Una última apelación a la caridad cristiana

blogeditor · 8 de septiembre de 2016

Una última apelación a la caridad cristiana

Por: Javier Berain (@javierberain)

Noto que algunos de ustedes han estado mostrando apoyo al movimiento encarnado en el Frente Nacional por la Familia. Tal vez no alcancen a dimensionar lo que significa apoyar una causa como esta, así que haré un último intento para explicarlo en el lenguaje que ustedes prefieren: el católico.

Yo soy homosexual. Siempre lo he sido. Lo que ya no estoy seguro es si sea católico; a diferencia de unos años ya no soy practicante. La Iglesia (y por Iglesia me refiero a sus personas como se establece en la Primera Carta a los Corintios) me expulsó de entre sus filas porque me obligó a escoger entre estar en comunión con el cuerpo místico de Cristo o amar tal y como Dios me hizo. Ni hablar.

Con lo anterior puedo vivir. Con lo que no puedo vivir es con que me quieran expulsar también del Estado. Podrán repudiarme y faltar constantemente a la caridad cristiana discriminándome como indigno de un sacramento religioso. Allá ustedes y sus conciencias. Lo que no pueden hacer es negarme mis Derechos Humanos que establecen que ustedes y yo somos iguales ante la Ley. El Frente Nacional por la Familia quiere que yo sea un ciudadano de segunda. Quiere que sea objeto de repudio público. Quiere que sea invisible para el Estado. Quiere que el hecho de haber nacido de tal o cual forma determine las oportunidades a las que tenemos acceso todos y todas. Quiere ciudadanos de primera y de segunda.

Si estás de acuerdo con eso, serás tú quien tenga que responder por esa falta de caridad para con tu prójimo en el día final. Si estás de acuerdo con eso voy a defender tu derecho a expresarlo, que no es lo mismo a que tolere tu discurso que raya en el odio. Si estás de acuerdo con eso podremos tener infinidad de intercambios cordiales, pero nunca podré sentir amor filial por ti. Simplemente no lo puedo sentir por alguien que me considera inferior en dignidad humana.

Si quieren seguir con una visión del mundo que discrimina a mujeres y homosexuales al interior de la Iglesia, adelante. Yo ya no los puedo acompañar en el camino de la ruina de la Iglesia.

Si vas a ir a la marcha contra los derechos humanos de personas como yo, adelante. Yo no voy a poner mis derechos a consideración de Zelotas y sepulcros blanqueados.

Si quieres que personas como yo no gocemos de los mismos derechos como tú, adelante. Solo asume que la discrimanación que exertas hacia mí es la causa de que no podamos estar en comunión, no lo podría estar con alguien que no considera que todos los ciudadanos de un país debemos ser tratados igual.

El Catecismo de la Iglesia Católica establece en su número 2358 que se evitará “todo signo de discriminación injusta” contra las personas homosexuales. Si estás de acuerdo en no discriminarme injustamente (aunque sí de forma justa), adelante. Limítate a hacerlo en tus fueros religiosos que en un Estado Laico como lo es México la discriminación (injusta o justa) no tiene cabida.

 

* Javier Berain es internacionalista del Tecnológico de Monterrey y se ha desempeñado en el sector público y de la sociedad civil.