blogeditor · 13 de diciembre de 2013
Unión
Juan García Ponce
Editorial Joaquín Mortiz
México, 1974
pp. 113
Después de terminar la lectura de esta pequeña novela, leí dos interesantes y sugerentes reseñas de la misma. Una de mi amigo José Antonio Lugo y la otra de Ellis Miranda García. En esta obra de García Ponce la mirada juega un papel central. Nicole, la pareja de José, se ve y se gusta, se goza de sí misma, pero también goza que la miren los otros. Goza que la mire José desnuda que la dibuja, pero también goza José al mirarla para dibujarla. El abandono de sí, el dejarse ir más allá de cualquier convencionalismo social, es otro de los temas de la novela. Nicole hace al amor con José, pero también con Jean, un amigo francés de los dos, y también con el amigo del amigo.
[contextly_sidebar id=”817c35901325f006bc38185c19288d48″]Nicole en ese abandono y el vacío que le sigue encuentra que ella está realmente enamorada de José. Es a él a quien pertenece en independencia de si hizo el amor con éste o aquél. Lugo dice: “Nuevamente vemos el esfuerzo de García Ponce por describir la naturaleza profunda de la entrega amorosa. ¿Se es de alguien por acostarse con él, o con ella? Y en ocasiones, como lo afirma Unión, es precisamente la entrega a otro lo que provoca la conciencia de ese amor como una unión más profunda que trasciende la posesión física. Esta idea, en la que de alguna manera se unen las líneas narrativas de Klossowski, con su necesidad de un tercero que haga vigentes “las leyes de la hospitalidad”, y de Robert Musil, con su búsqueda de una noción mística, que vaya más allá del erotismo pero lo incluya, será una constante en las siguientes novelas de García Ponce”.
Nicole, que estudia Letras Clásicas en la Universidad, descubre a partir de sus experiencias la existencia de su mundo interior, de su intimidad, que sólo pertenece a ella. En ese que es sólo su mundo busca la unión, pero como dice Miranda García “pero aún no sabe con quién, ni en dónde se realiza esa unión”. Ella, con todo, está en la búsqueda de ese amor, de esa unión, que resulta única e inequívoca. Ella al fin la encuentra a través de la existencia de un tercero. La certeza de que es a José a quien ama y con el que puede estar unido se lo ofrece siempre la posibilidad de un tercero.
La transgresión de la moral y las costumbres existentes es otro de los temas de la novela. El goce del cuerpo y del placer sexual son posibilidades que deben vivirse a plenitud y sin ningún condicionamiento. En 1974 al ser entrevistado sobre esta obra García Ponce dijo: “Pienso que Unión sólo puede descansar en la capacidad de seducción de ese personaje, que tiene que conducir al lector en su movimiento, llevarlo a través de su movimiento, de tal manera que sus acciones -que continuamente lo sobrepasan- permitan encontrar un sentido que está más allá de él”. Y más adelante agrega: “Entonces, el lector necesariamente tiene que estar seducido, tiene que haber caído hasta tal extremo bajo su extremo bajo su encanto, que eso le permita justificar una serie de acciones que transgreden por completo todos los conceptos morales y sociales sobre los que se levantan las normas que rigen nuestra vida”.
En 2014 se cumplen 40 años de la publicación de esta obra de García Ponce, que es de un fino contenido sensual y erótico. En un primer momento parece que el personaje central es Nicole que derrocha belleza y espontaneidad, pero en mi lectura ese personaje es la posibilidad de la unión en la pareja. La novela propone que ésta es posible sólo en la seducción permanente y en el caso de Nicole resulta condición la presencia de un tercero. La escritura es elegante y cadenciosa.
———-
Juan García Ponce, nació en Mérida, Yucatán, el 22 de septiembre de 1932 y murió en la Ciudad de México el 27 de diciembre de 2003. Hijo de migrante español. Estudió Filosofía y Letras de la UNAM. Entre 1957 y 1958, fue becario del Centro Mexicano de Escritores, y también de la Fundación Rockefeller en 1960-1961. Durante diez años (1957-1967) fue secretario de redacción en la Revista de la Universidad de México. Colaboró en las principales publicaciones culturales del país entre ellas la Revista Mexicana de Literatura (1963-1965), Plural (1973-1976) y Vuelta, ambas fundadas por Octavio Paz. Fundó y dirigió la revista Diagonales. Recibió entre otros reconocimientos el Premio Teatral Ciudad de México (1956), el Premio Elías Souraski (1974) y el Premio Anagrama de Ensayo (1980). En julio de 2001 recibió el Premio Juan Rulfo.