Una caja atiborrada de arte

blogeditor · 25 de septiembre de 2015

Una caja atiborrada de arte

Ya desde hace tiempo, en algunas ciudades europeas, el uso que se le ha dado a ciertos edificios, así como a algunos departamentos o espacios grandes y pequeños, cerrados o parcialmente al aire libre, para demostrar que es posible romper algunos rígidos esquemas, poco a poco ha ido trasladándose a nuestro país en relación con lo que al arte se refiere.

Así las cosas, cuartos, azoteas, pasillos, negocios de prestigio, departamentos clasemedieros, changarros populares y hasta lujosos penthouse, de pronto se ven transformados en espacios únicos y lúdicos en donde las formas y el paradigma de lo esperado se desgajan para dar cabida a un mundo peculiar, a un mundo alucinado y atiborrado de obras de grandes artistas, lo mismo emergentes que reconocidos.

Art Cage retoma con pasión este concepto del arte a domicilio y lo traslada al último departamento que remata el edificio de Insurgentes Sur 297, en la Ciudad de México. Se supone que el concepto es romper con la clásica relación obra-espectador que se da en los espacios tradicionales, como los museos que todos conocemos, y el objetivo es poner el arte justo enfrente de quien lo va apreciar en un espacio que bien podría ser… ¡su propia casa!

Previa cita, y luego de subirse a un elevador, al abrirse las puertas, de inmediato unos cuadros aparecen ante la vista, bañados por una luz cuyo color uno duda en definir. ¿Será rosa? ¿Será morado? ¿Será una mezcla de ambos? La cercanía de estas piezas nos ubican, pues, en un pasillo que conecta dos amplios espacios: uno que da a una cocina, a un baño, a una terraza corta que conecta, a su vez, con una recámara y otro que es una sala, un comedor, con su respectiva pequeña terraza, provisto de una escalera que da a una pequeñísima oficina que no es sino la antesala de otra terraza más en forma desde donde se puede apreciar de mejor y más amplia manera una panorámica nocturna de la ciudad.

Todo el departamento exuda arte de tipo diverso y de diversas técnicas, desde grabado, fotografía, hasta instalación, comida, performance y escultura. Por la cantidad de gente, algunas obras no se pueden apreciar como se debería, pero creo que es justamente la idea. Que en el paseo uno se aturda un poco con todo aquello.

Las fotos en blanco y negro de unos pandilleros apuntando a la lente con sus pistolas sobre una mesa contrasta con una delicada estatua de color rojo en alguna esquina. La sublime foto del oaxaqueño árbol del Tule lo hace con el performance de dos hombres en calzoncillos de generosos cuerpos acostados viendo tele en una recámara cuya decoración hace referencia al modo de vida que, en principio, estarían llevando los ricos narcos de la actualidad en alguna ciudad fronteriza o no del país. Controvertida, pero esa es la propuesta. Así las cosas, las botas de piel de Mantarraya, los cinturones piteados con piedras preciosas, las chamarras y los sombreros se codean a su vez con esculturas inspiradas en la literatura fantástica, en otra parte del departamento, y con litografías de niños que uno nunca se imagina que provienen de las calles de Neza.

La forma en que están colocadas cada una de las obras hacen que la sensación de exuberancia te invada. Sin saber la razón, en los baños hay imágenes y estatuas religiosas. En una recámara prevalecen los colores neón y pastel para enmarcar imágenes de aerosol plasmadas en muros citadinos.

En este sentido, los nuevos talentos de la plástica, el grafiti, la fotografía, la pintura y la escultura, entre otros, están deseando marcar, también, sus nuevas maneras de querer ser asimilados. Por eso me di a la tarea de encontrarme con algunos en el lugar para saber más de su obra y de su presencia en un espacio tan peculiar como este lujoso departamento, en donde todo, o casi, está a la venta.

Irving Cabello. Es un joven fotógrafo y artista visual que trabaja más con archivos digitales, pues ha abandonado el trabajo con la fotografía análoga.

¿Qué significa este tipo de eventos para alguien como tú?

Para mí es muy importante estar al lado de artistas como Farrera o Francesca o de Federico Gama, pues ellos me han ayudado a desarrollar un estilo, han influenciado mi trabajo. Art Cage es una salida importante para mí, una forma de entrar en el circuito del arte.

¿Quién contacta a los artistas?

