Una película para hablar de paz

Redacción Animal Político · 22 de septiembre de 2025

Al menos en un par de ocasiones escuché al cineasta Martin Scorsese decir que restaurar una película era igual de importante que filmar un nuevo largometraje.

Nada más exacto que dicha afirmación al mirar la restauración de No dejes que disparen a la cometa (Uçurtmayı Vurmasınlar, 1989), del director turco Tunç Başaran, basada en la novela corta de la escritora Feride Çiçekoğlu, inspirada en sus cuatro años de cárcel tras el golpe de Estado de 1980 en Turquía.

Este largometraje, poderoso desde su sencillez y su poesía, nos cuenta la historia de Barış (Ozan Bilen), precisamente la misma palabra que significa paz en turco, quien vive con su mamá presa en una cárcel de mujeres en Ankara.

En este microespacio conoce a Inci (Nur Sürer), una prisionera política con quien va a construir una amistad profunda y desde cuyos recuerdos conoceremos su historia, en un discontinuo flashback.

El poeta y lingüista Pierre Souyris reflexiona que en la antigüedad el nombre se convertía en destino, como en este niño que es nombrado, por una feliz banalidad, Barış-Paz, siendo portador de compasión en esta prisión donde es imposible mirar las estrellas.

Como afirmaba el cineasta iraní Abbas Kiarostami, estamos ante un cine pobre por fuera, pero inmensamente profundo. Porque el peso de las imágenes se recarga en la sutileza, en las metáforas visuales, en especial la de la cometa, y en la actuación de quien con sus preguntas y sus reacciones intuitivas bendice la pantalla y nuestra mirada:

“¿Puedes ver las estrellas ahora, Inci?”.

“Nosotros solo tenemos los cielos del día. ¿Tu cielo tiene una noche?”.

Estos cuestionamientos evocan el canto de la Nobel poeta polaca Wislawa Szymborska, en su profético poema El ocaso del siglo, para quien “no hay preguntas más apremiantes / que las preguntas ingenuas”.

Barış e Inci construirán un espacio de libertad dentro de esa oscura prisión donde se viven todas las violencias posibles, en especial aquella que es revelada por la pregunta del jefe de la penitenciaría: ¿por qué estás encerrada? —Por pensar— responde una de las prisioneras políticas del régimen.

La condición de Barış nos recuerda, con indignación, la difícil experiencia de vida que sufren más de 300 niños menores de 6 años que viven con sus madres en cárceles de México (INEGI, 2024), un ejemplo más de la oscuridad y la invisibilidad que recorren tantos territorios de la vida pública de nuestro país.

Como reflexiona Inci al inicio de la película, “Si su nombre Barış-Paz cubriera el mundo, él no tendría que haber crecido en un lugar así”, y ningún niño tendría que padecer esta aberración social y jurídica.

No dejes que disparen a la cometa anuncia la época dorada del cine turco, convirtiéndose en referencia para directores como Nuri Bilge Ceylan (Sobre la hierba seca, Sueño de invierno, El peral silvestre) y en especial para Semih Kaplanoğlu, con quien tuve la oportunidad de conversar en la entrega del Premio Ecuménico del Festival de Berlin 2010, por su última entrega de su trilogía inversa: la estupenda Bal (Miel, Turquía), también protagonizada por un niño.

No dejes que disparen a la cometa está disponible en la plataforma MUBI. En algunas zonas está listada con el título de su estreno en inglés: Don’t Let Them Shoot the Kite.