blogeditor · 7 de noviembre de 2011
Por: David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido.
La crisis de la zona del euro ha tenido un escalofriante efecto en las principales economías de todo el mundo; y se ha sumado a las presiones sin precedentes que aquejan a la economía global. No obstante las dificultades, confío en que podemos resolver las crisis, y al mismo tiempo salir de ellas con una economía más fuerte y fundamentalmente más justa. Mi argumento tanto en mi país como en la reunión del grupo de las 20 mayores economías en Cannes, es que únicamente podremos hacerlo si todos coincidimos en tres aspectos: hacer frente a nuestras deudas; fortalecer la competitividad de nuestras economías; y liberar el comercio global. Quisiera abordar cada uno de ellos.
Primero, confrontar nuestras deudas. Quienes siguen en favor de abandonar nuestro plan de reducción del déficit debían reflexionar en torno al viaje que ha emprendido este país. Comenzamos la caída con el mayor déficit estructural del G7 y salimos de ella con el pronóstico del déficit más grande en el G20. Y gracias a los sus creíbles planes, este gobierno ha propiciado que tengamos tasas de interés en el mercado de apenas 2.5% -la mitad que las de España o Italia. A principios de este mes, la misma agencia calificadora crediticia que bajó la calificación de los Estados Unidos confirmó la nuestra como Triple A. Ha costado mucho trabajo ganar esta confianza; y se podría perder fácilmente. Como lo dejó muy claro Standard & Poor’s, la mayor amenaza a la confianza la constituiría cualquier vacilación del compromiso de la coalición ante la consolidación fiscal. Pero empresas, inversionistas y familias pueden tener la seguridad de que no dudaremos. Mantendremos el curso.
Necesitamos ver esa misma decisión en la zona del euro. El acuerdo alcanzado en Bruselas marcó un buen avance, pero se tienen que decidir los detalles fundamentales en las próximas semanas –en torno al refuerzo para el rescate, la recapitalización de los bancos europeos y la solución de la crisis de la deuda de Grecia. Forjar una ruta clara hacia adelante es parte fundamental de los intereses nacionales del Reino Unido, razón por la cual ejerceremos presión en busca de más avances en el G20 en Cannes.
Segundo, mostramos objetivos consistentes al fortalecer la competitividad del Reino Unido: elevar la edad de pensión, bajar los impuestos corporativos, rediseñar el sistema de asistencia social de modo que el trabajo marque la diferencia; y en su informe de otoño, el Ministro de Finanzas establecerá en mayor detalle nuestro nuevo programa de créditos. Nuestro objetivo se centra principalmente en actualizar nuestra infraestructura. Este año el Reino Unido ocupó el sitio 28 en las listas internacionales. En lo que se refiere a la productividad a futuro, este déficit de infraestructura es algo tan serio como nuestro déficit presupuestal. En lo tocante a la creación de empleos, resulta crítico arrancar los proyectos.
En demasiadas ocasiones los proyectos quedaban estancados a causa de restricciones de planeación, obstrucción de financiamiento o por cargas regulatorias. Así que este otoño el gobierno ha emprendido una amplia misión para destrabar el sistema y poner en marcha los proyectos. Hoy, este lunes, daremos luz verde a dos plantas eléctricas en el norte de Inglaterra – en Ferrybridge y Thorpe Marsh – mismas que significarán más de mil empleos en la industria de la construcción. Y recibimos con agrado otro importante proyecto de infraestructura, con el anuncio de BT de que concluirá su despliegue de banda ancha de súper-alta velocidad hacia finales de 2014, lo que significa la contratación de más de 500 ingenieros.
Y tercero, hemos mostrado una perspectiva común para destrabar el comercio global. En el marco de la reunión del G20 presenté el argumento de que las políticas que únicamente ven hacia dentro y buscan empobrecer al vecino no benefician a nadie. Aunado a lo anterior está el argumento de los desequilibrios comerciales. Estos desequilibrios están creciendo otra vez, y bien sabemos por las experiencias recientes, lo peligrosos que pueden ser. Por eso debemos ejercer presión por una economía mundial más equilibrada, en la que países como el Reino Unido lo mejor que pueden hacer es ahorrar e invertir y restaurar su competitividad, y que las economías superavitarias en comercio aumenten su consumo interno. Se trata de una economía mundial más fuerte para todos –y no podemos cansarnos de construirla.
Pero principalmente, lo mismo en nuestros países que en el plano internacional, debemos desterrar el miedo y el pesimismo que pueden convertirse en profecías cumplidas en los mercados globales. En cuanto al Reino Unido, hay mucho de dónde inspirarse. El año pasado el comercio bilateral con India creció 20%. Nuestras exportaciones a China han aumentado 40% – y hace poco firmamos con ellos acuerdos comerciales por £1,400 millones. No importa cuáles sean los obstáculos, seguimos teniendo varias de las mejores universidades del mundo, el huso horario más favorable del mundo y la principal lengua del planeta. Creo con toda pasión que la economía global nos presenta oportunidades, no amenazas, y que debemos aprovecharlas.
Pongamos todo lo anterior en conjunto y tendremos un plan coherente a largo plazo para sentar las bases para un mejor futuro. La meta no es sólo un crecimiento fuerte. Durante mucho tiempo la economía británica se ha caracterizado por injusta y desequilibrada; con un pensamiento a corto plazo y sólo enfocándose en ganancias de corto plazo.
Nuestra ambición es construir una nueva y mejor economía –donde la oportunidad, la riqueza y el trabajo se difundan más ampliamente; donde los que trabajan arduamente y se sujetan a las reglas, reciben lo mejor. No habrá atajos para el éxito. Pero esta coalición está decidida a hacer lo correcto para el país, de modo que no sólo logremos sortear el temporal internacional, sino que lleguemos aún más fuertes al otro lado.