blogeditor · 30 de julio de 2021
Se ha discutido ya que la naturaleza estructural del racismo mexicano implica que no todo blanco-mestizo es culpable, pero sí beneficiario de esa injusticia. Se argumentó que es importante ofrecer una alternativa a estas personas, no sólo porque podría ser contraproducente no hacerlo, sino porque podrían ser aliadas invaluables en la lucha antirracista en México. Esta serie de artículos ha propuesto algunas maneras de desahogar las responsabilidades personales y políticas que representa beneficiarse de la injusticia estructural: compensar, colectivizar y socializar. Sin embargo, una pregunta importante sigue sin responderse. Incluso si éste no hace nada para recibir su privilegio, ¿por qué querría un blanco-mestizo renunciar a él? En una sociedad capitalista, individualista y “racional”, ¿necesitamos héroes blanco-mestizos? ¿Dependen los esfuerzos antirracistas de que los mexicanos de tez blanca tengan la bondad y la caridad para contribuir al bien común? No lo creo.
Académicos han explicado que el privilegio de la “blancura” en México es contextual (Moreno Figueroa, 2010). Es decir, los beneficios de ser “blanco” no son fijos, sino que varían de acuerdo a las circunstancias dependiendo de dónde, cuándo y con quién estés. En otras palabras, no para todos (ni todo el tiempo) el ser blanco mestizo es un privilegio. Sé que estas declaraciones podrían ser controversiales. Quizá ayude una comparación con otros sistemas de opresión, como el sistema de género.
Algunas feministas, como Ti-Grace Atkinson (1974) y Marilyn Frye (1983), pensaban que el hombre era el enemigo de la mujer, y que excluirlo era la única vía para la liberación femenina. Otras pensaban que este racionamiento perdía de vista la manera en que algunos hombres también eran oprimidos por el sistema de género. Académicas como bell hooks (2000), argumentaron que el problema era el patriarcado, no los hombres, y que era importante ofrecer a los hombres masculinidades “alternativas” y dejarlos unirse a la lucha contra el sistema de género (hooks, 1984, p. 67).
Más adelante estudios comprobaron que, en algunas áreas, el sistema de género afecta más a los hombres que a las mujeres. Por ejemplo, King (2020) argumentó que ciertas expresiones y expectativas de “masculinidad” podrían explicar que la tasa de suicidio en adolescentes sea más alta entre hombres que entre mujeres. Incluso Betty Friedan escribió, en el prólogo de la edición del décimo aniversario de su The Femenine Mystique, “¿No están los hombres, al igual que las mujeres, atrapados en soledad y alienación, sin importar a cuantas acrobacias sexuales sujeten a sus cuerpos? ¿No están los hombres muriendo demasiado jóvenes, suprimiendo sus miedos, lágrimas y sensibilidad? Me parece que los hombres no eran el enemigo realmente, sino víctimas junto con nosotras, sufriendo una ‘mística masculina’ anticuada que los hacía sentir innecesariamente inadecuados cuando no había osos para matar” (citada en Kimmel, 2013, p. 104).
¿Hay algo en este debate que sea equiparable al racismo mexicano? Tal vez sí. El sufrimiento de unos no tiene que ser igual o mayor al de otros para ser real. Por ejemplo, estudios comprueban que, estadísticamente, ser de piel blanca en México implica privilegios (Solís, et. al., 2019), pero todos sabemos también que precisamente por ese privilegio, piel blanca se asocia con riqueza, y esto hace que los mexicanos de tez blanca experimenten ciertas desventajas: desde pagar precios “inflados” en el tianguis hasta sentirse más vulnerables a ciertos delitos. Sería interesante realizar estudios que comprueben o refuten si es más probable que los mexicanos de piel blanca sean víctimas de delitos relacionados con dinero, como robo, extorsión o secuestro. Sin embargo, para sustentar mi punto aquí, no hace falta que esa idea sea fundamentada, basta con que exista. Consideremos dos ejemplos más.
Recientemente, en uno de los seminarios organizados por COPERA, una de las panelistas declaró que “el racismo inverso no existe”, y una mujer en la audiencia quedó confundida, pues no sabía cómo procesar la teoría con su experiencia. La mujer contó cómo en su preparatoria había una muchacha “blanca”, quien era frecuentemente sexualizada y acosada. La mujer recordó que sus compañeros manoseaban y besaban a la chica en contra de su voluntad, y explicó que era precisamente su color de piel lo que hacía a esta chica particularmente vulnerable en ese contexto. La piel blanca que en muchos lugares significa privilegios, era una desventaja para esta estudiante.
