Una aproximación a la Bioética Social en torno a los microfascismos

blogeditor · 16 de junio de 2021

Una aproximación a la Bioética Social en torno a los microfascismos

Hablar sobre Bioética nos remite, casi de inmediato, a los ámbitos de la biomedicina y a los problemas éticos ante la experimentación con humanos o con animales. En este sentido, la Bioética hace que nos interroguemos sobre nuestra posición frente a lo viviente; sin embargo, es común que pasen desapercibidas otras de sus áreas, como, por ejemplo, su dimensión social.

El artículo de Enrique Pérez Romero llamado “Microfascismos” propone este concepto para referirse a una serie de prácticas de indiferencia, exclusión y violencia a nivel cotidiano. Si bien cuando escuchamos hablar sobre “fascismo” de inmediato pensamos en una ideología política con características nacionalistas y totalitarias, Pérez Romero propone pensar en la manera como ésta responde, al menos en parte, a un clima social que la antecede, cuya vida colectiva se encuentra profundamente deteriorada. ¿Cómo pensar este problema a través de la Bioética Social? Intentemos aproximar algunas posibilidades.

En las reflexiones del precursor alemán de la Bioética, Fritz Jahr (1895-1953), observamos que el imperativo bioético implica expandir el imperativo categórico kantiano en muchos sentidos. Esto significa, por un lado, extender sus reflexiones éticas más allá de lo humano, contemplando obligaciones morales hacia los animales y los ecosistemas; por otro, expandir la Ética más allá del formalismo lógico, dentro del cual el sujeto debe articular sus deberes morales de manera autónoma y con independencia de sus inclinaciones afectivas. Jahr contempla la afectividad y el territorio de la sensibilidad como un ámbito que debe ser considerado en toda su importancia. Para este autor, la pregunta respecto a nuestras formas de vivir (bios) no se reduce sólo a las reglas y prohibiciones que atraviesan nuestra vida social –esto implicaría que su reflexión se limite a una dimensión restrictiva–; el giro de su Bioética también era una afirmación de la vitalidad de nuestras relaciones y la posibilidad de repensar el tejido social.

En este sentido, la Bioética Social propone pensar la manera como se articula la vida en común, problematizando e interviniendo en las dinámicas de exclusión en las que participamos todos. La pertinencia de esta perspectiva está en la reflexión crítica sobre el bios del tejido social, nuestras maneras de vivir con-los-otros que permiten la intensificación de dicha vida en común. En resumen, la Bioética Social busca extender una mirada incluyente, laica, plural y bioeticista hacia las poblaciones más vulnerables que, de alguna forma, han visto violentada su dignidad; por ejemplo, migrantes, adultos mayores en asilos, personas privadas de su libertad, indigentes: personas olvidadas y excluidas.

A propósito del problema de los microfascismos, Pérez Romero señala que el prefijo “micro” no significa que estas prácticas de exclusión cotidiana sean pequeñas, sino que más bien son silenciosas en tanto que socialmente las hemos normalizado. Este proceso de normalización nos convierte en cómplices de las injusticias y el sufrimiento del otro, en la medida en la que estas conductas se arraigan tanto en nuestra manera de entender el mundo que han quedado invisibilizadas.

Cuando pensamos en estas formas de violencia y exclusión que atraviesan la vida colectiva, es muy común creer que se limitan a la política en su dimensión institucional, pero el artículo de Pérez Romero y la Bioética Social nos invitan a visibilizar las maneras en las que dichas dinámicas se insertan en nuestra conducta, seamos conscientes de ello o no. En este sentido, la fertilidad de la Bioética Social está en la posibilidad de articular una reflexión micropolítica sobre las formas de vida, en la zona intersticial entre lo singular y lo colectivo, donde acontecen estas pequeñas violencias y exclusiones, que por ser cotidianas hemos considerado normales.

No obstante, Angel Alonso Salas, José Barrientos Rastrojo, Marco A. López y un gran equipo nacional e internacional han desarrollado una aproximación a la Bioética Social enfocada en pensar esas dinámicas de exclusión del tejido social, no sólo como un análisis teórico, sino también como forma de intervención en ellas y en sus múltiples manifestaciones. Dicha aproximación va de la mano con el proyecto BOECIO, el proyecto Diógenes y el proyecto Séneca, los cuales son parte del trabajo de Barrientos Rastrojo e incluyen entre sus actividades talleres de Filosofía en espacios no académicos, con el objetivo de que esta disciplina llegue a poblaciones de otros ámbitos y a gente en situaciones de vulnerabilidad; por ejemplo, personas privadas de la libertad, en riesgo de exclusión social o de la tercera edad en Brasil, Colombia, España y México. Esta manera de entender la Filosofía no se limita a la teoría, sino que participa efectivamente en la posibilidad de rearticular las formas de vivir-con-los-otros a través de la reflexión y el cuestionamiento sobre nuestras maneras normalizadas de entender el mundo.

¿Por qué la Filosofía, y en particular la Bioética Social, pueden ser una herramienta necesaria para problematizar los microfascismos? Entre otras cosas, porque la Filosofía, desde Sócrates, al estar fundada en el no saber, nos ofrece elementos no sólo para reconocer nuestra propia ignorancia, sino también para cuestionar todo aquello que damos por sentado conocer. De tal manera que poner en juego la Filosofía en espacios no académicos nos permite hacernos cargo de nuestra conducta y cuestionar nuestra existencia y la manera de relacionarnos con lo Otro. ¿No es ese, finalmente, el objetivo de la Filosofía?

* Jonathan Caudillo Lozano es maestro en saberes sobre subjetividad y violencia por parte del Colegio de Saberes y doctor en Filosofía en la Universidad Iberoamericana. Realiza investigación sobre temas centrados en la relación entre el cuerpo y la animalidad en la Filosofía y las artes escénicas. Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas de Filosofía, y es autor del libro Cuerpo, crueldad y diferencia en la danza butoh, una mirada filosófica, editado por Plaza y Valdés. Actualmente realiza una estancia posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética.

 

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