Un “monstruo” llamado matrimonios abiertos

Mayra Zepeda · 30 de septiembre de 2013

Un “monstruo” llamado matrimonios abiertos

“Es un poco aterrador aceptar ante ti y ante tu pareja el hecho de que tal vez todos tenemos necesidades físicas y emocionales que una sola persona no puede satisfacer al 100%. Tener un matrimonio abierto y aceptar nuestros límites –en cuanto a qué tanto podemos hacer feliz al otro, completarlo- es tener la oportunidad, tal vez, de ser más feliz con uno mismo y con tu pareja. Sin embargo, por muy bien que suene en teoría, todavía me da miedo el concepto de los matrimonios abiertos. ¿Por qué? Tal vez aún no puedo deshacerme de la idea de posesión en el amor y del estúpido y bello sueño de la posibilidad de encontrar (y ser) alguien que puede hacer a una persona enteramente feliz”.

[contextly_sidebar id=”ecf4d9e1c2ff3f2ac9708dc08280615a”]Así le respondí a Gint Aras al leer su texto “Equating love with possession” (Equiparando amor con posesión) en The Goodmen Project. Después de mencionar el cuento “Mojave” de Truman Capote –incluido en Música para camaleones- y de compartir el debate que desata entre sus alumnos de Inglés, la conclusión de Aras es incisiva: “nos enseñan que nuestros amores son personas que TENEMOS, jugadores en un panteón donde nosotros somos monarcas. Me pregunto qué se puede hacer para cambiar esta presunción cultural. ¿Cómo cambiaría nuestra salud y satisfacción si pudiéramos encontrar un camino para transformarla? ¿Por dónde comenzar?”

Veamos cómo anda mi país.

México es una nación con 112 millones 336 mil 538 personas, según los resultados del censo elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 2010. Con datos en mano se puede asegurar que la mayoría de la gente en este país es católica -92 millones 924 mil 489 personas- y que sólo 5 millones 262 mil 546 dicen no profesar religión alguna (los millones que faltan corresponden a mexicanos protestantes, pentecostales, cristianos, evangélicos, etcétera).

Con razón, la idea de los matrimonios y las relaciones abiertas todavía no es bien recibida en México. En los esquemas de la religión católica no hay lugar para la posibilidad de tener un compromiso con una persona y poder, aun así, relacionarse con otras de manera sentimental o sexual.

¿Por qué se ve con malos ojos esta dinámica?

Para Carlos es cuestión de celos. Aunque respeta a las personas que deciden tener relaciones y matrimonios abiertos, su lógica le dice que si su chica necesita otra pareja es porque no la satisface. “He escuchado a muchas personas decir que la monogamia es una cosa retrógrada y que las personas que tienen relaciones abiertas son más felices. Es algo muy primitivo, pero no quiero que mi chica esté saliendo y acostándose con otros, nomás no me checa. ¿No le gusto, por qué lo haría?”

A Sergio tampoco le agrada la idea, pero acepta que si alguien lo practica y le satisface, “está bien, se trata de hacer lo que te gusta”. Sin embargo, él sabe que no podría mantener una relación abierta y dice que “el ser humano es posesivo por naturaleza, siempre va a querer algo para sí nada más. De cierta forma la idea de pareja es eso, exclusividad tanto emocional como sexual”.

Fernando ve peligrosa la idea de los matrimonios y relaciones abiertas porque asegura que uno siempre involucra sentimientos. Aunque la pareja hable y consensúe que podrán tener aventuras con otros individuos, eso “no evita que haya situaciones en las que puedas querer estar más con otra persona que con tu pareja”. Por ello, Fernando no tendría una relación abierta, “siempre viviría con el temor de encontrar a alguien más que pudiera sustituir el amor que tengo con mi pareja. O más allá, que mi pareja descubra otra persona”.

¿Y qué dicen las mujeres?

A Karina le parece comprensible y hasta práctico que si estás en una relación sin tantos compromisos –un noviazgo, por ejemplo- puedas llegar a acuerdos con tu pareja y permitirse estar con otras personas. Pero no para ella, quien acepta que sus principios “son muy apegados a la forma de fidelidad como la conocemos mi generación, el lugar donde vivimos y crecimos (México)”. ¿Apertura de este tipo en un matrimonio? Karina cree que es absurdo: “te estás comprometiendo no sólo en la parte afectiva y sexual, sino también estás tomando como base ese contrato para poder hacer una familia, tener un plan a futuro con esa persona. Me parece muy absurdo que quieras mezclarlo con otras personas”.

