blogeditor · 24 de diciembre de 2015
Los barómetros internacionales
Una vez que se ha despejado el camino para abordar el elemento esencial que debería guiar toda educación superior, la calidad, comencemos por desvelar los criterios utilizados internacionalmente para clasificar a una u otra institución.
¿Cómo se logra el mismo fin, proviniendo de diferentes formas de organización?
La respuesta que parecería obvia en la mayoría de los países desarrollados y emergentes, en México resulta una herejía: recurriendo a la técnica del mercado.
Es en el mercado de la oferta y la demanda, como principalmente la sociedad se provee de sus necesidades sean estas de naturaleza material e intelectual.
Esto incluye tanto en las llamadas ciencias exactas, como en las ciencias sociales, que en unas u otras haya mayor o menor demanda no las exime de incluir criterios tangibles de evaluación por parte de sus empleadores (gobierno, empresa privada y sector social).
Por supuesto, que el mercado per se no resuelve toda la problemática del desempleo, para ello se debe contar con un Estado interventor que implemente políticas públicas subsidiarias, complementarias, que disminuyan los efectos rapaces de una economía sin regulación; no obstante, prescindir de indicadores de calidad que permite la oferta y la demanda, distorsiona la información requerida en una asignación eficiente de los recursos dentro de una sociedad.
Otro factor, que juega a favor de la calidad, y que va de la mano de la oferta y la demanda es la existencia de competencia, para el asunto de la educación superior implica que haya un abanico de posibilidades donde se imparta formación universitaria y en consecuencia igual variedad de productos generados, donde exista la libertad de elegir.
Debemos decir que los criterios internacionales que se utilizan para clasificar y valorar a las universidades e instituciones de educación superior, sean públicas o privadas, por ser tema por demás complejo y controvertible (etiquetar en mejor o peor a una universidad o institución educativa superior), las instituciones internacionales como la UNESCO, OCDE, etc. rehúsan –por razones diplomáticas- hacerlo, siendo los rankings más importantes de procedencia empresarial o ligados a consultoras internacionales de prestigio.
Actualmente existen tres: Academic Ranking of World Universities (ARWU), Times Higher Education (THE) World University Rankings y Quacquarelli Symonds (QS) World University Rankings.
I. El Ranking Académico de las Universidades del Mundo (Academic Ranking of World Universities) con sus siglas en inglés ARWU, también conocido como el Ranking de Shanghái, fue el primer ejercicio de medición de instituciones de educación superior de todo el mundo. Lo que en un principio se trató de una actividad de una dependencia del gobierno chino, el Centro de las Universidades de Clase Mundial de la Escuela Superior de Educación de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, cuyo objetivo era “conocer el posicionamiento de las universidades de educación superior en China en comparación con las universidades de clase mundial”, se convirtió -desde su aparición en 2003- en un referente internacional debido al reconocimiento de su metodología e indicadores utilizados.
En aras de conservar su prestigio y alcanzar total independencia de cualquier universidad u oficina gubernamental, desde 2009 se publica por la Consultoría Ranking de Shanghái (Shanghai Ranking Consultancy).
El Ranking de Shanghái utiliza seis indicadores no exentos de polémica, pues asigna para cada universidad 10% y 20% de la calificación el haber obtenido sus alumnos y profesores respectivamente medallas Fields y premios Nobel, reduciendo en 10% dicha valoración por cada periodo de 10 años hacia atrás en que fue otorgado el premio.
Haciendo esa salvedad, 60% de la puntuación para cada universidad se otorga en función de la calidad, medible a través del número de citaciones de sus investigadores en diversas disciplinas (20%), artículos publicados en las revistas científicas Nature y Science en los últimos cinco años (20%), números de documentos (artículos y libros científicos) incluidos en los índices Science Citation Index – Expanded y Social Science Citation Index de cada año (20%).
A esto hay que agregar 10% para la productividad (per cápita) de la universidad, derivación de sumar los cinco indicadores y dividiéndolos entre el número de profesores de tiempo completo (rendimiento) y el resultado es la valoración total a cada universidad, es decir, el 70% de la puntuación para cada universidad procede de la demanda que se tiene de su producción.
Bajo esos criterios, se analizan cada año1200 universidades en el mundo y se publican en el ranking las 500 mejor posicionadas. En los primeros 100 lugares, las posiciones se muestran individualmente (1, 2, 3… 100), después hasta al 200 se clasifican las instituciones educativas en dos bloques de 50, luego del 200 al 500 (salvo el primero de 2003 que continuó con los bloques de 50), se catalogan en bloques de 100.
