Mala Madre · 17 de mayo de 2011
En el libro de texto Español Actividades de tercer grado de primaria hay una lectura titulada “Pita descubre una nueva palabra”. La generación que cursó a mediados de los 70 la debe recordar. ¿No? Pues la siguen editando. La palabra es palitroche.
Llevo algún tiempo sintiéndome como Pita, porque igual que ella he descubierto un nuevo significado a la expresión ama de casa. Después de meses de cavilaciones he caído en la cuenta que este término ha pasado de ternurita a la categoría de insulto.
En 12 años de maternidad he encontrado que las más ofendidas no somos las amas de casa sino algunas profesionistas, muchas de ellas con doble jornada, que se infartan cada vez que se encuentran con una mujer dedicada a sus hijos de tiempo completo. ¿Cómo? ¿No se habían extinguido?
Siempre me ha dado la impresión que, para algunas personas, que una decida quedarse en casa atenta contra el movimiento feminista, así haya sido una decisión propia respaldada por un acuerdo económico con la pareja. Autonomía financiera, pues. Más de un siglo de lucha para que ésta quiera quedarse a cambiar pañales. Se pasa.
El siguiente comentario es “tanto estudiar para nada, pobre”. Por supuesto, no te lo dicen de frente ni en voz alta. Más bien se trata de cierto levantamiento de ceja, de cierta expresión de “aaah, ya entiendo”, ¿ven? Tengo rato preguntándome de dónde viene esta condena social soterrada de parte de algunas mis congéneres. A ver: estamos formando seres humanos, ¿en qué momento esto se volvió despreciable?
Contradictoriamente, si alguien más hace este trabajo por ti, está bien. Puede ser la guardería, la abuela, una nana profesional o la señora del servicio doméstico. Que le pagues a alguien para que cuide a tus hijos parece dignificar este trabajo en particular. Que lo hagas tú, no.
Entiendo que el fondo de esto tiene que ver con la lucha ancestral por el derecho de la mujer para hacer lo que quiera de su vida y no sólo quedarse en casa, y que el meollo del asunto es la autonomía financiera; no pretendo insultar la inteligencia de nadie. Pero ése es justamente mi punto: yo lo decidí. Y hay gente a la que no le parece.
Para que una pueda quedarse en casa en los términos planteados, tienen que darse una serie de condiciones que lo hagan posible. Primero, básico e indispensable, un ingreso familiar que lo permita. Segundo, autonomía para decidir los gastos de la casa. Y tercero, acuerdo y relación de equidad con la pareja.
Alguna vez alguien me dijo también que si una se quedaba en casa tenía entonces que asumir las tareas propias del hogar. Confieso que no lavo ni plancho, porque tengo lavadora y servicio doméstico, y si llego a cocinar hago cosas simples y sencillas… como infinidad de mujeres que trabajan, solteras o casadas, con hijos y sin hijos.
No sé cuántas veces las amas de casa hemos escuchado la siguiente pregunta “¿y entonces qué haces todo el día?”. Sólo el que no ha trabajado con niños o adolescentes no entiende el esfuerzo físico y mental que requiere estar con uno de tiempo completo. Y no es queja, porque lo hago con gusto. Simplemente dejo en claro mi punto.
¿Qué hacemos en las mañanas? Siempre hay algo, burocrático o lúdico, para la casa o para uno misma, que nos permite prepararnos física y mentalmente para el vendaval que tiene uno que afrontar en cuanto los hijos salen de clases. Cuentas que pagar, cosas que arreglar, trámites que hacer, libros que leer, estudios que cursar, amigas con quiénes platicar y hasta películas que ver. Sí, nos lo merecemos.
Hay incluso quienes nos consideran fondongas, frívolas y hasta iletradas por quedarnos en casa. Tengo un amigo que en esto se lleva las palmas, tal y como me lo planteó un día: no trabajar y quedarse en casa con los niños atrofia el cerebro. Hay que hacer algo para mantener la mente activa.
Veamos: que alguien le explique a este cuate el proceso mental que requieres para resolver de manera civilizada una contienda verbal entre dos niñas de 9 y 11 años, que se están peleando por ver quién tiene la razón sobre cuántos viajes hizo Cristóbal Colón al nuevo mundo. O cuántas neuronas se activan cuando ves que un grupo de escuincles está agrediendo por face a la niña de tus ojos y tú tienes que elaborar una estrategia para ayudarla a defenderse sin intervenir de manera directa. Y no hablo de pegar un grito, ¿ok?
Una vez escuché decir a la esposa de otro amigo que ella prefería trabajar en lugar de quedarse en casa, porque luego le iban a reclamar no ser buena madre. Pensé entonces y pienso ahora que una como madre jamás va a quedar bien con los hijos, lo eduques tú o la señora del aseo. A una sólo le queda hacer su mejor esfuerzo en la medida de lo que consideres correcto y de la realidad que te tocó vivir.
La próxima vez que alguien me tuerza la boca porque se entere que estoy dedicada de tiempo completo a mis hijas, tomaré aire y reviraré: ah, y tú eres uno de esos palitroches…