Juan Manuel Razo, coleccionista. Cuando me contactó aún no estaba esta idea de Art Cage, pero luego tomó forma y me invitó a participar. Esta es mi primera participación en un evento como este. Traje cuatros fotografías. Dos que pertenecen a una colección que se llama Soledad y Silencio, otra que se llama Barricadas y otra Fragmentos de Incidencias, la fotografía del árbol del Tule. Estas colecciones y fotos forman parte de pasajes de mi vida, y hay una que estoy trabajando con fragmentos de paisajes, no paisajes completos sino pedazos, fragmentos.

Francesca Dalla Benetta. Artista plástica nacida en Italia y radicada en México.

¿Cómo llegaste a un evento como este?

Conozco a Juan Manuel desde hace unos años. Él es el creador de este concepto en donde junta arte, design, arte-objeto, ropa, muebles y muchos otras cosas en las que uno no pensaría que hay arte: en la comida, en la música, en todo.

Y si bien hay mucha mezcla de todo, creo que nada se pierde, pues Juan Manuel tuvo esta capacidad de colocar o yuxtaponer las obras de tal modo que no se pierdan, o que dialoguen para que todo luzca y que todo tenga su lugar.

¿Cuáles son tus expectativas?

Digamos que… no es que tenga expectativas a nivel comercial, más bien tengo otras a nivel personal. Me interesa que la gente sienta.

Al tener una formación de artista plástica en Italia, siento que eso se nota en mi obra, que habla mucho de anatomías mezcladas, anatomías fantásticas en las que utilizo texturas y colores diferentes, mezclo formas de animales con humanos o de vegetales con minerales. Me gustan estas combinaciones para mover emociones en la gente. Mis inspiraciones son básicamente la literatura y el cine fantásticos, aunque esté empapada de arte clásico, es decir, todo lo que aprendí en la Florencia de mi infancia.

Erick Balderrama. Mejor conocido como Karas Urbanas, es un artista que trabaja con la plantilla y el esténcil, además del aerosol a mano alzada sobre lienzos o muros: el grafiti.

“Los jóvenes no seguiremos siendo víctimas de su violencia de Estado”.. esa fue la frase que utilizaste en un grafiti a propósito del homenaje que le hicieron unos artistas grafiteros a un jovencito que mató un policía en Puebla, el mismo que lo acusó de estar grafiteando en las calles. Alguien podría criticar el hecho de que un artista como tú esté presente en un evento como este. ¿Qué piensas al respecto?

Yo soy dos artistas: uno cuando estoy frente a un bastidor y otro cuando salgo a la calle. Yo tengo claro que cuando hago mis piezas en el primer caso es para vender. Y en el segundo es para convivir y para conocer la calle, la banda, mi entorno, la gente.

Yo hago arte de tiempo completo, no lo hago después de horas de oficina o porque no tengo nada mejor qué hacer. No. Yo soy artista todo el tiempo, y también necesito comer. Pinto y ese es mi trabajo.

Llegué acá por Juan Manuel, con el que he trabajado desde hace tres años. Me gusta porque él sí le da su lugar a los creadores. Eso me gusta. ¿A qué me refiero? En cualquier otro lugar tú sólo eres un producto más y ya. No te tratan ni como persona. Aquí es completamente diferente. Te dan tu lugar como artista. Algunas galerías te tratan como si ellas te estuvieran haciendo un favor y no, es al contrario, nosotros somos los que se los hacemos con nuestra obra. En fin, yo no permito que me traten así, y aquí es otra cosa.

Art Cage es otra dinámica de espacios y de galería. A mí no me gustan las etiquetas. Yo sólo sé que soy un creador.

¿Qué artista es tu influencia más grande, si es que existe?

Martin Cuaya, de Neza Arte Nel. Él es un maestrazo. Un ser que a pesar de ser un chingón, sigue siendo aterrizado, sigue siendo la banda. Por eso lo respeto mucho. Es un artista que nunca se da por vencido y siempre propone una solución.

¿Qué obra trajiste para la ocasión?

Traje obra de una colección llamada Fragmentos de Barrio, basándome en fotografías de Federico Gama. De hecho, hay una parte de ella que está en España y la otra acá. Las fotos son de niños de la calle, con rasgos artísticamente poderosos.

Mi intención es que cuando alguien adquiera la obra lo haga por el arte mismo, pero que luego descubra que lo que se ha llevado es la imagen real de un niño callejero de Netzahualcóyotl.

En mi caso, entonces, la cuestión es… ¿colocarías a un niño de la calle en la sala de tu casa?

 

* Roberto Rueda Monreal es politólogo, traductor literario, articulista y escritor.