blogeditor · 8 de noviembre de 2011
La Primavera Árabe ha tenido consecuencias en el mundo y ha sido detonadora de movimientos, propuestas y nuevas formas de expresión de la sociedad ante el poder. La presencia de los Zombies de Wall Street ha sido una de ellas.
Para algunos observadores de la realidad internacional, esta manifestación pone en evidencia que la inconformidad, la desaceleración económica, la marginación que la economía actual está generando en el mundo no tiene fronteras y que hasta los rincones intocables del poder pueden verse afectados. Para algunos menos “suspicaces”, como resultan muchos de nuestros políticos y líderes nacionales, esto resulta una curiosidad típica “de los gringos”.
Lo que no saben e ignoran este grupo de “ingenuos”, es que el activismo hoy, como nunca antes, trasciende fronteras y encuentra maneras creativas de generar alianzas, expresarse y hacerse escuchar. Las ideas tienen un poder transformador ilimitado, y hoy, la velocidad con que son transmitidas, asimiladas y convertidas en acciones es un factor a tomar en cuenta.
¿Qué tienen que enseñarle los Zombies de Wall Street a nuestros políticos y líderes?
Que los problemas del mundo SI afectan a los países. Esta visión típica de nuestros políticos y líderes en la que lo único que tiene importancia es lo que sucede en los partidos políticos (sus partidos, por cierto) y en la capital del país resulta poco cosmopolita, por decir lo menos, ante la complejidad de los desafíos y problemas que enfrenta el mundo. El contexto internacional les sirve como pretexto y justificación para explicar de muchas maneras porque el país no crece, porque no se toman medidas políticas, administrativas, fiscales, educativas, sociales y un largo etcétera, que resultan necesarias.
Adoran decir que nuestro destino está atado al de Estados Unidos, y como a nuestro vecino le va mal, es irremediable que a nosotros también. El destino está dicho y la convicción presente será lo que se viva en el futuro. Extraordinaria manera de lavarse las manos. Países como Brasil o la India también forman parte de este planeta y han sorteado las crisis que compartimos. Tienen problemas de pobreza, marginación y desarrollo igual que nosotros, y sin embargo, forman parte hoy –irónicamente- de la solución y el rescate de las economías europeas.
Quizás, y aquí confieso un poco de idealismo y esperanza, también pueden enseñar que los cambios pueden gestarse sin fusiles y balas de por medio. La no violencia resulta apetecible en un mundo que parece engalanarse con el rojo sanguina a la menor provocación. Los activistas de la no violencia pueden resultar molestos para el mundo pues están presentes, son como la conciencia que a veces te quita el sueño, no puedes erradicarlos pues tienen derecho a expresarse y no cesan de hacer uso de su voz. Su gran aliado, hoy, son los medios sociales y sus usuarios. Activistas que mueven el mundo haciendo uso de herramientas virtuales que impactan la realidad. Activistas de carne y hueso con avatares que generan ideas y transforman su entorno.
¿Entenderán nuestros funcionarios, legisladores, gobernadores, alcaldes, líderes de partidos, algunos empresarios, que sus acciones tienen consecuencias y que es necesario comprender que el mundo, que México, necesita hoy que tomen decisiones con visión de largo plazo, más allá de sus intereses inmediatos?
Hoy hay más de 7 mil millones de personas en el mundo, y más jóvenes y ancianos que nunca antes. La presencia y existencia de los jóvenes hoy está reconfigurando el mundo. Las personas de hasta 24 años de edad constituyen casi el 50% de esos 7 mil millones (y hay 1200 millones que tienen entre 10 y 19 años). En países de ingreso mediano, señala el Fondo de las Naciones Unidas para la Población, y en algunos de ingreso mediano-bajo en rápido desarrollo, el período en que podrán contar con una amplia población activa de personas jóvenes para impulsar el desarrollo puede ser efímero y es preciso que los gobiernos y las entidades del sector privado no titubeen en actuar rápidamente y preparen a los jóvenes y tomen medidas que les permitan pensar en un futuro de oportunidades. De la misma forma, los países con una población en creciente envejecimiento, el desafío del desarrollo y crecimiento se agudizará en los años por venir. Esta realidad demográfica tiene consecuencias de mediano y largo plazo, y son los jóvenes de hoy los que están detonando los movimientos en el mundo y también los que están optando por la violencia como solución a su falta de soluciones e ingresos.
Mientras nuestros líderes siguen diciendo lo mismo, y actuando igual, sin visión amplia, incluyente y que tome en cuenta la realidad del planeta (no sólo la de sus partidos o su empresa), las transformaciones en el escenario internacional seguirán dejando a México atrás y lo único que podremos ver será la luz lejana del tren que nos pasó del lado y nos dejó atrás por no estar pendientes para tomarlo a tiempo.
El mundo exige y necesita hoy solidaridad y una manera diferente de pensar los problemas y por ende, las soluciones. Los Zombies nos lo han recordado.