Tristeza en la Ciudad

blogeditor · 16 de julio de 2012

Tristeza en la Ciudad

 

La política es semejante a la religión;

la diferencia es que en política cada uno

confiesa los pecados del adversario.

 

 

Esta ciudad es la ciudad donde todo siempre está a punto de explotar pero nunca explota.

Esta ciudad es el camino obligado a la delincuencia en cada uno de los hombres débiles en los que la paciencia sucumbe al fin.

Esta ciudad es los cines con sus estrenos de verano con sus baños más limpios de abundante papel higiénico.

Esta ciudad es los parques donde el verde es una fachada que cubre las obras de cemento, tierra y chapopote.

Esta ciudad es su tianguis de libros usados, sus ferias de objetos, zapatos y ropa abarrotando las calles sucias.

Esta ciudad es sus vendedores ambulantes traficando piratería como pan caliente en cada esquina, adelantando argumentos de películas norteamericanas.

Esta ciudad es el agobio de la gente leyendo de pie, encorvada, sobre los hombros de otra gente, sobre sus faldas, leyendo en sus celulares.

Esta ciudad es la egoísta circulación de luz y el olor estupefacto que el aire adquiere con las obras negras, los cigarrillos encendiéndose impacientes a dos centímetros de nuestras caras, las caras esquivándose en cada camino.

Esta ciudad es la gente pateando chicos y los chicos durmiendo pateados alrededor de los restos de pan.

Esta ciudad es la violencia de sus medios de transporte materializada en los gestos malhumorados de sus peatones.

Esta ciudad es no mirarse nunca a los ojos, huir hacia otros fragmentos del espacio, pero no a los ojos, no vaya a ser cosa que…

Esta ciudad con sus líneas del metro, el despilfarro de literatura, los pensamientos modernos, los hombres con bigotes, los discursos contradictorios, las drogas psicodélicas, los políticos, los cientos de argentinos, españoles, colombianos, venezolanos espigados y guapos que trabajan como meseros en los restaurantes de moda.

Esta ciudad es el clima perfecto y sus muchos perros esparcidos en las calles.

Esta ciudad es la trascendente explicación de mis actos y sus razones, la necesidad absurda del café después de las seis.

Esta ciudad con sus niños sonriendo.

Esta ciudad es un tobogán por donde se lanzan despistadas mis ideas, y hoy una dificultad para encontrarse.

Esta ciudad es una canción vernácula, los besos abultando las sábanas, un futuro que atamos a las patas de la cama con la premura suficiente para que no se escape durante un sueño nocturno.

Esta ciudad es un desquicio, en cada una de sus figuraciones, en cada una de mis tribulaciones, es también y más que siempre, un espejo y una trampa.

Esta ciudad, que aún tiene esperanza.

Ya lo dijo Marcel Duchamp: “Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”.

Posdata.

A veces me sorprendo pensando tonterías, hoy cuando llegaba a mi casa después de un día ajetreado de trabajo, semi-inconsciente, veo el cartel de la carnicería.

Abrimos martes, jueves y sábado.

Y pensé, se equivocaron, serán sábados, pero si lo piensas… los días laborables son en plural, lunes, martes, miércoles… y los del fin de semana en singular, sábado, domingo.

Y como a todo le tengo que encontrar una explicación razonada, la única que se me ocurrió fue que como se trabaja, pues se hacen más largos y por eso van en plural, como si esos días fueran más largos.

Feliz lunes. Como espectadores, hagamos un mejor cuadro de nuestra ciudad.

Les dejo un video de ésos que me encantan. Hasta la próxima.