Maricela Rosales · 11 de julio de 2011
¿Te gustan los cuentos de terror? Si me has leído en tTwitter, ya sabes que a mí me entusiasman. Si me prometes una historia auténticamente escalofriante, te acompañaré hasta donde sea… es decir, hasta la librería o la biblioteca que me indiques, porque a mí el miedo me gusta sólo leído (bueno, o visto en una pantalla). Es algo muy curioso: en la vida cotidiana, pasar terror no es una sensación agradable. Encontrarte con un maleante cuando vas solo por una calle oscura, que te persiga un doberman salido de no sé donde cuando das vuelta a la esquina antes de llegar a tu casa o que al guardar tu proyecto para entregar al día siguiente aparezca en tu computadora “Reiniciando sistema, problema 0324”… vaya, no son experiencias divertidas aunque el escalofrío esté garantizado.
Y, sin embargo, leídas en un relato -ésas y otras aún mucho más horrorosas- pueden hacerte pasar un rato estupendo.
Sientes el cosquilleo del miedo, pero sin que llegue a angustiarte del todo. Mira, es parecido a subirte en una montaña rusa: sientes en la tripa un vuelco como si te cayeras por un precipicio, pero resulta agradable porque sabes que estás seguro, que no vas a estrellarte contra el suelo. La sensación sería menos grata si la padecieses en un avión que de pronto cae en picada…
En fin, que el miedo producido por un buen cuento es un sobresalto “bajo control”: te excita, pero no tanto como para dejarte hecho un guiñapo tembloroso. Claro que todo depende de cómo andes de los nervios. Hay quien después de haber leído un cuento de Edgar Allan Poe o de haber visto Actividad Paranormal no puede pegar el ojo en una semana. Por ejemplo: cada vez que apagas la luz de tu cuarto, confundes en la penumbra el bulto de la silla donde has puesto la ropa con una “cosa” agazapada que se dispone a darte un serio susto…
Bueno, perdona, no es mi intención alarmarte y mucho menos ponerte a pensar que esta noche estés muy pendiente de lo que pueda estar entre las sombras cuando apagues la luz.
Puedes apagar la luz sin miedo. Esa sombra que parece que tiene orejas de murciélago no es más que la silla donde has tirado de cualquier manera los pantalones. Aunque… yo que tú me cercioraba si no se mueve un poco, ¿no? Bueno, imaginaciones mías, no te preocupes: Espero que hoy pases buenas noches.
La mayoría de los cuentos y novelas de terror utilizan para asustar al lector una serie de personajes bien conocidos: vampiros, muertos vivientes, hombres-lobo, fantasmas… Es decir, seres “sobrenaturales”, mágicos, venidos del otro mundo. En nuestra época científica tales espectros a veces dan más risa que miedo.
No creas que sólo en los viejos castillos escoceses hay espectros: nada de eso, los fantasmas están muy bien repartidos por todo el mundo y se les puede encontrar en China o en la India lo mismo que en Oaxaca, tanto en la casona de la Colonia Roma, como en una mina abandonada del oeste americano. Algunos vienen envueltos en una tormenta de arena del Sahara y en cambio otros navegan por el mar, en un barco tan fantasmal como ellos mismos.
En todas las épocas y en todos los lugares se cuentan historias de fantasmas. ¿Qué es un fantasma? Un difunto que se aparece de pronto a los vivos, unas veces para quejarse, otras para vengarse y en ocasiones solamente para que se acuerden de él y de la mala muerte que tuvo. Vamos, un muerto que no se acostumbra del todo a estarlo. La aparición de una de tales criaturas causa siempre sobresalto a los vivos, imagínate, aunque no todos los fantasmas tienen malas intenciones, ni mucho menos. Algunos se diría que sienten nostalgia de los lugares donde vivieron y de las personas queridas que han dejado atrás, a las que ayudan cuando pueden. En el fondo, yo creo que los fantasmas son sólo muertos con ganas de matar el rato. Porque la muerte es un rato muy, muy largo…
Parece que el decorado perfecto para que aparezca un espectro son unas ruinas, o un páramo desolado, o un viejo cementerio. Es decir, en ambientes más bien antiguos. Sin embargo, ¿cómo se las arreglan los fantasmas en el mundo moderno? A la luz de una vela, cualquiera puede imaginarse sombras misteriosas, pero… ¿y cuando nos ilumina triunfalmente la electricidad? ¿Son capaces los fantasmas de viajar en automóvil como antes viajaron en coche de caballos? ¿Acaso un ensangrentado espíritu del siglo XVI podrá arreglárselas con una computadora o sabrá enviar un “uuuuuuuh!” por skype? Y sobre todo: si la gente se pasa el día viendo la televisión, revisando su facebook o publicando sus twitts, ¿quién hará caso de los pobres fantasmas?
Tan sólo ayer, cuántas momias no salieron a festejar el triunfo de México en el Mundial de la Sub 17, cientos de personas con vendas llenas de sangre por la calle, que si no fuera porque se me explicó el incidente del jugador mexicano, hubiera creído que el ataque de los zombies vivientes era una realidad.
Tal vez la época actual sea poco apropiada para los espectros tradicionales. Pero en cambio tiene sus propios fantasmas, menos románticos aunque quizá más amenazadores: la violencia terrorista, el hambre, el racismo, la política… ¿Saben? A veces echo de menos con ternura a los viejos fantasmas que sólo decían “¡uuuuuuh!”.
Otro día te contaré el cuento de un tipo que se vio superado por la realidad y acaba convertido en banqueta. En efecto: ¡Ten cuidado con lo que pisas!.
Aquí te dejo un video para ponerte de mejor humor. Disfrútalo y hasta la próxima.