Por otra parte, académicos y activistas han denunciado el caso de Lezly, una niña “guerita” que pedía limosnas en las calles de Guadalajara. La mamá de Lezly es morena y fue separada de su hija porque la gente (y las autoridades) no podían creer que la niña fuera suya, así que asumieron que Lezly era explotada para conseguir dinero. Usualmente, este caso se usa para señalar el racismo de la sociedad en contra de la madre, pero notemos las dos caras de la moneda. Lezly, una mexicana de tez blanca, fue separada de su familia por varios meses. ¿Quién se atreverá a decirle a Lezly que la piel blanca no puede ser una desventaja en nuestro país?
El racismo inverso no existe, estoy de acuerdo. Pero lo que todos estos ejemplos nos demuestran es que el racismo victimiza a muchos (si no a todos), incluso si en diferentes intensidades. Esto es políticamente relevante porque acusar a los privilegiados y esperar que la culpa los motive a actuar no es solamente ineficaz, sino equivocado. No obstante, si uno se toma el tiempo de describir la naturaleza estructural del racismo, de dejar claro que no se trata de hallar culpables, y de explicar cómo éste es un fenómeno que nos afecta a todos, es más probable que se obtenga una respuesta empática y no una a la defensiva.
Ahora, alguien podría cuestionar por qué el movimiento antirracismo tiene que tomar en cuenta a los blanco-mestizos. ¿No han sido éstos beneficiados demasiado ya? ¿No es el turno de los oprimidos? Lo es. Y es precisamente por eso que deberíamos tener a los blanco-mestizos en cuenta, es en el interés del antirracismo. hooks (1984) argumentó que, porque los hombres eran los agentes sosteniendo el patriarcado y la opresión sexista, estos males podrían ser erradicados solamente si los hombres eran convencidos de asumir su responsabilidad para transformar sus conciencias en lo particular, y a la sociedad en general. Para ella, una alianza con los hombres no era una opción para la revolución feminista, era una condición necesaria.
Que los hombres puedan ser víctimas del sistema de género no significa que sean mayores víctimas que las mujeres, o que deban liderar el movimiento feminista. Simplemente significa que también es en su interés terminar con el sistema de género. Lo mismo es verdad para los blanco-mestizos y el racismo mexicano. Reformar la estructura demanda la participación de todos, y no por bondad, caridad o buena voluntad. No son “ellos” contra “nosotros”, no son los “buenos” contra los “malos”. No necesitamos héroes blanco-mestizos, sino a todos los mexicanos entendiendo que, en diferentes intensidades, este racismo nos lastima a todos.
* René Rejón (@RRejonP) es Politólogo por la UNAM y filósofo por accidente. Cuando tiene oportunidad da clases, y cuando tiene necesidad trabaja para organizaciones de la sociedad civil. Su tesis doctoral investiga las responsabilidades morales de los beneficiarios de la injusticia estructural en sociedades post-coloniales.
Bibliografía:
Atkinson, T.-G. (1974). Amazon Odyssey. New York: Links Books.
Frye, M. (1983). The Politics of Reality: Essays in feminist theory. New York: The Crossing Press.
hooks, b. (1984). From Margin To Center. Boston: South End Press.
hooks, b. (2000). Feminism is for everybody. Cambridge, Massachusetts: South End Press.
Kimmel, Michael. 2013. Angry White Men. New York: Nation Books.
King, T et al. 2020. “Expression of Masculinity and Associations with Suicidality among Adolescent Males.” BMC Psychiatry 20(228): 1–10.
Moreno Figueroa, M. (2010). Distributed intensities: Whiteness, mestizaje and the logics of Mexican racism. Ethnicities, 10(3), 387–401.
Solís, Patricio, Braulio Güémez Graniel, and Virginia Lorenzo Holm. 2019. Por Mi Raza Hablará La Desigualdad.Efectos de Las Características Étnico-Raciales En La Desigualdad de Oportunidades En México. Mexico City: OXFAM Mexico.