Un excesivo consumo de medicamentos

blogeditor · 26 de enero de 2016

Un excesivo consumo de medicamentos

Por: Germán Novoa Heckel

El mercado de genéricos (no solo en México) está en el auge más aparatoso de su historia, para beneplácito de unos y preocupación de otros. Las ventas para nuestro país en 2015 son de tal manera elevada, que disputan el primer lugar en ventas de genéricos a nivel mundial. ¿Es este un nuevo hito para nuestra población que debamos celebrar? (Marcas mundiales, por cierto, de dudoso mérito, que encontramos cada vez con más frecuencia en este mundo de valores trastocados y de aspiraciones de dudoso provecho, como veremos más adelante).

No tengo problema con los genéricos: los celebro y entiendo que son una bendición (si me permiten este adjetivo, por demás ilustrativo) para quienes no disponen de los recursos para el desembolso de un medicamento de patente, los cuales seguramente somos la mayoría. Lo que sí me molesta, y mucho, es el hecho de la medicación y medicalización excesiva, y el hecho de que nuestras poblaciones (esto sea dicho de paso, es a nivel mundial) recurran con tanta frecuencia a este recurso de la salud, que debiera reservarse para dificultades más bien apremiantes y para hechos de salud diagnosticados por médicos y no recomendados de boca a boca para hacerle el juego a esta voracidad tan aparatosa que es el mercado (mayormente irracional) de los medicamentos, que triunfan con la complicidad del consumidor. Consumo racional sí, pero consumismo sin límites no.

Cómo convertirnos en consumidores racionales

Tal vez deberíamos preguntarnos una y otra vez antes de comprar un medicamento (genéricos y otros), ¿es este medicamento realmente necesario? Pero también ¿tengo el diagnóstico correcto? O estoy simplemente adivinando y esperando que mi decisión (empírica) haya sido la adecuada. Se ha hablado en otros sitios y foros de la creciente medicalización de nuestras sociedades. Parece ser más un fenómeno económico y comercial, que un fenómeno médico y de la salud. El hecho comprobado es que las farmacéuticas están comprometidas con los accionistas y con los dueños de laboratorios de genéricos, y también los de patentes, a superar año con año las predicciones de los presupuestos anticipados, con el fin de crecer, de mejorar sus ganancias y de sobrevivir en el mercado. ¿Un fenómeno económico y comercial? Seguro que sí. La vorágine económica arrasando con los así llamados consumidores en aras del desarrollo (ciego) de las economías de las empresas, llevándose por delante a los ciudadanos, también ciegos en muchas y muy variadas formas, en aras del consumo y del consumismo de farmacéuticos muchas veces innecesarios. ¿Es este el mundo que deseamos para nosotros y para nuestros hijos?

Consumo excesivo de medicamentos

Buscando razones para ser consumidores (racionales) no consumistas de medicamentos

El consumismo no es un hecho privativo del mercado de medicamentos, pero es aquí donde cobra sus víctimas menos deseadas: los efectos adversos ocasionados por los medicamentos han creado un malestar con estadística propia, que merece ser señalado: la iatrogenia de la medicalización de las sociedades cobra un porcentaje muy importante de víctimas a través de la presencia de estos efectos no deseados, y frecuentemente no esperados (es aproximadamente la sexta causa de muerte en las listas de morbilidad y mortalidad internacionales) . Otra razón, además del abandono necesario y muy deseado del consumismo acrecentado, para tratar siempre a los medicamentos con reservas y con respeto.

Lo que le sirve a uno, no necesariamente le va a ayudar al otro

Es el caso de las recomendaciones de boca a boca y de la importante automedicación, tan difundida en nuestro medio. El autodiagnóstico y la automedicación no siempre es la más acertada (y pienso que más frecuentemente no lo será). Por lo demás, la tecnología y la era de la información que llegó, (la segunda en consecuencia de la primera), y que nos tomó a todos por sorpresa (y frecuentemente a los médicos también), ofrecen lo que se quiera saber al respecto de los medicamentos, en un paradigma que se antoja aparentemente sin solución: lo que necesito saber está allí, pero necesito saber, primero, lo que requiero consultar. Asimismo, será necesario que, en primer lugar, me aboque a consultarlo, lo cual tampoco es el caso en todo momento. Luego está el hecho incontrovertible de entender e interpretar adecuadamente lo consultado… y tomar la decisión adecuada a la luz de la información, pero también a la luz, por ejemplo, de las alternativas posibles.

