Un tratado regional para la Adaptación Climática en América Latina

blogeditor · 3 de marzo de 2021

Un tratado regional para la Adaptación Climática en América Latina

Es claro. Incentivar procesos de colaboración climática y ambiental en América Latina puede mejorar nuestra resiliencia y capacidad de adaptación frente a los impactos climáticos. El proceso de negociación y firma del Acuerdo de Escazú nos ha enseñado lo esencial de la cooperación internacional para enfrentar los desafíos climáticos, ambientales y sociales de nuestro continente.  Esta columna propone la necesidad de contar con un tratado regional de adaptación climática en América Latina, que facilite la cooperación entre Estados para responder a los efectos del cambio climático. Primero, se explicarán algunos de los efectos que el cambio climático generará en Latinoamérica. Segundo, el carácter transnacional que alguno de estos impactos puede tener. Tercero, se propondrán algunos enfoques a considerar para la construcción del tratado propuesto.

El 2020 estuvo marcado por la pandemia y por serios desastres naturales en América Latina. Finalizando el año, América Central sufrió la llegada de dos huracanes, Eta e Iota, dejando miles de damnificados y cientos de personas fallecidas. Asimismo, para mayo de 2020 Guatemala reportó 2 mil 902 hectáreas afectadas por incendios, algunos dentro de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM), bloque de selva subtropical ubicado en la región norte del país. Esta área posee una gran biodiversidad y ecosistemas que permiten la captura de carbono; adicionalmente, sus sitios y zonas arqueológicas de la Cultura Maya le confieren un valor histórico y cultural mundial. Parece claro que el aumento de la temperatura por la quema de combustibles fósiles y la destrucción de los bosques, exacerban con especial énfasis la vulnerabilidad de varios países de nuestro continente.

Por otra parte, los efectos del cambio climático se multiplican en países y comunidades más vulnerables, acentuando desigualdades y perpetuando la pobreza y extrema pobreza. Latinoamérica sufrirá múltiples impactos del cambio climático. Existirá una disminución de la producción y calidad de los alimentos, derivada de las altas temperaturas, precipitaciones irregulares y fertilización por aumento del CO2 (Cepal, 2020). Se restringirá la disponibilidad de recursos hídricos, sobre todo en regiones semiáridas y dependientes del derretimiento de glaciares, dada la tendencia a la sequía que habrá en ciertas zonas del continente. Los efectos en selvas, como el Amazonas, son igualmente negativos. El aumento de temperaturas y la deforestación incrementan los riesgos de mega incendios como los vistos en los últimos dos años.

Algunos de los impactos climáticos mencionados pueden tener efectos transnacionales. Esto es, que un mismo fenómeno traspase fronteras y afecte a dos o más países. Un buen ejemplo de ello es el Amazonas. Los incendios de estos años han afectado principalmente la Amazonía brasileña, pero también la peruana, boliviana y colombiana. Una mayor coordinación entre las naciones amazónicas puede contribuir a un mejor manejo del impacto, y por ende al diseño de mejores medidas de adaptación. El Tratado de Cooperación Amazónica y el recientemente firmado Pacto de Leticia, puede contribuir a acelerar la cooperación en la subregión, sin embargo, los resultados de dichos avances están a la espera.

Otro impacto, que paralelamente afecta a diversas naciones, es el derretimiento de glaciares de la Cordillera de los Andes. Este proceso afecta la estabilidad de las fuentes hídricas y el aumento de riesgo de inundaciones en zonas andinas. Establecer lineamientos comunes entre los países que comparten la Cordillera de los Andes, hacen urgente el desarrollo de una conservación transnacional de los glaciares andinos, y una mejora en la capacidad adaptativa de las comunidades que habitan esas zonas. Lo esencial de estos dos casos, es que demuestran que los efectos del cambio climático en América Latina pueden ser transnacionales, por lo que respuestas de coordinación y colaboración entre países serían coherentes y necesarias para el presente escenario climático en América Latina.

