Un Quimby de carne y hueso

blogeditor · 4 de noviembre de 2013

Un Quimby de carne y hueso

Foto 1

Tiene 44 años de edad. Es, desde 2010, alcalde de Toronto. Antes de asumir ese cargo fue un concejal desordenado, misógino y racista. Cafre. Enemigo de las ciclovías. Verborreico e irascible.  Un borracho empedernido.

Quiso ser futbolista de la NFL. No lo logró. Sólo alcanzó su padre, un exitoso hombre de negocios, a colocarlo en campamentos de los Pieles Rojas de Washington donde fue rechazado.

[contextly_sidebar id=”a33fbd7efd8298118aeb810ac35c7bff”]El portal Gawker, y distintos medios canadienses e internacionales, le siguen la pista y divulgan las noticias que ya le han dado la vuelta al mundo. Su papel, cubriendo la investigación policiaca independiente bajo el comisionado Bill Blair, ha sido la de exhibirlo, en cada una de sus facetas, de cuerpo entero.

Toronto es la urbe más grande de Canadá; una de las ciudades más cosmopolitas e importantes del planeta. A Ford lo eligieron los votos mayoritarios de la población que se concentra en  los suburbios, cuyos valores contrastan con el progresismo multicultural que define a su centro urbano. Sus excesos y berrinches dejan mucho qué desear.

Aquí en foto con el neonazi Jon Latvis
Aquí en foto con el neonazi Jon Latvis

 

Con traficantes
Con traficantes

 

Su chofer y amigo se encuentra acusado de venta de droga y extorsión. Uno de los personajes que aparece en la foto de arriba fue asesinado y otro herido. La policía determina si el ofrecimiento de un video donde se puede observar a Ford fumando crack, tuvo que ver con este crimen.

El comediante estadounidense Jon Stewart se burla

La cara de Rob Ford choca de frente contra una cámara de video
La cara de Rob Ford choca de frente contra una cámara de video

 

De juerga por las calles de Toronto
De juerga por las calles de Toronto

 

La revista Now puso un artículo en su portada intitulado ‘La verdad desnuda de Rob Ford’, con fotoshops del alcalde en poses similares a las del político expanista Francisco Solís Peón alias Pancho Cachondo, quien en su momento, él sí, posó en taparrabos. Se ha convertido en hazmerreír de la opinión pública en cinco continentes; sigue en su puesto, pero se tambalea.

El diario Globe and Mail recapituló la truculenta historia y vínculos de la familia Ford con el mundo de las drogas. Un hermano, actual miembro del Consejo municipal, defensor acérrimo del alcalde (que ha confesado que quiere ocupar algún día su puesto), aparentemente era el principal dealer en Etobicoke, poblado donde crecieron a la sombra de un padre exitoso, empresario fallecido en 2006 que fundó una empresa de etiquetas que factura cien millones de dólares al año, y que también militó en el Partido Conservador que gobierna ese país en la persona de Stephen Harper.

Desde mayo de 2013, cuando se conoció por vez primera la noticia del video donde presuntamente aparece Ford drogándose con una pipa de cristal, renunciaron en cascada numerosos integrantes de su equipo. De nada han valido los ruegos y exigencias que renuncie. Él sostiene que no existen razones de peso para dejar el cargo.

Marion Barry. Cámara oculta
Marion Barry. Cámara oculta

 

Imagen reciente del político de 77 años
Imagen reciente del político de 77 años

 

La historia se repite. En 1990 Marion Barry, ex alcalde de Washington, DC, fue defenestrado después de la operación encubierta del FBI que lo filmó fumando una pipa de crack; Barry volvió por sus fueros, mantiene un alto perfil y jerarquía sobre los asuntos municipales como concejal. Incluso volvió a ser alcalde en 1995, a pesar de su encarcelamiento.  Luego entonces, Rob Ford posiblemente tenga futuro si llega a renunciar o es echado de la alcaldía de Toronto.