[contextly_sidebar id=”EQLrVWtOxgfv3ATihlBwDPBbzcJTeEk9″]A este respecto, parece ser que se está generando hoy en día un nuevo (e indeseado) consumidor, con vocación de consumista: el consumidor parcialmente informado (o desinformado), que hoy más que nunca recurre a la automedicación pseudo- (o mal-) informada. ¿Paradigma sin solución? ¿Obsolescencia a futuro de la medicina profesional? ¿Surgimiento de un nuevo nicho de profesionales dedicados exclusivamente a esclarecer los riesgos y oportunidades de los fármacos? Pero también ¿aumento sin precedentes de la iatrogenia medicamentosa? Y… ¿aumento del consumismo sin límites de nuestras sociedades en el capítulo (delicado) del consumo de medicamentos, a través del empuje comercial excesivo (e inmisericorde) y sin miramientos en aras del beneficio económico de las empresas productoras, y del sistema económico en su conjunto?

El justo reconocimiento al mérito

Existe otra cara de la moneda, y está en la justicia mencionarla: las empresas farmacéuticas han contribuido con el bienestar de las sociedades desde su creación en la primera mitad del siglo XX y a lo largo del tiempo a través de muchos de sus medicamentos (antiinfecciosos, cardiovasculares, neurológicos, endocrinológicos, solo por mencionar algunos) que pueden ser celebrados como algunos de los más grandes descubrimientos y soluciones a otros muchos y muy variados padecimientos que han aquejado al hombre y a la humanidad desde tiempos inmemorables. Hitos modernos y cambios de paradigma que han sorprendido a los hombres por su originalidad, eficacia y resolución de graves problemas aparentemente insolubles en relación con nuestra salud. Premios Nobel en muchos casos, adjudicados algunos incluso directamente a investigadores de la Industria. Una historia llena de éxitos mayormente escrita a lo largo de todo el siglo XX, y uno de los logros y progresos de la humanidad más sonados y dignos de recordarse en ese siglo. ¿Será lo mencionado más arriba entonces más bien un acompañamiento indeseable (“efecto secundario”) de esta industria, por demás necesaria y beneficiosa para la humanidad?

Consumo excesivo de medicamentos

En busca de soluciones

El fenómeno económico prevalente (del cual esta industria puede verse como su “víctima”) y el sistema capitalista hoy en día, parecen ser todavía la mejor alternativa que existe para la supervivencia de nuestras sociedades, después del fallido intento durante la mayor parte del siglo XX del sistema socialista al estilo soviético (o sea, el comunismo), único sistema alternativo y alternante considerado como viable en su momento, que se haya opuesto abierta y rotundamente al sistema imperante, que fracasó sin embargo en las postrimerías del siglo pasado.

Tendremos todavía que crecer y evolucionar hacia otras soluciones (sociales y económicas) posibles, otras al sistema imperante, aunque poco anticipadas todavía a futuro. Los desarrollos actuales (básicamente logros tecnológicos y materiales) apuntan hacia nuevos caminos, aunque de momento las alternativas son todavía -y desafortunadamente- inexistentes.

Nuestro deseo, en relación con los medicamentos (del que esto escribe, pero también de muchos otros interesados en este tema: médicos, pacientes y, también, industriales, entre varios que llegan a mi mente) es que todos aprendamos a consumir medicamentos de la mejor forma, adecuadamente recetados, en la dosis correcta, con la frecuencia adecuada, por la vía adecuada, tomando en cuenta sus efectos, pero también las ocurrencias de efectos secundarios, considerando otros posibles medicamentos que se estén consumiendo de forma simultánea y entendiendo sus contraindicaciones.

Que aprendamos a consumir medicamentos consultando todo lo anterior – y otros muchos detalles más necesarios como son el diagnóstico correcto, el pronóstico, las alternativas, y la vigilancia del consumo, muy importante al inicio de la toma, pero también a lo largo del tratamiento, búsqueda de la remisión de síntomas, etc. etc.- con quien sí sabe, además de que recurramos a este recurso de la salud con mucha medida (en cuanto a frecuencia y siempre realmente por necesidad) y, de preferencia, con mucho conocimiento, el cual va mucho más allá de la simple información instantánea de nuestros tiempos.

Está en la ética de los médicos el recetar de la forma más adecuada, asunto para el cual han sido preparados durante largos e intensos años de estudio, por lo cual está en nuestro mejor interés el no realizar esta actividad por nosotros mismos, y menos aún extendiendo nuestra “influencia” (por demás riesgosa) hacia nuestros allegados y conocidos. Un detalle que se me escapaba: en mi caso, por de pronto, he optado desde hace muchos años por no recetar a mis familiares más cercanos. Como médicos, tenemos sesgos hacia nuestros seres queridos, que pueden (inconscientemente o no) equivocar de forma no deseada nuestro proceder como profesionales que somos de la salud de los demás. Mismo razonamiento aplica a la autoreceta, excepciones existentes (como lo son por ejemplo algunas emergencias posibles, en donde aplica el sentido común, tanto en familiares como en uno mismo).

 

@bioeticaunam