Cynthia plantea una idea interesante: “¿Por qué necesitarías llenar los vacíos de tu relación con otras personas?” Y comparte la experiencia de una pareja de tíos homosexuales que llevan juntos 40 años no por amor, dice, sino por dependencia. Uno de ellos está en silla de ruedas y no puede tener sexo. El otro, más joven, “está entendido” que puede tener sexo fuera de la relación. Como nunca los ha visto ser cariñosos e íntimos, Cynthia dice que siguen juntos porque dependen el uno del otro. Tim depende de John para limpiar la casa, bañarse, y esas cosas cotidianas que no puede hacer solo, y John depende de Tim por su fortaleza económica. “Culturalmente tenemos un esquema de familia”, dice Karina. Y luego acepta: “bueno, hay cuernos y lo que quieras, pero culturalmente no estamos tan abiertos para buscar ese esquema de relaciones”.

Para Yunuen, las relaciones y matrimonios abiertos suenan “inconcebibles”. Sí, sí respeta que haya personas que lo practican, les funciona y son felices (aunque no conoce a ninguna), pero para ella un compromiso abarca cuerpo, mente, todos los aspectos. Las dinámicas de las relaciones abiertas “no están en mis esquemas (…) pero tampoco puedo decir que las personas que viven ese tipo de relaciones no tienen amor. Digamos que su concepción de amor es muy diferente a la mía”. Yunuen cree que en México estas relaciones son más comunes de lo que creemos, pero aún no se ventilan mucho por el “tache social” que la gente impone.

Cuando le pregunto a Dolores qué piensa sobre los matrimonios y relaciones abiertas me ve con ojos fulminantes y ceño fruncido. Es la más grande de los entrevistados, tiene casi 60 años y un matrimonio que roza las cuatro décadas. Tajante me responde un “para mí eso no existe. Si estás con una persona, ¿por qué tienes que estar con otra?” Después de pensarlo un minuto, dice un frío “no se me hace higiénico”. ¿Son comunes esas relaciones en México? “¡Ja!”, contesta burlona. “Claro que sí, nomás que no lo ventilan por conveniencia”.

En este país, la tendencia a contraer matrimonio se comporta como una montaña rusa. Según datos del Inegi, en 1990 había 642 mil 201 matrimonios registrados, en el 2000 se dio un repunte a 707 mil 422, en 2010 volvieron a bajar a 568 mil 632 (con 689 entre personas del mismo sexo) y en 2011 subieron a 570 mil 954 (con 802 matrimonios homosexuales).

¿De estos matrimonios, cuántos serán abiertos? No sabemos.

De los entrevistados, Felipe es el único que, en situaciones distintas, aceptaría y no, tener una relación abierta. Veamos.

Si Felipe estuviera muy enamorado de alguien y todo fuera “perfecto, genial”, con excepción del sexo, “no sé, ambos somos pasivos, o no hay química”, sí intentaría tener una relación abierta para continuar con su pareja, pero sin descuidar el aspecto sexual.

La cosa cambia cuando a Felipe se le pregunta que si haría lo mismo si tuviera una pareja con quien disfruta todo, sexo incluido. Ahí no, “desde luego que no. Soy demasiado territorial. No me gustaría que la persona con la que estoy disfrute con alguien más. Es para mí y nada más para mí”.

La otra realidad

Aunque la mayoría de los entrevistados vio con recelo y reservas las relaciones y matrimonios abiertos, hubo dos que admitieron estar en estas dinámicas.

Ellas son mujeres inteligentes, guapas y seguras de sí mismas. Así las percibo. A una la conozco personalmente y a la otra todavía no, pero sé que pasará pronto.

Marisol lleva cinco meses en un noviazgo abierto y dice que hasta el momento le ha funcionado. Para ella, “las relaciones abiertas son una manera de no hacerte tonto”. Esta chica admite que “todos en algún punto nos sentimos atraídos tanto intelectual como físicamente” (por otras personas), y que con una relación abierta “no te reprimes ni tampoco estás expuesto a que te pongan el cuerno”.

