Una guía antirracista para el blanco-mestizo mexicano. Parte 3

blogeditor · 29 de julio de 2021

Una guía antirracista para el blanco-mestizo mexicano. Parte 3

Compensar y colectivizar son títulos más rimbombantes para estrategias antirracistas. En el mejor de los casos, “socializar” nos hace pensar en la expropiación de bienes y, en el peor de ellos, en la cotidiana actividad de “hacer amigos”. Sin embargo, es precisamente esta segunda interpretación a la que me refiero aquí. Socializar, en ese sentido de interacción casual, tiene un sorprendente potencial antirracista.

Algunos filósofos y activistas hablan de “integración” (Anderson, 2010), pero no creo que eso sea apropiado dada la naturaleza del racismo en México. A diferencia de otros países, en México el racismo no es segregacionista. Además, hablar de “integración” sugiere que algo está incompleto, y que rectificar las injusticias requiere que todos los grupos sociales se unifiquen. Esa idea me parece equivocada, por dos razones principalmente. La primera, es que es peligrosamente cercana al mito del mestizaje que inspiró la política pública post-revolucionaria en nuestro país. Se pensaba que “mezclar” suficientemente a los grupos culturales en México implicaría la creación de una raza no solamente unificada sino “superior”. La historia comprueba que esta idea es terriblemente equivocada. La segunda razón para rechazar la idea de “integración” es que omite las preferencias de los oprimidos. Tommie Shelby (2014) ha criticado la idea de “integración racial” en Estados Unidos, argumentando que ésta asume que la comunidad Afroamericana quiere “ser parte” del grupo al que pertenece la población blanca, lo cual no es necesariamente cierto. Lo mismo podría ser verdad para el caso mexicano. De hecho, sabemos que una de las demandas principales del EZLN es por autonomía política, cultural y económica, por ejemplo.

Por eso, “socializar” no es un imperativo, sino una oportunidad. “Socializar” implica conocer y respetar las preferencias de los grupos racializados. Esta podrá no ser la acción más importante para combatir el racismo estructural en nuestro país, pero es un paso necesario. Es clave que los blanco-mestizos conozcan e interactúen con personas que ocupan posiciones distintas a ellos en la estructura social. Estas interacciones, en condiciones apropiadas, producirán entendimiento, amistades y empatía. Evidentemente, la idea aquí no tiene nada que ver con actitudes paternalistas, coloniales, o tokenísticas. No se trata de personas de tez blanca “salvando amorosamente” a grupos racializados. Al contrario, se trata de reconocer que, aunque la estructura sitúa a las personas en diferentes posiciones, las interacciones entre las mismas pueden llegar a ser auténticas, honestas y transformadoras. En estas interacciones podemos aprender el uno del otro y de nuestras experiencias.

“Socializar” es una solución no porque la amistad sea un remedio mágico que nos transforma a todos, sino porque es a través de estas interacciones donde personas conocen las unas de las otras, sus experiencias, luchas, puntos de vista, privilegios y desventajas. Al escuchar y aprender de primera mano sobre la experiencia de grupos racializados, los mexicanos de tez blanca podrán darse cuenta de un privilegio que, de otra forma, quizá no lograrían ver. Al mismo tiempo, se haría evidente que no todos los blanco-mestizos son gente malvada luchando por conservar sus privilegios. La interacción genera no solo conocimiento, sino entendimiento, empatía e incluso amor.

Sally Haslanger (2012), filósofa feminista, se refiere a este fenómeno cuando escribe sobre adopción interracial. Argumenta que hay una “estética del racismo” que guía nuestra concepción de belleza e impacta nuestro compás moral: “los cuerpos blancos son más hermosos/buenos que los de piel oscura”; sin embargo, esta noción cambia con la interacción. Cuando un padre desarrolla un vínculo afectivo con un hijo de otra “raza”, todo su estándar estético cambia. Es decir, cuando nuestras ideas sobre una persona en particular cambian, cambian también nuestras ideas sobre el grupo al que esta persona pertenece.

Iris Young (1990) tenía un punto similar cuando abogaba por una “revolución cultural” que consistía en la celebración de la identidad de grupos oprimidos a través de acción afirmativa. Es precisamente esta una de las maneras en la que las cuotas y la acción afirmativa rompen los ciclos de discriminación: dan espacio a la interacción y desmienten las diferencias, al demostrar que “ellos” son capaces de hacer las cosas que “nosotros” hacemos.

Entonces, pensemos dos veces a quién vamos a sacarle platica en la fila, a quién vamos a darle swipe right, contra quién vamos a echar la reta, junto a quién vamos a sentarnos en el salón o en el transporte público. Estas decisiones podrán parecer mundanas e irrelevantes, pero tienen el potencial de ser mucho más que eso; podrían terminar influenciando a quién estimamos, queremos o amamos, podrían cambiar nuestros estándares y, a largo plazo, transformar nuestra realidad.

Cuando pensamos en transformar estructuras sociales, preferimos conceptos impresionantes como “revolución”, “descolonización” o incluso “compensaciones” y “colectivizar”; sin embargo, y para variar, quizá el rol del blanco-mestizo en esta lucha es menos protagónico y deslumbrante. Quizá socializar sea una de las mejores estrategias antirracistas que el beneficiario de la injusticia estructural en México tenga a la mano.

Ahora bien ¿por qué querría un blanco-mestizo renunciar a su privilegio? ¿Bondad? ¿Caridad? La última entrega de esta serie responde estas preguntas.

* René Rejón (@RRejonP) es Politólogo por la UNAM y filósofo por accidente. Cuando tiene oportunidad da clases, y cuando tiene necesidad trabaja para organizaciones de la sociedad civil. Su tesis doctoral investiga las responsabilidades morales de los beneficiarios de la injusticia estructural en sociedades post-coloniales.

 

 

Referencias:

Anderson, Elizabeth. 2010. The Imperative of Integration, Princeton: Princeton University Press, 384–412.

Collins, Stephanie. 2013. “Collectives’ Duties and Collectivization Duties.” Australasian Journal of Philosophy 91(2): 231–48.

Haslanger, Sally. 2012. Resisting Reality: Social Construction and Social Critique, Oxford: Oxford University Press.

Shelby, Tommie. 2014. “Integration, Inequality, and Imperatives of Justice: A Review Essay.” Philosophy & Public Affairs 42(3): 253–85.

Young, Iris. 1990. Justice and the Politics of Difference, Princeton: Princeton University Press.