posible.
Por ello, reconocer los caudales ecológicos implica aceptar una realidad incómoda: el agua es finita y su asignación conlleva decisiones.
Cabe explicar que el funcionamiento ecológico de las cuencas son los procesos naturales interconectados que ocurren dentro de un área territorial definida, donde el agua, el suelo, la flora, la fauna y los humanos interactúan para captar, almacenar, filtrar y distribuir el agua, además de reciclar nutrientes y sostener la biodiversidad.
En un contexto de alta presión sobre el recurso, garantizar agua para los ecosistemas puede percibirse como una restricción para otros usos. Aparecen entonces tensiones inevitables: agricultura, industria, crecimiento urbano. Pero posponer esta discusión no la elimina, la agrava.
Un río que deja de fluir pierde su capacidad de recarga, biodiversidad y función reguladora. A mediano plazo, eso se traduce en menor disponibilidad de agua, mayor vulnerabilidad ante sequías e inundaciones y costos crecientes para todos los sectores.
La pregunta no es si podemos darnos el “lujo” de asignar agua a la naturaleza, sino si podemos permitirnos no hacerlo.
Afortunadamente, México no parte de cero. Existen avances importantes en materia de Reservas de Agua y metodologías para determinar caudales ecológicos, que se han impulsado desde varias instituciones como CONAGUA, SEMARNAT, FGRA, WWF México, entre otras. Sin embargo, estos esfuerzos deben continuar siendo integrados en la toma de decisiones.
El desafío es pasar del reconocimiento técnico a la implementación sistemática. Esto implica al menos tres acciones clave:
Durante décadas hemos invertido en infraestructura gris (presas, acueductos, plantas de tratamiento), pero hemos subinvertido en la infraestructura que hace posible el agua: los ecosistemas.
No se trata únicamente de gestionar un recurso, sino de sostener un sistema. Incorporar los caudales ecológicos en la política hídrica no es una agenda ambientalista en sentido estricto, es una condición mínima para que cualquier estrategia de seguridad hídrica sea viable a largo plazo.
Porque el agua que no vemos (la que dejamos correr, infiltrar, sostener vida) es, en última instancia, la que garantiza que el agua que sí vemos siga existiendo.
En este contexto, el trabajo de WWF México durante 30 años ha contribuido a colocar este enfoque en la agenda pública, impulsando reservas de agua, caudales ecológicos y soluciones basadas en la naturaleza.
Hoy, en el marco del Día de la Tierra, reconocer que la seguridad hídrica depende de ecosistemas funcionales no es sólo una conmemoración, sino una ruta imprescindible hacia el futuro.
*Dr. Alejandro Ochoa Figueroa es director del Programa Agua en WWF México