Claudia Ramos · 23 de febrero de 2026
Seguro lo han vivido: un momento o situación tan crítica que nadie habla. Los ruidos se tornan imperceptibles, el silencio hace palpable la tensión entre la gente. A pesar de que el sonido se ausenta, nos sentimos aturdidos por lo abrumador que es el silencio. Lo ocurrido este domingo es un ejemplo de esta situación: el operativo de fuerzas federales y el ejército mexicano para detener a Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes terminó en su muerte y en bloqueos e incendios en al menos 20 estados nos llevó a vivir un silencio ensordecedor.
La desolación y la indefensión que hemos vivido en los últimos 20 años, producto de la “guerra contra el narco”, se han caracterizado por esta constante. Pero me interesa ahondar en otro silencio ensordecedor: el de la presidenta y el gobierno federal tras el operativo de ayer. Claro, la presidenta declaró, tras terminar su evento en la Laguna, que el gabinete de seguridad informaría al respecto. Pero la única información que recibimos (y probablemente al momento de leer este texto ya habrá pasado la mañanera de este lunes) fue mediante comunicados llenos de detalles, pero faltos de algo fundamental: comunicación.
La importancia de este operativo fue clara: la captura y posterior muerte de quien fuera el principal líder criminal en nuestro país, de una organización con presencia nacional e internacional y que, como demostró la extensión de los bloqueos, es capaz de intervenir impunemente a lo largo y ancho de nuestro país. La respuesta violenta motivó que los gobiernos de 9 estados suspendieran clases y otras actividades económicas y administrativas. Durante el día circularon imágenes, declaraciones y videos que alimentaban el miedo, la desinformación y la desconfianza.
En lugar de que la presidenta o el secretario de Seguridad Ciudadana informaran personalmente, comunicaran, se escudaron en textos impersonales. Lo que posiblemente sea la acción más significativa de este sexenio en materia de seguridad destacó por la orfandad, nadie dio la cara por ella. Aunque entiendo el porqué (dejarlo todo a la tribuna controlada de la mañanera), no lo comparto. Los vacíos tienden a ocuparse, como ocurrió este domingo. Fue un error y una irresponsabilidad social no dar la cara ante un país convulso por una acción concertada de miedo.
Además de insistir en la centralidad de la mañanera como espacio controlado por la presidenta para informar, también nos permite entrever otra cuestión sobre el manejo de crisis de su parte. Contra lecturas que quisieran dar a entender que la presidenta es marginada en los grandes actos de su gobierno, me parece preocupante que la imagen y el mensaje que transmite con su ensordecedor silencio es de indiferencia e indolencia. Distintas instituciones públicas y privadas hicieron eco de la preocupación social y decidieron brindar seguridad a la población, como también lo hicieron algunos gobiernos estatales. Pero la ausencia presidencial fue sepulcral.
Si la presidenta sólo puede dar la cara ante el pueblo en un espacio que ella controla, ¿qué confianza puede brindarnos? En un momento como éste, donde lo primero que necesitaba nuestro país es que ella emitiera un mensaje de seguridad y calma ante la crisis que produjo este operativo, lo único que nos dio fue un ensordecedor silencio. Más que ofrecernos una explicación, o una exposición que demostrara que su estrategia de seguridad funciona y brinda paz o seguridad, al no dar la cara permitió que el miedo y la vulnerabilidad dictaran nuestra lectura del operativo. Ante lo que se considera ya su principal logro en materia de combate al narcotráfico, lo último que debía ofrecernos era un silencio ensordecedor.