blogeditor · 12 de agosto de 2015
El título de este artículo son las palabras del líder de la mayoría en el Senado de Estados Unidos, Mitch McConnell, quien es senador de Kentucky, acerca de la decisión del Presidente Barack Obama de regular las emisiones de efecto invernadero. Tales palabras no son un elogio, con ellas se critica la “mano dura” del presidente y de antemano son una señal del camino plagado de dificultades que tendrá Obama para implementar la normatividad propuesta –La Agencia de Protección Medioambiental Estadounidense (EPA, en sus siglas en inglés) emitirá las reglas usando su autoridad bajo la Ley de Aire Limpio, lo que significa que Obama no tiene que buscar la aprobación del Congreso, pero el bloqueo puede venir por los tribunales.
¿Qué fue tan escandaloso en la propuesta de Obama para que el senador formulara tales palabras? Simplemente haber aumentado las metas de reducción de emisiones del 30%, que había recomendado la EPA, al 32%. Este compromiso recae especialmente en las empresas del carbón. De aquí que McConnell salga al paso, pues su Estado es rico por su carbón. Más allá del asunto puntual de las dificultades que surgen para las empresas norteamericanas que tienen emisiones indeseables ¿por qué McConnell plantea tal dicotomía entre legado verde y economía del crecimiento? ¿Es acaso imposible que se tengan ambas cosas? Las palabras del senador de Kentucky nos sirven para analizar las dificultades que existen para sacar adelante propuestas de regulación de emisiones que causan el cambio climático cuando chocan frontalmente, la mayoría de veces, con los intereses de un sector que es sensible a estas medidas y ahora se siente fuertemente apaleado por la crisis económica mundial, en especial con la caída del precio de las materias primas.
Desde ya un candidato Republicano a la presidencia, Jeb Bush, ha mostrado su descontento a las medidas ecológicas llamando a Obama “irresponsable”, porque considera -al igual que McConnell- que el impacto en la economía como en el empleo va a ser negativo. ¿Lo que indica es que ambos actores de la política norteamericana están poniendo por encima del valor ecológico de la propuesta de Obama, el del crecimiento del sector empresarial sin trabas? No. Ambos políticos están de acuerdo con que las medidas de Obama son populistas y no tienen que ver con un real cambio de las condiciones que llevan al calentamiento global.
[contextly_sidebar id=”jbCQeWFKxVcxVtzEZkxIxz3sesoSblWo”]Si tienen razón los dos republicanos, Obama está simplemente tejiendo un escenario para otra cosa que no es precisamente un asunto ecológico, sino electoral y de imagen. Si es así, no es esencialmente un legado verde lo que desea, sino la apariencia de tal y un tercer gobierno demócrata. ¿Qué apoya esta interpretación? Por un lado la visita que Obama va a realizar al Estado de Alaska en este mes y la visita del Papa Francisco en septiembre; por otro lado, la falta de una política pública contra el cambio climático que no genere daños a la economía. Veamos ambos elementos, sin duda el tema de la reducción de emisiones ha sido un asunto de años y que ocurra en este preciso momento, en el que se están configurando las condiciones para los primeros debates en las Primarias presidenciales en Estados Unidos, despierta las suspicacias, así que no es descabellado que se quiera tener del lado Demócrata a un Estado como Alaska, que reiteradamente ha hecho un llamado a tomarse en serio los protocolos internacionales al respecto. Tampoco el eventual pronunciamiento conjunto con un Papa tan popular a nivel mundial que ha salido al ruedo político con el énfasis en el tema ecológico, como quedó plasmado en la encíclica Laudato si.
Parece que podemos estar de acuerdo en que hay un elemento de estrategia política en estas medidas ecológicas. Pero no es algo que ocurra específicamente para tales eventos, pues esto se viene cocinando desde que en Beijin se firmó un acuerdo entre China y EE.UU. para comprometerse con la reducción de emisiones (China el 20% para el 2030, EE.UU. 26%- 28% para el 2025, en relación a las emisiones del 2005) en el marco de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). El tema delicado es el segundo elemento que supuestamente justifica acusar a Obama de oportunista e irresponsable. ¿Es posible tomar medidas ecológicas para frenar el cambio climático sin tocar el desarrollo económico? ¿Tener al tiempo el legado verde y una economía de crecimiento? Los dos republicanos parecen de acuerdo en que es posible, pero Obama lo está haciendo mal. Una de las razones es que llevará a que aumenten las tarifas de la electricidad y que los sectores más pobres se encuentren sin los recursos para mantener su canasta familiar. Por otro lado, los grandes beneficiarios son los estados costeros demócratas, liderados por California, para aumentar en gran medida el uso de la energía renovable. Pero para aquellas partes del país todavía muy dependientes del carbón, casi todos ellos estados gobernados por republicanos en el Medio Oeste, Great Plains y el Sur, las reglas forzarían una transición económica importante que muchos funcionarios electos han prometido resistir.
Esto significaría que las medidas de Obama claramente están parcializadas hacia la zona política del país a quienes más les favorecen. Pero ¿hay alguna alternativa a esas medidas? ¿Es posible una versión de desarrollo económico verde? A esa opción podríamos llamarla con Latour ecomodernismo. Una extraña monstruosidad que fundiría las paradojas de la modernidad y las maniobras ecologistas para frenar los daños generados en la modernización. Ese ecomodernismo sería un extraño híbrido que aún no sabemos si se engendrará de las políticas de Obama o de los republicanos, de hecho no sabemos si alguien lo podrá procrear. Es en suma, la gran incógnita sobre la posibilidad de crear un escenario ecológico en medio de nuestra forma actual de economía. La propuesta de Obama y el ataque de los Republicanos abre la cuestión si alguno de ellos tiene una opción que pueda dar respuesta a los desafíos ecológicos mundiales en medio de una crisis económica mundial.
* Giovanni Algarra Garzón es integrante del Grupo Bioética UNAM.