Trump no está solo, pero hay constrastes

blogeditor · 8 de febrero de 2017

Trump no está solo, pero hay constrastes

Por: Santiago Outón G.

El dos de febrero el gobierno de Suecia firmó un plan para eliminar las emisiones de gas invernadero para el 2045. Contemplan una reducción constante del uso de combustibles fósiles hasta desaparecerlos por completo y se comprometen así al más ambicioso proyecto en aras de combatir el cambio climático, muy por encima de las promesas de otros países industrializados.

Al otro lado del Atlántico, el gobierno de Estados Unidos, que bajo la dirección de Obama buscó siempre estar a la vanguardia en los temas ambientales (con variados niveles de éxito, cabe mencionar) ahora procede a borrar por completo la sección de cambio climático del sitio web de la Casa Blanca. Esto por desgracia sorprende a pocos, ya que su actual presidente se ha destacado por despreciar el conocimiento científico y afirmar que no hay suficiente evidencia de que la acción humana precipita el aumento de temperatura e incluso, que todo el tema no es más que un literal cuento chino para perjudicar la base industrial estadounidense y mermar la calidad de vida de sus ciudadanos.

De vuelta a Europa, Isabella Lovin, Ministra del Clima, afirmó que los beneficios de una sociedad con conocimiento y conciencia del cambio climático trae consigo grandes beneficios en materia de salud, empleo e incluso en seguridad. También hizo un llamado a las demás naciones a no abandonar los acuerdos de París, acuerdo que Trump ya busca cómo romper.

El desprecio de Donald Trump por los temas ambientales es tal, que grupos de científicos copiaron y aseguraron copias de los datos climáticos que habían logrado obtener en los últimos años. El climatólogo revisando gráficas de temperatura del océano y patrones de hielo en el Ártico es ahora revolucionario que debe esconderse de la tiranía de su gobierno.

Por tercer año consecutivo, el año anterior fue el más caliente del que se tiene registro y toda la información de que disponemos indica que éste no será distinto. La temperatura promedio del planeta aumenta en cada medición, acelerada por el calentamiento de los océanos. ¿Qué podemos esperar cuando la economía más poderosa del mundo insiste en aumentar el uso de combustibles fósiles, de taladrar en zonas hasta ahora protegidas y de reforzar el uso del carbón para generar energía? No podemos dejar de lado que el cambio climático es un fenómeno que nada sabe de fronteras (ni de muros) y que lo que hace uno termina por afectar al otro.

El problema es que Trump no está solo. De otro modo no hubiera “ganado” la presidencia. Pareciera que estamos viendo el nacimiento de una era postfáctica. Un tiempo donde la opinión pesa lo mismo que la teoría, donde las más cuidadosas investigaciones científicas no se distinguen de los arranques de madrugada en Twitter, donde no nos importa conocer las fuentes de lo que compartimos en redes sociales siempre y cuando lo que leemos confirme nuestros prejuicios. De esto se aprovechan algunos para que la agenda ambiental (entre muchas otras) siempre quede en segundo término para que no sea más que la mala del cuento del progreso económico.

Es por esto que es cada vez más urgente una sociedad verdaderamente informada -y por tanto menos manipulable. Así, aunque hay pocas razones para el optimismo, sí las hay. Aunque la fragilidad del planeta y de nuestra propia especie esté cada vez más patente, también es cierto que cada vez más voces creen en un mundo distinto.

Y así, mientras Trump firma sus órdenes para destruir la Agencia de Protección Ambiental, discriminar a los musulmanes y atentar contra la salud de la mujer en todo el mundo, también está Isabella Lovin, rodeada de mujeres firmando por un mundo mejor. Qué contrastes…

 

@bioeticaunam

 

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