Una enorme alegría... a medias

blogeditor · 28 de junio de 2013

Una enorme alegría... a medias

Ayer, en una entrevista de radio, me preguntaron cómo había reaccionado la comunidad inmigrante tras el anuncio de la aprobación en el Senado del proyecto de reforma migratoria. Respondí sin pensarlo dos veces: “es una enorme alegría a medias”. Podría parecer contradictorio, pero no lo es tanto.

El triunfo, por una abrumadora mayoría de 68  votos contra 32, no es cualquier cosa. Es el ejemplo de lo que todavía se puede conseguir mediante la negociación política, incluso en un tema tan complejo como éste en una ciudad tan dividida como Washington. A pesar de que la reforma aprobada está llena de matices no sólo no ideales sino incluso preocupantes (como la militarización de facto de la frontera con México) la aprobación de la iniciativa es ya un triunfo para la agenda hispana y una muestra de lo mucho que se ha avanzado en los últimos años.

Hasta ahí, los motivos para la alegría.

Hay, me parece,  más razones para la cautela.

La reforma migratoria se dirige ahora a la Cámara de Representantes, dominada por el partido republicano. Desde que una reforma similar se votó en la Cámara baja por última vez hace siete años, la Cámara de Representantes se ha vuelto no solo más republicana sino más conservadora. La presencia del ala radical del partido ha crecido en números e influencia. Por si eso no fuera suficiente como para atemperar el entusiasmo por la reforma migratoria, habrá que tomar en cuenta que 111 de los 233 congresistas republicanos representan distritos que son al menos 80% blancos, en los que la presencia hispana es, si acaso, anecdótica.

El dato es alarmante.

La política es, antes que nada, un juego de supervivencia e incentivos. La primera preocupación de cualquier político en un régimen democrático es asegurar su propia carrera. Permanecer en su puesto le interesa más y antes que ninguna otra variable. Si ese político hipotético no encuentra en la ley en turno los suficientes incentivos personales como para respaldar una iniciativa de ley, probablemente no lo hará.

Mucho me temo que ese puede ser el caso de un gran número de representantes republicanos y la reforma migratoria. Después de todo, de vuelta en sus distritos, es mucho más probable que enfrenten críticas severas por haber votado en favor de la reforma que por haberla rechazado. Así las cosas, para un gran número de republicanos apoyar la reforma sería un acto de generosidad inédita y suicida. No me parece probable que lo hagan. Por supuesto, estarán cometiendo un acto de miopía histórica. Al rechazar la reforma migratoria podrán estar salvando su propio pellejo en el siguiente ciclo electoral, pero estarán condenando a su partido a la muerte: en sus distritos podrá no haber hispanos, pero en Estados Unidos los hay. Y son muchos. Y votan. Y van a estar muy enojados.