oneflores · 29 de abril de 2011
En “La Ciudad, la Izquierda y la Supervía” (Letras Libres, No. 148) Gabriel Quadri utiliza analogías médicas para describir lo que sucede en el poniente de la Ciudad de México. Su diagnóstico es más o menos este:

Hasta ahí todo bien, su argumento me hizo recordar otros textos del mismo autor, como este. Solo que en este caso, Quadri pasa del diagnóstico a plantear un tratamiento sorprendentemente “indispensable”:
“El proyecto de la llamada Supervía (o Autopista Urbana) puede interpretarse como una indispensable intervención quirúrgica sobre el territorio del Distrito Federal. Es el único recurso aceptable para aliviar una abultada hernia que se estrangula dolorosamente día con día al poniente de la ciudad, en Magdalena Contreras, Álvaro Obregón y Cuajimalpa, cuya población se ha quintuplicado desde 1970. Santa Fe (compartida entre las dos últimas delegaciones) es su tejido neurálgico, que induce como neoplasia urbana un crecimiento explosivo de vivienda media y alta”.
Por supuesto, no me convence. Su tratamiento es un paliativo y no una cura. Alivia el dolor, pero solo de manera efímera. Construir la Supervía es como estirar el vientre alrededor de la hernia, en lugar de intentar contenerla y empujarla hacia adentro. Supongo que habrá algún argumento médico que valide esta opción, pero ¿dónde termina la hernia que estamos dispuestos a tolerar? ¿En la Prepa Ibero de La Marquesa? ¿Y por qué tanto alboroto con la hernia, cuando el corazón de la ciudad sufre de hemorragia?
Bueno. Basta de analogías médicas en el urbanismo, que luego me regaña Lajous… y con razón: ¿Los vecinos de La Malinche son gérmenes que hay que erradicar? ¿Daños colaterales de la quimioterapia?. El caso es que no me gustó nada el texto de Quadri, y escribí una respuesta amplia, intentando abordar y hasta donde es posible cuestionar los puntos planteados a favor de la Supervía.
Pueden encontrarla en el Blog de la Redacción de Nexos, siguiendo esta liga.
Por cierto, Quadri ya respondió.