blogeditor · 12 de marzo de 2021
En teoría, el uso recreativo y experimentación con sustancias psicoactivas ilegales es una decisión personal. Cada persona decide qué poner en su cuerpo. Y cuando se realizan acciones que no afecten a alguien más, nadie puede interrumpir el derecho de una persona a disfrutar su libertad. Sin embargo, la realidad es completamente diferente. Las personas usuarias de plantas y sustancias psicoactivas clasificadas como ilícitas experimentan diferentes niveles de violencia por parte de las instituciones y de sus propias comunidades por efecto del estigma, la discriminación y la criminalización. Como resultado, las personas usuarias viven alejadas de los servicios de salud, educativos, culturales, deportivos y de información sobre efectos, riesgos y usos de sustancias, promoviendo un estado de violación de derechos humanos, exclusión y marginación a personas que no pueden o no quieren dejar de usar sustancias psicoactivas.
Este discurso basado en la perspectiva prohibicionista, normaliza narrativas peyorativas e irracionales hacia las sustancias ilegales y hacia las personas usuarias, generando imaginarios que pueden afectar de formas irreparables la vida de las personas. Por ello, las y los usuarios de sustancias prefieren vivir en el anonimato. Para hacer frente a esta situación y buscar la garantía de derechos humanos, desde hacia varias décadas surgió el paradigma de reducción de riesgos y daños, el cual deja de lado el estigmatizar o enjuiciar, y reconoce a las personas con su libre toma de decisiones como contrapartes activas en una relación horizontal.
La reducción de daños se constituye por diferentes intervenciones de salud implementadas en espacios específicos de alta prevalencia de uso y que tienen como objetivo reducir o minimizar los riesgos, y gestionar los placeres que pueden existir al usar sustancias psicoactivas. Las estrategias de reducción de daños varían respecto a quién es la persona o la comunidad que será beneficiaria de los servicios, las sustancias utilizadas en cada caso, sus vías de administración y las características de los espacios y los contextos en donde se utilizan. Además, buscan el empoderamiento y la construcción colectiva del conocimiento hacia la reconciliación, al igual que la reparación de las comunidades dentro de una cultura de respeto y paz.
El Programa de Análisis de Sustancias (PAS) se suma a este tipo de intervenciones como una estrategia de salud innovadora, pragmática y basada en el respeto a los derechos humanos, dirigida a personas que usan sustancias psicoactivas ilegales, sin enfocarse específicamente en la abstinencia. Esta estrategia parte de la premisa de que no todo uso de sustancias psicoactivas es abuso o uso problemático. Sin embargo, el programa enfatiza en el mensaje que la única forma de evitar los riesgos relacionados al uso de sustancias psicoactivas es abstenerse de usarlas.
Los objetivos del Programa de Análisis de Sustancias son: i) implementar nuevos modelos de reducción de daños como políticas de salud; ii) ofrecer a las personas que planean usar una sustancia un análisis químico de la misma para brindarle consejería individualizada y focalizada a partir de la información obtenida en el análisis, en torno al grado de pureza, los productos químicos que contiene y cómo reducir los riesgos asociados a su uso, sus principales impactos son la promoción del autocuidado entre las personas usuarias, y iii) el monitoreo de la aparición de nuevas sustancias psicoactivas y adulterantes en los mercados locales de droga. Este programa ofrece un servicio gratuito, personalizado, confidencial, amigable, y desde 2015 utiliza un modelo de pares, facilita el acceso a información basada en evidencia científica, libre de sesgos y juicios morales sobre sustancias psicoactivas y sus distintos usos para ayudar a generar una percepción adecuada del riesgo para reforzar la toma de decisiones informadas.
El consumo de sustancias psicoactivas es una decisión que puede cambiar de cultura a cultura y de persona a persona por lo que esta intervención integra modelos de autorregulación, autonomía y determinación. Tenemos que enseñar a las personas a tomar decisiones responsables y para tomarlas necesitan información. El PAS muestra que las personas tienen la capacidad de decidir qué, cuándo, dónde y cuánto usar de acuerdo a sus características individuales, sus preferencias y sus trayectorias de consumo. A este servicio se acercan personas usuarias que buscan información para proteger su salud, que deciden no usar sustancias cuando se les informa que están adulteradas, que planean la fiesta, que asumen una posición de responsabilidad frente a sus consumos, asimismo es el primer contacto con personas que quieren obtener herramientas e información para el cuidado a su salud sin ser estigmatizadas o criminalizadas. La oferta continua del testeo de sustancias en espacios de fiesta promueve esta postura responsable y facilita la instauración de hábitos de autocuidado en los contextos de consumo.
El PAS es el único programa de su tipo en México y mostramos los resultados de 5 años de trabajo. En este cuadernillo se muestra el total de sustancias analizadas, el total de personas que usaron el servicio, cuáles han sido las sustancias encontradas y esperadas por las y los usuarios, las vías de administración más usadas, el porqué las personas deciden realizar el análisis químico a las sustancias, cuáles son las mezclas mas usadas ya que la mayoría de las personas consumidoras son poli-usuarias. Es importante resaltar que esta iniciativa viene desde la sociedad civil lo que ha hecho difícil el mantener el proyecto por la falta de recursos: las y los integrantes han sido voluntarios por lo que el equipo ha cambiado a lo largo de estos años lo que nos ha empujado a desarrollar diferentes tipos de capacitaciones para que este equipo multidisciplinario este completamente apto para realizar esta labor.
El PAS pone sobre la mesa la necesidad de cambiar el paradigma y de desarrollar programas con el enfoque de reducción de daños en la política mexicana de drogas permitirá que se ofrezcan servicios de salud, información y estrategias de autocuidado a una gran población que usa sustancias psicoactivas con el fin de mitigar los riesgos a su salud. Las personas pueden decidir usar sustancias ilegales al mismo tiempo que pueden ser exitosas y responsables mostrándoles como potenciar el placer y disminuir los riesgos. Desde la sociedad civil y academia se ha formado un gran movimiento por la lucha y garantía de los derechos humanos sin importar si decidimos o no usar plantas y sustancias ilegales, se ha demostrado que se puede tener uso de sustancias en una forma responsable, para algunas personas las sustancias tienen efectos positivos por lo que invitamos a las personas usuarias a salir del clóset para exigir sus derechos.
* Fany Pineda es co-coordinadora del Programa de Análisis de Sustancias. Desde 2015, este equipo multidisciplinario de voluntarios y voluntarias ofrecen a las personas que planean usar una sustancia un análisis químico de la misma para brindarle consejería individualizada y focalizada a partir de la información obtenida en el análisis, en torno al grado de pureza, los productos químicos que contiene y cómo reducir los riesgos asociados a su uso, sus principales impactos son la promoción del autocuidado entre las personas usuarias y el monitoreo de la aparición de nuevas sustancias psicoactivas y adulterantes en los mercados locales de droga. Este equipo además realiza capacitaciones y facilita la profesionalización del personal que brinda atención, o desea ofrecer servicios oportunos en torno al uso de sustancias bajo la perspectiva de reducción de daños.