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (en adelante, PICC) entiende adaptación como los ajustes en los sistemas ecológicos, sociales y económicos en respuesta a estímulos reales o esperados y sus efectos o impactos. A diferencia de la mitigación, los procesos de adaptación climática tienen un carácter más regional, nacional o local. Las características geográficas y climáticas de una zona determinan el carácter de los efectos climáticos que la pueden afectar y las respuestas para una buena adaptación. Una coordinación y colaboración regional de los procesos de adaptación en América Latina, puede contribuir a la protección de nuestra biodiversidad y mejorar la capacidad adaptativa de nuestras comunidades, sobre todo las más vulnerables. Un concepto clave para definir la orientación de estos ajustes en un tratado de adaptación latinoamericano, es la equidad. La Convención Marco de las Naciones Unidas del Cambio Climático define equidad en una doble faz, equidad intrageneracional y equidad intergeneracional. La primera, se enfoca en soluciones que protejan y disminuyan el impacto del cambio climático en las poblaciones más vulnerables de los tiempos presentes. El PICC identifica a estas poblaciones como aquellas social, política, económica e institucionalmente marginadas. La segunda, se enfoca en proteger a las generaciones futuras, tomando medidas en el presente para entregar el planeta en una mejor condición a la actual. Una adaptación equitativa es primordial para proteger los derechos humanos de los más vulnerables. Mayor capacidad de adaptación implica mayor resiliencia frente a efectos del cambio climático, esto lo requieren con urgencia las comunidades más vulnerables de América Latina.

Un camino para mejorar la protección de los países y comunidades más vulnerables de América Latina es potenciar y formalizar la coordinación y colaboración interestatal en materia de adaptación. Un primer paso en esta dirección lo está dando el Acuerdo de Escazú, donde se necesita una ratificación amplia de las naciones latinoamericanas. Nivelar y mejorar continentalmente estándares de acceso a la información, acceso a la justicia, participación ciudadana y transparencia, son elementos esenciales para el éxito de medidas de adaptación en América Latina. El empuje de Escazú a la colaboración regional y su contribución en aspectos procedimentales de la acción climática, requiere complementarse con un acuerdo de adaptación latinoamericana. La generación evidencia científica que permita elaborar estrategias de prevención y respuestas locales, cooperación financiera, fortalecimiento conjunto de capacidades de adaptación, transferencia de tecnologías y posturas compartidas de América Latina frente al Norte Global, son ámbitos claves de avance. Asimismo, estándares de regulación similares que promuevan y faciliten procesos de adaptación, sobre todo en patrimonios ambientales compartidos como el Amazonas o la Cordillera de los Andes, contribuirían a una respuesta consistente frente al cambio climático y fijarían un precedente de cooperación Sur-Sur.

Como podemos ver, son tres los pasos necesarios para avanzar en un acuerdo de adaptación climática en América Latina. Primero, es necesario tomar conciencia de que los efectos del cambio climático seguirán golpeando más fuerte a países y comunidades más vulnerables de América Latina, por lo que se requieren respuestas inmediatas. Segundo, entender que algunos de estos efectos del cambio climático afectan patrimonios ambientales transnacionales. Tercero, orientar nuestras respuestas en adaptación en base al principio de equidad del régimen climático, con el fin de proteger a las poblaciones vulnerables presentes y futuras. Lo anterior, justifica la necesidad de un Tratado Regional de Adaptación para América Latina, que sea complementado por los grandes avances de colaboración del Acuerdo de Escazú y así, se aseguren procesos y soluciones de adaptación que sean informados, participativos y transparentes. Este camino permitiría a Latinoamérica ir construyendo una institucionalidad climática regional, que proteja a los más vulnerables, promueva la colaboración regional, y contribuya a los compromisos climáticos globales. Se hace necesario crear condiciones y alianzas duraderas entre grupos diversos en América Latina que converjan en propuestas alternativas para enfrentar este momento de crisis sistémica de la modernidad capitalista. La adaptación climática de América Latina tiene prisa, el tiempo corre y los efectos climáticos pegan, por ello es urgente avanzar.

* Diana Monroy es abogada Ambientalista, Guatemala. Pedro Cisterna Gaete es colaborador Nuestra América Verde, Chile.