Repensar el lugar del trabajo en los procesos de reinserción social

blogeditor · 28 de diciembre de 2021

Repensar el lugar del trabajo en los procesos de reinserción social

Es un lugar común afirmar que el trabajo es una dimensión fundamental para apoyar los procesos de reinserción social de las personas que han estado en conflicto con la ley penal. Sin embargo, se debe tener en cuenta que hay muchos otros factores que deben interactuar para que el trabajo pueda cumplir con este papel.

En México todavía hay mucho por explorar sobre este tema. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) 2021 nos permite tener una idea sobre las trayectorias y experiencias laborales previas de las personas que son usuarias del sistema penitenciario. Esta información puede contribuir a plantear mejores estrategias de reintegración laboral y social.

En este artículo exponemos tres puntos que, desde nuestra perspectiva, pueden mejorar aquello que sabemos sobre la relación de las personas privadas de la libertad con el trabajo, así como desmontar algunas ideas sobre el papel que este tiene en los procesos de reinserción social.

1. La mayor parte de personas privadas de la libertad trabajaban antes de su detención

Un primer elemento que se debe tomar en consideración es que la mayor parte de las personas que se encuentran privadas de la libertad tenían un trabajo. De acuerdo con la ENPOL 2021, 8 de cada 10 realizaron una actividad laboral lícita la semana previa a su detención.

Existen algunas diferencias importantes por sexo de las personas, pues mientras que el 82.2% del total de varones privados de la libertad declaró haber trabajado en una actividad lícita la semana previa a su detención, esta cifra alcanza el 66.6% en el caso de las mujeres.1

Pero ¿qué tipo de trabajos realizaban? Nuevamente, hay diferencias importantes cuando se compara el tipo de ocupación por sexo.

Por una parte, la proporción de hombres tiende a estar distribuida entre distintos tipos de ocupaciones. Aun así, destaca la proporción de trabajadores artesanales, en construcción y otros oficios; la de comerciantes, empleados en ventas y agentes de ventas; operadores de maquinaria industrial, ensambladores, choferes o conductores de transporte, y la de quienes realizaron actividades elementales y de apoyo.

Por otra parte, las ocupaciones de las mujeres están marcadamente representadas por ser comerciantes, empleadas en ventas y agentes de ventas; trabajadoras en servicios personales y de vigilancia, y las que realizaron actividades elementales y de apoyo.

En suma, la mayor parte de las personas privadas de la libertad cuenta con experiencia laboral.

2. Para la mayor parte de las personas privadas de la libertad, estas ocupaciones eran su principal fuente de ingresos

Otro dato relevante tiene que ver con que para el 96.4% de las personas privadas de la libertad que trabajaron la semana previa a su detención, estos trabajos, negocios o actividades eran su fuente primaria de ingresos (lo que no excluye que pudieran tener otras percepciones).

Nuevamente, existe una ligera diferencia entre la proporción entre hombres y mujeres, pues mientras para que para el 96.5 % de los varones esas actividades eran su principal fuente de ingresos, en el caso de las mujeres la proporción asciende a 93.8%.

En otras palabras, para una vasta mayoría de las personas privadas de la libertad, su principal fuente de ingresos provenía de ocupaciones lícitas y, en caso de que tuvieran percepciones adicionales por otro tipo de actividades (legales o ilegales), estas serían complementarias.

3. La mayor parte de la población privada de la libertad percibía ingresos bajos

Finalmente, un último punto a destacar es el nivel de ingresos de las personas privadas de la libertad.

Es importante aclarar que con respecto a este dato la ENPOL 2021 no permite distinguir los ingresos que corresponden a la principal ocupación realizada de aquellos que corresponden a otras actividades o fuentes de ingreso. Aun así la información señala que más del 48.9% de las personas declararon que percibían ingresos totales menores a 5 mil pesos mensuales.

Por otro lado, al comparar estos ingresos con los de la población general, se puede observar que la mayor parte de las personas privadas de la libertad tenían ingresos inferiores. La diferencia es especialmente amplia en la proporción de personas que ganaban menos de 3 mil pesos al mes.

No deja de llamar la atención que la proporción de personas que percibían ingresos superiores a 9 mil pesos también es mayor en la población privada de la libertad.

Por otra parte, existe una brecha importante entre los ingresos de hombres y mujeres dentro de las cárceles, pues ellas tienden a tener percepciones menores que los varones. Mientras que la proporción de mujeres que percibió menos de 5 mil pesos mensuales alcanzó el 55.1%, en el caso de los hombres esta cifra se mantuvo en 48.6%.

¿Qué reflexiones podemos ofrecer a la luz de estos datos?

Como hemos visto, los antecedentes laborales de las personas privadas de la libertad muestran que 1) éstas tenían trabajos lícitos antes de sus detenciones, 2) que estos eran sus principales fuentes de ingreso y 3) que, para la mayoría de las personas, sus percepciones totales mensuales eran inferiores a las de la población general.

En suma, estos puntos permiten matizar el papel del trabajo en los procesos de reinserción. Tal como ha mostrado la evidencia al respecto, si bien tener un empleo es importante, sus características también lo son. La calidad del trabajo al que se tiene acceso y mejores salarios son factores determinantes del éxito en la reintegración de las personas.2

Esto obliga a replantear la forma en que pensamos las estrategias de reinserción social. No se trata solamente de generar opciones de accesibilidad al mercado laboral (que en sí mismas ya son escasas) sino, ante todo, ofrecer posibilidades para que con este trabajo las personas tengan posibilidades reales de vivir dignamente.

* Este artículo forma parte del ejercicio que realizaron Data Cívica, Intersecta, CEA Justicia y Animal Político en #DatosParaLaLibertad para revisar los resultados de la #Enpol 2021.

 

 

1 Cabe mencionar que del total de personas que no trabajaron la semana previa a su detención, las principales razones para no haberlo hecho fueron, en el caso de los hombres, por tener un trabajo ilegal (16.7%), mientras que, en el caso de las mujeres, por dedicarse a los quehaceres del hogar (35.3%).

2 Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito [UNODC] (2013), Guía de Introducción a la Prevención de la Reincidencia y la Reintegración Social de Delincuentes, Naciones Unidas.