II. Los otros dos ranking internacionales, formaron uno solo entre 2004 a 2009 por las empresas inglesas Times Higher Education- Quacquarelli Symonds World University Rankings, pero a partir de 2010 emiten cada uno su propia clasificación.
El Times Higher Education (THE) World University Rankings hasta 2009 utilizó seis indicadores ponderados: 1) Reputación académica basado en encuesta mundial con académicos preguntándoles cuál era la mejor universidad en su propio campo, no pudiendo votar por su propia universidad (valor 40%). 2) Reputación del empleador, considerando por encuesta mundial, las universidades con los mejores egresados de acuerdo a la demanda del mercado (valor 10%). 3) Relación de alumnos por docente, promedio de la cantidad de profesores de tiempo completo y medio tiempo en relación con el número de alumnos (valor 20%). 4) Citas por profesores, refiere al impacto de la investigación en el número de veces que es citado un autor en otras investigaciones del mismo campo o área de conocimiento, para ello se utiliza la base de datos mundial Scopus de Elsevier desde 2007 (antes Thomson Reuters Web of Science), que contiene el mayor número de resúmenes de investigación y citaciones (valor 20%). 5) Relación de académicos internacionales en cada área de conocimiento de la universidad (valor 5%). 6) Relación de estudiantes internacionales en cada área de conocimiento de la universidad (valor 5%).
El resultado de los indicadores para este ranking, se tomaban de los datos arrojados en los últimos 5 años.
A partir de 2010, Times Higher Education (THE) World University Rankings introduce modificaciones sustantivas en sus indicadores por lo que desaconseja hacer comparaciones con sus anteriores rankings.
Ahora se trata de 13 indicadores agrupados en cinco áreas, con valor ponderado:
Enseñanza (el ambiente en el aprendizaje, valor total 30%). Dividido entre la encuesta mundial de reputación (15%), la relación de personal académico de tiempo completo y medio tiempo con el número de estudiantes (4.5%), número de estudiantes estudiando un doctorado (2.25%) y porcentaje de académicos con doctorado (6%). Infraestructura e instalaciones, así como recursos financieros para su mantenimiento (2.25%).
Investigación (volumen, los ingresos y la reputación, valor total 30%). Que se divide entre la encuesta mundial anual de reputación entre pares, 18%, financiamiento para la investigación (6%) y productividad de investigación (6%) a partir del número de artículos publicados en las revistas académicas incluidas en la base de datos Scopus de Elsevier.
Numero de citaciones (influencia de investigación, valor total 30%). Basado en número de repeticiones en que es citado un trabajo publicado a nivel internacional en cada área del conocimiento en los últimos cinco años en Scopus de Elsevier, en los últimos años se ha tratado de reducir el impacto desproporcionado (80%) de las citas de publicaciones solo en inglés.
Internacionalización de la universidad (valor total 7.5%). Dividido entre la relación de estudiantes internacionales (2.5%), personal académico internacional (2,5%) y participación de investigaciones internacionales en publicaciones de la universidad (2.5%)
El ingreso proveniente de la financiación de la industria (transferencia de conocimientos, valor 2.5%): Medido por la cantidad de ingresos provenientes de la industria para financiar la investigación.
Como se podrá observar, el puntaje mayormente que asigna es a partir de criterios de calidad que hacen otros académicos sobre la que consideran la mejor universidad en enseñanza en cada carrera y su prestigio en la investigación, como del número de publicaciones especializadas, las mayores citaciones de artículos de investigación y la transferencia de conocimiento a la industria mediante contratos (antes consistía en pedir la opinión de los empleadores). Solo por estos rubros se obtiene poco más del 70% de la valoración (71.5%).
Su índice de clasificación hasta 2010-11, incluyó solo las 200 universidades con mejor puntuación, presentando sus posiciones individualmente (1, 2, 3… 200). De los siguientes rankings 2011-12, 2012-13, 2013-14 y 2014-15, se amplió hasta 400 su lista de clasificación, utilizando la posición individual para las mejores 200 universidades, en bloques de 25 aquellas con igual calificación hasta el 300 y del 301 al 400 en dos bloques de 50 cada uno.
Para el ranking 2015-16 llegó hasta la clasificación de 800 universidades, siguiendo el mismo criterio de clasificación, pero del 400 al 600 en bloques de 100 universidades con igual puntuación, del 601 al 800 en un solo bloque.
