Un Jarrett de manos quietas

blogeditor · 23 de octubre de 2020

“No me da miedo reconocer que algo mío es bueno, no soy un cobarde”.

Keith Jarrett

 

El primer encuentro con la música de Keith Jarrett es avasallador. Tiene que serlo. Basta poner cualquiera de sus casi noventa discos (noventa: existen años en los que el músico ha grabado hasta cinco álbumes) para verse atrapado en una cauda de notas que provienen, en un porcentaje alto, muy alto, de su genio improvisador y capacidad inmensa para generar melodías de manera prácticamente natural. Para Keith Jarrett tocar el piano ha sido (como lo constata, solo por poner un ejemplo, uno de sus discos más ovacionados, el celebérrimo Köln Concert, que ya en 1975 colocaba al músico como uno de los más grandes ejecutantes de todos los tiempos) un acto instintivo que suele acompañar en sus conciertos -y en muchas de sus grabaciones- con canturreos y susurros que a lo largo de las muchas décadas dedicadas al trabajo le han construido una reputación de artista genuino: uno que funde las barreras de la interpretación en favor de producir un sonido único. El sonido Jarrett, acompañado por una voz proveniente de lo más profundo del autor en muchísimas partes de su extenso repertorio.

Keith Jarrett no ha de tocar más, según la entrevista exclusiva de la que ha dado cuenta The New York Times esta misma semana. Un par de derrames cerebrales han conseguido poner fin de manera rotunda a una carrera que, independientemente de la pausa que el músico se tomó durante los noventa para reponerse del síndrome de fatiga crónica que los médicos le descubrieron, se caracterizó siempre por su productividad: desde los inicios de su carrera con la aparición de Buttercorn Lady, de 1966, prácticamente no hay año en el que el estadounidense no hubiese lanzado algún nuevo trabajo. Pero el universo cerebral de Jarrett ha colapsado y el intérprete de composiciones de gran formato -algunas de las cuales superan los veinte minutos de duración- tiene problemas para manejar sus manos, particularmente la izquierda y con ello el fantasma del retiro se ha apropiado de golpe del ánimo de quien en alguna ocasión declaró “tocar solo es algo absorbente: es como si yo fuera tres personas diferentes, una está escuchando, una está tocando y la tercera está creando”, para rematar su reflexión apuntando “(mientras toco) se puede hablar de una experiencia espiritual y emocional, pero el asunto en su conjunto es más misterioso de lo que nadie piensa”.

Entristece saber que una parte consustancial al ser humano llamado Keith Jarrett se ha apagado (¿cómo lucirá dentro de su casa en el campo el piano que el maestro ya no puede disfrutar?), pero al mismo tiempo alegra saber que su genio aún alumbra la escena del mejor jazz de todos los tiempos.

@elimonpartido