Una mochila nueva

blogeditor · 25 de junio de 2022

Una mochila nueva

Antes de entrar a su nueva escuela, mi hija de entonces cuatro años nos pidió a su mamá y a mí comprarle una nueva mochila. Por supuesto, respondimos con emoción; tiene que ser una increíble, le dije. Y ella con su sonrisa de constelación, nos preguntó si podíamos ir en ese mismo instante. Fuimos hasta el fin de semana.

Recorrimos los pasillos para encontrarlas a todas. Eran muchas de distintos colores, algunas con superhéroes y otras radiantes y melosas. Entre todas las opciones, escogió una rosa con arcoíris y unicornios. En la parte delantera, unas lentejuelas que cambian de colores. Deduje que esa era la mochila increíble. Ella reluciente no dejaba de mirarla.

El día previo al inicio de clases la ayudamos a empacar su mochila y su lunch. Todo muy ordenado y con exceso de peso para una niña de esa edad. Estábamos muy ilusionados y un poco nerviosos. Y es que dejarla el primer día de clases genera una sensación complicada, porque se arremolinan los sentimientos y se hace guango el lagrimal. Es un pequeño salto en que te das cuenta que no controlas nada, por más que insistas en resolver el contexto para ellos.

Hacia la noche, un miedo sutil me subió por la garganta. ¿Y si la molestan por su mochila?, me pregunté en silencio. Me comenzó a aniquilar la idea de que alguien, algún compañero o una chica de primaria, le dijera que su mochila estaba fea. La imaginé decepcionada, triste y desilusionada.

De eso a los problemas verdaderos, hay un brinco enorme. Pero me hizo pensar que el miedo es una emoción que cabalga insistente en la vida de cualquier padre o madre, porque nada tiene agarraderas, o más bien la agarradera eres tú. Yo soy de tres. Y el miedo te convoca con las calenturas que no ceden, las gripas intempestivas, las diarreas que anticipan la deshidratación, el estreñimiento, un descalabro o la infección en vías urinarias. Ahí piensas, sin decirlo en alto, en la muerte. Esperas que no sea nada, pero en la orilla de tu pensamiento nocturno, se asoma una idea vaga que se hace nítida con los segundos. Y temes por su vida.

Asumo que en esta etapa temprana, la inquietud viene por la subsistencia. Tal vez sea el mero instinto de protección y supervivencia. Ya después viene el temor a su seguridad en sí mismos, su personalidad y emociones. Esperas que no sea molestado, lo mismo que no sea el que moleste. Y buscas enseñarle el valor de la compasión y respeto por lo otro.

Luego sientes un miedo indiscreto por ti, por no faltar y hacerte ausente. No importa en esencia tu propia muerte, sino faltar para ellos. Te preocupas por ser y estar a la altura de su vida. Por ser quien debes ser siempre y de forma constante. Te angustia tu presupuesto presente y futuro. Y te preguntas como le harás para pagar las universidades. Falta mucho, te respondes, pero ligero te cuestionas y programas un poco la vida en función de eso, de su porvenir.

Y viene la incertidumbre ante lo desconocido, que es la vida que ignoras. O tal vez no, piensas que lo entiendes todo, aún eres joven. Pero estas cierto que hoy es distinto que ayer y tienes que aprender a desaprender y volver a aprender. Crecerán y serán en el mundo que recién comienzas a ver y te da miedo no entender.

No es un miedo que paralice, pero tus parámetros se modifican de tal manera, que vives al borde de una calle transitada. Vigilante estás, siempre, al semáforo en verde. Y buscas irremediablemente controlar algo, por poco que sea. Pero no, en verdad y en el mejor de los casos, lo único que puedes medianamente controlar es a ti mismo. Tus emociones y tu sentido profundo de ser padre.

Y es que el amor por los hijos es sobrenatural, te embargan la vida. Su alegría es la tuya, lo mismo que su tristeza. Y tu futuro se difumina con el de ellos y se hace uno. Porque ser padre es quizás la experiencia espiritual más intensa y abarcadora. La vida te trasciende y se multiplica la experiencia de ser, en el otro.

Por cierto, mi hija sigue feliz con su mochila.

* Gonzalo Sánchez de Tagle(@gstagle) es abogado por la Ibero, Maestro en Derecho por la Universidad de Georgetown e historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México. Co-locutor del Podcast #DerechoRemix. Autor de los libros Historias de una ceiba azul, Tu sombra en el espejo, La Constitución Política de la Ciudad de México, federalismo e instituciones, Belisario Domínguez, Ciudadano Revolucionario y, en coautoría, La Reforma Constitucional de Telecomunicaciones, el Modelo del Estado regulador en México.