blogeditor · 18 de mayo de 2016
Por: Alfredo Lecona (@AlfredoLecona)
La ciudad está emocionada. Hoy, más que nunca, hace lógica que a la Ciudad de México se le haya llamado en algún momento “la ciudad de la esperanza”. Por primera vez la hay. Nos quitaron el lastre de seguirle llamando Distrito Federal. La anhelada reforma política de la Ciudad de México fue resultado de lo que no estamos acostumbrados a ver en nuestros legisladores, quienes dejaron sus diferencias y democráticamente idearon un proceso que derivará en nuestra primera constitución. Y no sólo eso, sino que permitieron la participación a la ciudadanía libre de ataduras partidistas.
Uno de cada dos capitalinos que firmaron por algún candidato independiente celebran que 32 ciudadanas y ciudadanos hayan hecho posible lo que parecía imposible. Ilusiona saber que en la boleta electoral del 5 de junio habrán 21 nombres de candidatas y candidatos independientes. Genuinamente independientes. Que por ellas y ellos valió la pena dedicar tiempo en nuestros hogares, lugares de trabajo y en nuestras reuniones sociales para ayudarles a conseguir las 73,792 firmas que se les exigieron para lograr el registro.
No importa que el INE haya solicitado tantos requisitos, que a quienes participamos se nos haya quitado la mitad del tiempo para recabar las firmas. A fin de cuenta muchos lo lograron. A fin de cuentas el INE subsanó esos excesos al hacerse de la vista gorda respecto a las 23,607 firmas de muertos y las 6,977 de personas privadas de su libertad que presentaron los aspirantes.
Aplausos para el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y la cátedra que la Magistrada y los Magistrados nos dieron el lunes pasado. En un inicio, el INE sólo había reconocido que 8 aspirantes lograron las casi 74 mil firmas necesarias para el registro, pero los guardianes de la constitución en materia electoral, les corrigieron la plana.
En una deliberación que pasará a la historia, frases inmortales serán recordadas y replicadas en las aulas en donde se enseñe derecho. Tiene que ser así. Una de las tantas joyas, nos la regaló el magistrado Salvador Nava: “No hay certeza de que los aspirantes hayan obtenido el número de firmas requerido, pero tampoco de que no cumplen con ese apoyo. Es un terrible dilema”.
¡Faltaba más! ¡Había que darles el registro! Es palpable que 3.3 millones de capitalinos, casi la mitad de la lista nominal, firmamos por candidaturas independientes. Si en algún momento pasó por la cabeza de un magistrado ordenar verificaciones domiciliarias para corroborar la autenticidad de las firmas y subsanar el hecho de que el INE tampoco lo hizo, hubiera sido un despropósito. Seguramente los magistrados, peritos del derecho electoral y conocedores de los mecanismos de protección de datos personales, habrán consultado al INE si de casualidad sus firmas se encontraban entre las presentadas. Seguramente el resultado fortaleció su convicción.
Los argumentos del TEPJF pudieran parecer un engaño, pero no lo son. Hay que tener en cuenta que el INE sólo tuvo 12 días para hacer la captura de firmas. “El procedimiento así previsto se tradujo en una dificultad material y jurídica para efectuar una revisión idónea que dotara de certeza al procedimiento de verificación”. Increíble.
El mismo magistrado González Oropeza hizo notar que los registros presentados por los 10 candidatos iban de 90 mil a 117 mil firmas de apoyo, lo cual es un esfuerzo “realmente muy considerable para un ciudadano que no tiene una infraestructura de un partido político”. Imaginen el golpe que hubiera sido para la vida democrática de la ciudad no permitir la participación de quienes juntaron más de 3 mil firmas por día, más de 2 por minuto, y todo con sus propios medios, sin estructura de partido que les auxiliara.
Es un magnífico preámbulo para 2018. Seguramente en el Congreso de la Unión han seguido de cerca el trabajo del TEPJF y se propondrán las reformas necesarias para brindarle herramientas de verificación al INE, más aún si para una candidatura presidencial se requieren 1.5 millones de firmas. Y si no lo hacen, sabemos que el TEPJF ha fijado criterios en favor de la participación ciudadana aún por encima de la simulación. ¿Y si hubiera de nuevo firmas de muertos y presos? No importa, siempre y cuando la cifra no sea tan abismal como para que sólo con esas invalidaciones no se obtenga el registro. ¿Qué tanto es tantito cuando se juegan cosas tan importantes?
Lo logramos. Lo hicimos como sociedad. Hoy no se entiende la baja popularidad del Jefe de Gobierno, pero ya se verá cuando envíe el proyecto de constitución que prepara con intelectuales y próceres de la ciudad como el senador Miguel Barbosa quien, dicho sea de paso, es de los pocos que ha leído adecuadamente la vocación democrática de nuestro jefe de gobierno, cuya ausencia en la boleta de 2018 sería inexplicable.
La boleta electoral del 5 de junio es histórica. En pocos días, tendremos ese poder chilango que se lee en los espectaculares para elegir entre partidos e independientes. Si no le gusta como diputado constituyente el sobrino del doctor Simi y primo del “Niño Verde”, ahí tiene al líder del sindicato de bomberos que tuvo la visión de condicionar el trabajo de sus agremiados a la consecución de firmas para su candidatura. También podremos votar por una líder de comerciantes como la nuera de Alejandra Barrios. Si tampoco le convence, la izquierda anticapitalista que decidió dejar a Marx un momento, para jugar como Maquiavelo, es otra opción.
¡Viva la posibilidad de elegir entre la diversidad que nos ofrece la política!

* Alfredo Lecona es chilango, activista y defensor de derechos humanos. Manifestante. Miembro de #TúConstituyente y GENERA.