Un planeta llamado Bradbury

blogeditor · 21 de agosto de 2020

Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya.

Ray Bradbury

 

Tiene cara de que fue una buena persona, ese tal Bradbury. O no. Quizá habría que cavar muy hondo en la psique de aquel hombre dueño, según se cuenta, de una seguridad pasmosa en sí mismo, para atar los cabos necesarios que le llevaron a retratar escabrosos tipos de sociedad humana del futuro de la forma en que lo hizo: enfrentándola a sus más oscuros demonios, como es el caso en “Crónicas marcianas” o llevada al clímax de la involución autoritaria, tal como ocurre en la también celebérrima “Farenheit 451”. Habitante de un universo en el que la suya era voz central, referente imaginativo de una infancia poblada de relatos fantásticos y lecturas envolventes, Ray Bradbury fue ante todo un innovador. Si Isaac Asimov era un hombre curtido en conocimientos científicos y Arthur C. Clarke un divulgador visionario, Bradbury poseía la capacidad de ir siempre más allá en los extensos límites que bordeaban su imaginación, imaginación fulgurante que construyó ficciones a las que el tiempo transcurrido desde su publicación original les ha agregado paulatinamente un inquietante componente de realidad: viajes en el espacio -y el tiempo- nunca exentos de problemas, ataques políticos al desarrollo de la inteligencia y la libertad, acciones irresponsables cuyas consecuencias se adivinan invariablemente funestas y, en fin, una cauda de hitos sociales que plasmados por su pluma incansable (se sabe que el autor tenía por costumbre no irse a la cama sin haber escrito antes por lo menos media cuartilla) se leen siempre novedosos y revolucionarios.

Haber muerto hace ocho años dejó a la curiosidad natural de Ray Bradbury en el límite de haber conocido, con el absurdo poderío que hoy tienen, las redes sociales y en la rayita de haberse habituado al manejo de los gadgets que hoy vuelven locos casi a todos; sin embargo, en sus relatos es posible identificar algunos de los puntos más reconocibles de nuestra contemporaneidad, de ahí su valor y su fulgurante actualidad: no olvidar que, por ejemplo, en “Farenheit 451” los monitores televisivos han sustituido el espacio natural de los libros y que la sociedad mira aquella masificación como natural y hasta benéfica y que, por otra parte, en entrevista concedida para el diario ABC y referida por la colega Paula Corroto para el diario El Confidencial el escritor declaró, ya instituido como leyenda literaria, que algún día nos hemos de hartar del internet y por ello regresar a los diarios y las viejas lecturas en papel, para iluminarnos la vida con la vieja sutileza del impreso y no con la violenta brillantez de la pantalla.

“Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya” fue quizá el punto número uno en la declaración de principios autorales de Ray Bradbury, el hombre que temiendo siempre por el destino incierto de la especie alcanzó a dejar inscrito su nombre en un asteroide y que, quizá con los años que ajustarán su legado al futuro, algún día bautice un planeta hoy inexplorado.

@elimonpartido