No es el único político canadiense que enfrenta problemas. La Unidad Anticorrupción canadiense (¿cuándo echa a andar la versión mexicana que prometió durante su campaña Enrique Peña Nieto? ¿Nunca?), arrestó a Michael Applebaum, alcalde de Montreal. Los cargos que se le imputan: corrupción en el ejercicio público.

Si bien es cierto que en el Distrito Federal tenemos a un asambleísta pillado en video recibiendo favores sexuales en su oficina cuando era delegado de Tláhuac, e innumerables cuadros cínicos y corruptos en el país, Toronto puede por ahora presumir el haber superado la marca con su edil en funciones. Rob Ford es un desastre. Su entraña autodestructiva compromete el futuro de ese gran centro social, cultural y económico.

De esa materia están hechos algunos líderes electos en las ciudades. Rebasando todos los márgenes de la cordura y el buen gobierno.

Cuando menos en Toronto la información se conoce, y se comparte. Ejercicios similares de introspección colectiva son aún escasos en México.

Fords on the radio

En su programa semanal de radio, conducido por él y su hermano Doug, un Ford contrito y desafiante reitera que se quedará al frente de la ciudad. Exige al jefe de policía que transmita el video que lo incrimina, a efecto de proporcionar elementos de juicio a la ciudadanía. ‘Por ahora, no puedo hacer comentario sobre el video’. ‘Eres honesto, nunca has robado’, secunda su patiño. ‘Voy a sobrevivir esta tormenta. Sigamos adelante’.

No se aventuran fuera de su burbuja autocomplaciente. Hablan sobre John Travolta a propósito de la canción de los Bee-Gees que se escucha después de la pausa comercial; luego a otros temas. ‘Hemos hecho grandes cosas. Necesito reelegirme otros cuatro años. Garantizo que voy a cambiar’. Tentativa fútil. Self-deception.

Felicita a los Medias Rojas por haber obtenido la Serie Mundial en su estadio. ‘Las Hojas de Maple están jugando muy bien al hockey; también los Raptors el basquetbol’, etc. Desliza que los medios, enemigos de su causa, comparten la culpa. Su hermano lo ensalza. ‘Trabajamos para la gente’. Nada de dejar de cumplirle a los electores de Toronto, así fuese de manera provisional, para rehabilitarse. Falta ver cómo responden. Sin su apoyo, el bufón Rob Ford tiene los días contados como titular de la alcaldía.

Entran llamadas pro y contra a cabina. Ford no sabe, o quiere, defenderse. Tomó la decisión de quedarse y ya piensa en repetir en el cargo ‘para completar el gran trabajo’ (Doug dixit). Una radioescucha sensata, que dice tener 81 años de edad, pone el dedo en el renglón. Le exige que se retire voluntariamente del gobierno, reprochando al hermano por ser su principal facilitador (enabler). Respuesta predecible de ambos. ‘Falso’. ‘Tiene la paciencia de Job (sic). Quiero aclarar algo. Rob Ford no llega al trabajo medio borracho’. No muy tranquilizadoras palabras del hermano. Añade el susodicho, sin el menor dejo de ironía: ‘Sin duda, soy el mejor alcalde que ha tenido esta ciudad’. Doug utiliza la tercera persona del singular: ‘Es un político interesante: como ningún otro en Norteamérica’. Alguien telefonea para acusar a los medios locales y adular al anfitrión, comparándolo con John F. Kennedy.

Norman Mailer escribió alguna vez que para él George W. Bush era un gamberro consumado (lout); sostenía que se notaba su impronta en el prestigio y sucesivas políticas públicas de su país. Lástima que no haya conocido al alcalde de Toronto.

Por lo pronto Rob Quimby Ford no se irá hasta que las circunstancias lo obliguen (‘mi nombre seguro aparecerá en la boleta electoral el año próximo’). Nada nuevo bajo el sol. Con su muy particular actitud y talante, se asemeja a nuestra propia clase política: omisa e irresponsable. Una que se engaña permanentemente a sí misma. Esperemos que no se traslade este singular síndrome a la sociedad entera.