III. Quacquarelli Symonds (QS) World University Rankings, al igual que el THE reivindica para sí los ranking elaborados conjuntamente hasta 2009, aunque por motivos de la autoría de los derechos, estos ya no aparecen en ninguna de sus respectivas páginas web. Precisamente, en las razones poco claras que derivaron en su separación, se puede encontrar la explicación por la cual ambas empresas siguen utilizando las palabras World University Rankings, solo distinguibles por la antelación del nombre de la consultora THE o QS; aunque el nombre de la dirección electrónica de QS, como el título de su web ya aparece Top universities, augurando que se irá imponiendo en los próximos años esta denominación para identificar a su propio ranking.
La QS World University Rankings –a diferencia del ranking de Shanghái- tiene el objetivo de servir como herramienta de ayuda a los estudiantes para “hacer comparaciones informadas de las principales universidades de todo el mundo” a la hora de elegir una opción.
Como hemos señalado hasta 2009 elaboró conjuntamente con el THE seis indicadores de medición con valor ponderado en cuatro rubros: investigación, enseñanza, empleabilidad e internacionalización, mismos que sigue utilizando hasta la actualidad: 1) Reputación académica (40%). 2) Reputación ante el empleador (10%). 3) Relación de alumnos por docente (20%). 4) Citas por profesores en la base de datos Scopus de Elsevierdesde 2007 (antes Thomson Reuters Web of Science) (20%). 5) Relación de académicos internacionales (5%). 6) Relación de estudiantes internacionales (5%). Indicadores derivados de los últimos cinco años.
No obstante, en el último ranking 2015 se ha introducido correcciones en el rubro de citaciones con objeto de equilibrar ponderadamente las cinco áreas del conocimiento Ciencias y Medicina, Ciencias Naturales, Ingeniería y Tecnología, Ciencias Sociales y las Artes y Humanidades; evitando que las dos últimas (con solo el 6.8%) del total de citas en Scopus, serán subvaloradas y repercuta en la calificación de cada universidad.
De igual forma se busca sumar a esa base de datos, ciertos temas y disciplinas con gran desarrollo internacional que no necesariamente tienen como patrón de búsqueda el idioma inglés.
Solamente entre las dos encuestas entre académicos y empleadores, sobre la calidad de las universidades suman la mitad del puntaje, más el número de citas de investigadores de cada universidad suman el 70%.
Desde 2004 ya calificaba más de 800 instituciones de educación superior, y una vez independizada de THE, QS World University Rankings ha continuado con esa dinámica, para 2012 la clasificación por posicionamiento individual (1, 2, 3…) incluía hasta la mitad de las universidades valoradas (400), del 400 al 600, clasificaciones por bloques de 50, y del 601 en adelante, en un solo bloque.
De 2013 al último 2015, sigue sin modificarse la pauta en la posición individual utilizada hasta el número 400, para luego del 401 al 500 clasificar las universidades por bloques de 10, del 501 al 700 en bloques de 50 y en un bloque del 701 en adelante.
Antes de dar paso a una reflexión general sobre los tres rankings internacionales de educación superior y los lugares que ocupa en ellos la UNAM, vale decir que es un error por parte de muchos medios informativos en nuestro país que de vez en cuando, ponen al mismo nivel de aquellos, el llamado “Ranking Mundial de Universidades en la Web” a cargo del Laboratorio de Cibermetría, de la agencia oficial española Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Como su nombre lo indica se trata exclusivamente de un análisis de la accesibilidad, de lo “amigable”, del fácil manejo que resulta para el público usuario la página oficial de cada universidad, de un total de 500. En este barómetro de las webs, a la principal página de la UNAM se le ha clasificó en su primera edición en el lugar 44 (2009) con gran resonancia en algunos medios nacionales, para pasar a los lugares 58 (2010), 66 (2011), 41 (2012), 36 (2013) y en su última edición en el 67 (2014).
Es así, que luego de esta aclaración y haciendo un estudio comparativo de los últimos rankings elaborados por Shanghái, THE y QS en 2015, entre los primeros 34 lugares de los tres, coinciden 20 de las más importantes universidades del mundo (el Instituto Tecnológico de Massachusetts, la Universidad de Stanford, la Universidad de Cambridge y la Universidad de Harvard entre los primeros seis lugares de los rankings).
En los primeros 20 lugares del ranking de Shanghái se encuentran las 17 universidades mejor posicionadas de acuerdo al ranking THE.
Para el caso que a todos nos preocupa, el lugar de la UNAM, en el ranking de Shanghái la ubicó en sus diez primeros ejercicios (2003-2013) en el bloque de las posiciones 151-200 donde no se especifica con exactitud un lugar determinado.
Para los rankings 2014 y 2015, lejos de aspirar a ser incluida entre los 100 primeros lugares que sí están individualizados, retrocedió hasta el bloque de 201-300.
