Trump y AMLO: los riesgos antidemocráticos

blogeditor · 7 de enero de 2021

Trump y AMLO: los riesgos antidemocráticos

Feliz año a todo el equipo de Animal Político. Que sea otro año de gran crecimiento y profesionalismo periodístico.

 

En el momento que escribo estas líneas, simpatizantes del aún presidente Donald Trump toman el Capitolio, el edificio que alberga las dos Cámaras del Congreso de la Unión de Estados Unidos. Lo toman en el momento que votan la ratificación de la elección de Joe Biden como Presidente de Estados Unidos, con amenazas de por medio de congresistas republicanos de impugnar los resultados. Mientras crece el momento de tensión, los protestantes logran entrar al Capitolio con violencia y con poca contención de los elementos de seguridad. Reportaron incluso disparos. Las imágenes de la bandera confederada, de los manifestantes tomando las oficinas de los congresistas y la tribuna, del fuego de trasfondo en el edificio hablan por sí mismas.

Trump intenta contener los ánimos con un mensaje ambiguo que tolera la violencia. Repite una y otra vez que le cometieron un fraude y que nunca reconocerá el resultado, pero llama a retirarse en paz. Las redes sociales, todas, lo bloquean por incitar a la violencia. Al incitar a un levantamiento en contra del reconocimiento de los resultados electorales, eleva cada vez más el tono de las protestas y rompe un principio básico de cualquier democracia: la transmisión pacifica del poder. Sigo la lluvia de información y las múltiples fuentes, atónito. No es ajeno a la opinión pública la cantidad de veces que Trump ha incitado a la violencia, pero imaginar un desenlace así para el país que ha sido un referente democrático para el mundo era improbable. El escenario híper polarizado escalará la confrontación las próximas semanas hasta la toma de protesta como presidente de Joe Biden el 20 de enero.

Este episodio nos recuerda lo frágil que es cualquier democracia y los riesgos de un discurso de miedo, de odio, de confrontación y de polarización. Los liderazgos más visibles son responsables de proteger los principios básicos de una democracia y de privilegiar el diálogo, la deliberación y las vías institucionales para la resolución pacífica de conflictos.

Es inevitable observar este episodio y no llevarlo a la comparación con Andrés Manuel. Ninguna democracia resiste el rechazo sistemático de las reglas democráticas ni la negación constante de la legitimidad de cualquier opositor con calificativos que desestiman a la persona o grupo y no a las ideas que enarbolan. Cuando una idea es contraria a las ideas del presidente o existe una crítica con evidencia y argumentos a su posición política, el presidente responde con adjetivos; califica la crítica de quien venga como un ataque porque son neoliberales, conservadores, fifís, chayoteros, deshonestos, fichitas, lambiscones, mafiosos, entre un largo etcétera. Trump no ha parado de desestimar a los medios de comunicación, a los demócratas y hasta a perfiles de su mismo equipo con adjetivos similares.

Andrés Manuel promueve abiertamente la desaparición de instituciones incómodas para el poder, que generan contrapesos que mejoran la calidad democrática y, por tanto, la calidad de la gestión gubernamental. El caso más reciente es su propuesta, espetada en la mañanera del 4 de enero, de desaparecer al Instituto Nacional de Transparencia, pero pasó lo mismo en su momento con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y con el Seguro Popular y con otras instituciones que han probado ser efectivas, pero que resultaban obstáculos para él. La contrapropuesta ha sido aumentar la responsabilidades de los militares en áreas estratégicas del gobierno.

La comparación más grave entre Trump y AMLO es la tolerancia o fomento a la violencia. Cuando este elemento crece constituye una de las amenazas más graves para el equilibrio democrático. Esto inicia con las narrativas de división, en la que siempre hay un culpable de los problemas públicos que constituyen un obstáculo para avanzar. Estas conversaciones llegan a la sobremesa de la mayoría de los hogares del país, en los que se defiende o ataca una posición que repite el presidente y con la que se está o en favor o en contra, la cual es alimentada por los grupos afines al presidente en medios de comunicación o redes sociales y debatida por los grupos de oposición en los mismos espacios. La era de las redes sociales profundiza esta sensación de división y polaridad y la alimentan los algoritmos que nos muestran “lo que queremos ver”. La violencia se agrava cuando la respuesta es tolerante al decir que es “el pueblo quien defiende la transformación” o “es el pueblo quien se defiende contra un ‘fraude’”, bajo una abstracción tramposa de los mismos argumentos que repite el presidente. Lo mismo está sucediendo con Trump al desconocer un resultado legítimo en un sistema electoral que ratificó el triunfo de su adversario.

Nuestras democracias sufren una fuerte amenaza desde dentro. Es nuestra responsabilidad frenarlo al defender nuestras instituciones y evitando al máximo la acumulación ilimitada de poder sin contrapesos capaces de poner un alto a los designios de un solo hombre. Que esto no sea la antesala de la tragedia ni en México ni en Estados Unidos.

@luisffernandez