Pero ojo. Tampoco es que las relaciones abiertas sean un remanso de paz, tranquilidad y seguridad. “No son para cualquiera”, dice Marisol. “Aunque las cosas se planteen desde el principio y la base de todo sea la confianza y la honestidad, los celos siempre, siempre van a estar presentes. La cuestión es manejarlos y valorar qué es lo más importante, qué te hace estar con esa persona y que eso siempre sea más fuerte que andar con otros”.

El caso de Thalía es más complejo. Un éxito que se construye diario y que, desde mi punto de vista, no sería posible sin la calidad de autoconfianza que esta mujer maneja. Y libertad.

Ella dice que la fidelidad, como la plantea el matrimonio judeocristiano, es imposible, una utopía, “así que más vale unirse al enemigo (la infidelidad) y compartirla en pareja como una modalidad de aventura consensuada”.

Lo que Thalía y su esposo hacen es contarse sus aventuras y capitalizarlas porque los excitan, los unen a ellos dos, a solas, en el dormitorio.

“Hay que tener mucha seguridad en ti misma, en que tu pareja siempre va a regresar a ti y que si no, pues qué pendejo es porque tú eres su mejor opción y va a estar muy difícil que encuentre a otra persona tan valiosa, además de que le entre a otro tipo de aventuras”, afirma. (¿Ven por qué es necesario tener un buen nivel de autoestima y autoconfianza?)

A Thalía le parece un gran acto de amor compartir sus fantasías con su esposo y ejecutarlas de manera consensuada. “Es un gran acto de amor abrir tus fantasías y saber que están en buenas manos, que no te van a lastimar, que te van a acompañar a llevarlas a cabo y que tu intimidad con todo y sus perversiones están en buenas manos”.

Cuando Thalía y su esposo empezaron a experimentar, a su marido le daba mucho remordimiento por sus hijas (tienen dos). Decía que qué vergüenza con ellas, “como si nuestra sexualidad nos hiciera peores personas ante ellas”. Fue ahí cuando Thalía le dijo a su esposo que se relajara, que su intimidad era privada, una cosa de dos, y que no influía para nada en su paternidad.

Lo que sí recomienda Thalía, cuando una pareja tiene hijos, es ser muy discretos porque “sí sería terrible para los hijos cacharte”.

Ella, como Marisol, admite que también puede ser una dinámica peligrosa: “siempre estás jugando en la delicada línea entre lo placentero y lo doloroso”. Siempre –y lo escribe con mayúsculas- estás expuesto a lastimar, a que te lastimen, a enamorarte de otro, a que tu pareja se enamore de otra, “pero eso no tiene nada que ver con ser abiertos, eso le puede suceder a cualquiera y hasta me atrevería a decir que más a un matrimonio súper cerrado y conservador”.

Estoy de acuerdo con Thalía. Estar en un matrimonio o relación tradicional no te pone a salvo de nada. Nadie está en una caja de cristal, nadie te asegura que tu pareja o tú no se enamorarán de otra o no tendrán sexo con alguien más. Recuerdo la historia de una chica que estaba convencida que su relación formal marchaba de maravilla, hasta que fue al ginecólogo y le detectaron una enfermedad de transmisión sexual. No podía ser de otra forma (ella no había tenido sexo con nadie nunca, sólo con él): su novio tenía relaciones con alguien más y todo era un secreto.

“Mi marido me cuenta unas historias de terror de infidelidad de sus cuates y yo me siento segura de que él y yo sí nos decimos la verdad”, explica Thalía.

¿Y por qué no es común la idea de los matrimonios o relaciones abiertas en México? Según Thalía, “queremos todo sin pagar el precio: honor de monógamos y poner el cuerno por detrás”.

Thalía cita a Dan Savage, autor del blog Savage Love, quien dice que lo ideal para una pareja es ser “monogamish”: monógamos la mayor parte del tiempo, pero con la posibilidad de tener experiencias sexuales con otras personas e incluso compartirlas con la pareja. “Yo coincido”.

La cosa es que ser “monogamish” tampoco te asegura que estarás libre de peligro alguno y el mismo Dan Savage lo dice: “el mayor riesgo en una relación de este tipo es que tu pareja se involucre emocionalmente con otra persona”. La infidelidad emocional, que le llaman.

Éstas son las ventajas y desventajas de una relación “monogamish”, según Dan Savage:

Dan Savage: The Risks Of Being Monogamish from The Dish on Vimeo.

En las relaciones, sean formales o abiertas, no queda otra cosa mas que confiar. Toda relación humana es un acto de fe.