Cuando las consultoras inglesas THE y QS elaboraban conjuntamente un ranking, a la UNAM la ubicaron en el lugar 195 (2004), 95 (2005), 74 (2006), 192 (2007), 150 (2008) y 190 (2009).
Luego THE publica en solitario en 2010-11 su ranking con solo 200 universidades donde ya no figuró la UNAM, para el siguiente (2011-12) volvió a quedar fuera a pesar de que amplió su ranking hasta 400 lugares.
Para 2012-13 por fin volvió a aparecer aunque fuera en el último bloque de 350-400, sin especificar un lugar individual.
En los dos siguientes rankings (2013-14 y 2014-15) queda fuera de un total de 400. Para el más reciente 2015-16, luego de ampliarse hasta 800 el total de universidades calificadas, aparece en el bloque de 401-500.
Para el ranking QS, la UNAM fue ubicada en 2011-12 en el lugar 169, en 2012-13 en el 146, en 2013-14 en el 163, en 2014-15 en el 175 y finalmente en 2015-16 en el 160.
No faltará quien le reste seriedad a los rankings argumentando la supuesta inestabilidad de los lugares asignados a la UNAM desde 2003.
Si se mira con detenimiento, se verá que dicha discrepancia no lo es tanto, pues tomando como base el ranking de Shanghái, durante sus primeros diez rankings a la máxima casa de estudios de nuestro país la mantuvieron en el mismo bloque de 151-200 y fue hasta en los dos últimos que descendió al de 200-300.
Comparándolo con el ranking conjunto THE-OS elaborado en seis ocasiones, en cuatro (2004, 2007, 2008 y 2009) situaron a la UNAM prácticamente en el mismo bloque, con las excepciones de 2005 y 2006 en que la ubicaron en los hasta ahora mejores lugares 95 y 74.
Una vez que QS continúa con la misma metodología después de su separación, se podrá constatar que en sus propios rankings –de 2011 hasta el actual- sigue manteniendo a la UNAM también en ese bloque.
Donde existe el desfase considerable es con el ranking THE que empieza a publicar en solitario sus propios rankings en 2010, donde decide cambiar los criterios y puntajes de evaluación para las universidades.
En conclusión, confrontando los rankings internacionales que aparecieron en la década pasada, las posiciones de la UNAM en ambas consultoras –la china Shanghái y la inglesa QS– coincidieron prácticamente hasta 2013 salvo los años 2005 y 2006.
Es decir, independientemente de los objetivos que hayan motivado el surgimiento de estas clasificaciones internacionales, la utilización de indicadores cuantificables y verificables, pueden hacerlos coincidir en sus resultados, amén de validar sus métodos científicos, tomando en cuenta el diferente universo que manejan en sus análisis (1200, 800 y 800 universidades respectivamente).
El denominador común es el papel que desempeñan en los rankings la oferta y la demanda de sus productos, mismos que se miden a través de las encuestas de opinión que tienen sus pares y de los empleadores de la enseñanza y la investigación.
De igual manera, el número de veces que se cita un investigador o un trabajo de investigación (como el número de investigaciones publicadas) tiene como telón de fondo la utilidad e innovación que tienen para cada disciplina o área de conocimiento, y por supuesto su impacto en la industria medido por la opinión de los empleadores o por el volumen de pagos de servicios tecnológicos.
Afirmar que la técnica del mercado “mercantiliza” la ciencia y el conocimiento al mejor postor es evadir responsabilidades y resultados que son indispensables en toda empresa e institución, en toda universidad sea privada o pública, independientemente de los fines que se quieran alcanzar aparte de la calidad, sean la ganancia o la justicia social.
Habrá casos en la educación, que la intervención del Estado resulta indispensable para garantizar la sobrevivencia de actividades (artes, poesía, literatura) que no siempre resultan financieramente autosuficientes, pero eso no significa en modo alguno, que se prescinda en todas ellas de criterios de evaluación de resultados (estos se obtienen a través de sus publicaciones en revistas de prestigio, de artículos sobresalientes valorados por sus pares y por supuesto por el número de veces que haya sido citado el autor); precisamente los tres ranking internacionales contemplan esto.
Abonando en favor de criterios de calidad que debe tener toda organización (Estado o empresa) para una mejor eficiencia de sus recursos, debe decirse que las mismas instituciones de gobierno utilizan los criterios del mercado como las licitaciones públicas, para optar por las obras que mejor hagan rendir los recursos humanos y materiales de que disponen y permitan ampliar los beneficios sociales que esto conlleva (mayor justicia social).
* Héctor Fernández Pedroza tiene estudios doctorales y maestría en Derecho Constitucional por la Universidad de Sevilla, España, y es profesor de la UNAM ([email protected]).