Una niñez mejor

blogeditor · 30 de abril de 2012

Una niñez mejor

Cuando observo a esos niños que ahora llevan sus mochilas con rueditas, no puedo dejar de pensar en la pesada mochila que tantos años lleve a la espalda, no sé como sobreviví sin una contractura en años posteriores y que tal eso de sentarme a comer mi lunch escuchando las aburridas conversaciones de mis compañeras sin tener a la mano mi iPhone para whatssear, stalkear o tuitear, y después llegar a mi casa a jugar play station y hacer ejercicio con mi kinect, no me explico como no caí en depresión…

Y esas vacaciones donde nos reuníamos todos los vecinos para jugar escondidas, policías y ladrones o bote pateado, regresábamos todos llenos de tierra del parque, porque nuestras madres nos habían indicado la hora del regreso y no importaba si era un poco oscuro. No teníamos una de esas motos eléctricas que ahora existen.

Como podría pasar mis días sin todos los programas que tienen las computadoras o sin un McDonalds donde subir y bajar, subir y bajar el mismo tobogán una y otra vez, una y otra vez.

¿Y qué tal la ropa?, me podría poner todo lo que se usa en la tele, vestirme como yo quisiera sin tener que hacerlo con la que me escogía mi mamá, minifaldas y miniblusas a los seis años, o mayas exóticas y tacones con mechones de colores, tal como las Monster High. Y hablando de muñecas, que barbies ni que nada, haría gastar mucho dinero a mis papás para tener toda la colección de muñecas monstruo.

Y que tal las tareas, toda la primaria me la pase con el diccionario consultando la ortografía de los resúmenes que me pedían sobre todo lo que se le ocurría a la profesora, que fácil hubiera sido solo prender la compu y buscar en Wikipedia, copiar y pegar, copiar y pegar, por supuesto que no tendría el criterio propio que ahora poseo y estaría preocupada por otras cosas como en que momento mis padres me comprarán la nueva ipad y la actualización de mi juegos, sobre todo de acabar todos los niveles de Angry Birds Rio y Space antes de que salga la película.

Yo fui niña bien portada así que jamás mis padres utilizaron un cinturón o algunas cachetadas para corregir las inocentes travesuras que alguna vez cometí, el otro día estaba platicando con algunos amigos sobre los castigos corporales que nuestros padres solían aplicarnos, los famosos cuerazos ahora sustituidos por minutos sentados en alguna cómoda silla reflexionando sobre nuestra conducta. Y en la escuela es igual, la violencia infantil antes extendida y tolerada (y que aún prevalece en muchos países) es vigilada por varias instituciones que sancionan a un profesor por una agresión hacia el alumno, incluso psicológica y que se diga de los padres que pueden ser acusados ante alguna autoridad por su propio hijo.

Aunque aún persisten los padres que dan nalgadas a sus hijos, patadas o cinturonazos, zapes y tirones de oreja. Los padres que aún utilizan estas técnicas con sus hijos y de esta manera los están criando para que también ellos sean los perpetradores y las víctimas del maltrato físico con lesiones, exactamente como lo son ellos
Los niños aprenden del ejemplo que les dan los padres que la manera de exteriorizar la frustración, de expresar la desaprobación y de ejercer la autoridad es pegándole a alguien más pequeño y más débil que ellos mismos.

Pero volvamos al tema de mi niñez, ¿Qué tal la alimentación? Ahhh! Que feliz hubiera sido, si mamá, como las de ahora tuviera tantas cosas que hacer que el tiempo solo fuera suficiente como para meter la comida congelada al micro, pensando un poco no existiría esa frase “como la comida de mi mamá, ninguna”, frase que creo que no falta mucho para que desaparezca de nuestro vocabulario.

Y sobre el tiempo, recuerdo que mi mamá me arrullaba con canciones y caricias en mi cabello, que feliz sería si en lugar de eso la televisión lo hubiera hecho, tal como ahora.

Por supuesto que todo esto me hace valorar mi niñez y tratar de que en los aspectos de tiempo, alimentación y cuidado las cosas no cambien…si ya sé, soy una optimista incurable… ¿Dr. me voy a curar?

Retomo el slogan del videoclip que sigue: El trabajo más difícil, es el mejor trabajo del mundo. Y los dejo con él. Deseando que recuerden solo lo mejor que hubo en su niñez para que podamos tener una niñez mejor.