blogeditor · 1 de julio de 2021
Es innegable que el debate público sobre la crisis climática ha cobrado mayor fuerza desde hace ya varios años. El Acuerdo de París que compromete a los gobiernos para que aceleren e intensifiquen sus acciones e inversiones para un futuro sostenible con bajas emisiones de carbono; el compromiso de los medios y las organizaciones de la sociedad civil que cambiaron su narrativa para hablar de crisis climática y, así, imprimirle un sentido de urgencia a la lucha contra el cambio climático, y la apropiación de esta lucha por parte de las juventudes y su involucramiento político por saberse dueños, dueñas y agentes activos de su futuro, son algunas de los grandes momentos que atraviesan hoy a esta agenda.
En el caso particular de México, la suspensión que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador de las subastas eléctricas, en su intento por evitar la participación de las empresas privadas en la generación de energía renovable, también contribuyó a ampliar el debate y habilitó nuevos espacios de interlocución en los que se le ha señalado al Gobierno de México su predilección por los combustibles fósiles.
No obstante, y a pesar de este ímpetu ganado, siguen existiendo obstáculos que están haciendo prácticamente imposible el cumplimiento de los compromisos climáticos globales. Pienso en tres desconexiones climáticas que nos alejan de la descarbonización al 2050, que es nuestra meta global:
1. Hay una desconexión entre las promesas y las acciones de los gobiernos
De acuerdo con el Climate Action Tracker, sólo Marruecos y Gambia han llevado a cabo acciones que son consistentes con sus compromisos climáticos para no elevar la temperatura del planeta en 1.5°C. México, en cambio, es uno de los países con desempeño insuficiente, pues de acuerdo con la organización nuestras acciones iban en línea con el aumento de la temperatura global en 3°C. No hay que olvidar que el Plan de Negocios de la CFE elaborado por esta administración no contiene un solo proyecto de generación de energía renovable.
2. Las acciones que se están llevando cabo a nivel global para atender el cambio climático y la pérdida de biodiversidad están totalmente inconexos
En un informe inédito de colaboración entre la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES por sus siglas en inglés) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPC, se señala que las políticas anteriores han abordado en gran medida la pérdida de biodiversidad y el cambio climático de forma independiente, y que abordar las sinergias entre la mitigación de la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, al tiempo que se consideran sus impactos sociales, ofrece la oportunidad de maximizar los beneficios y cumplir los objetivos de desarrollo global. Al respecto, en México ha habido un desmantelamiento del sector ambiental que desde Fundar hemos señalado en varias ocasiones y que, en el periodo de 2012 a 2018, el presupuesto asignado al medio ambiente disminuyó en 46%.
3. Seguimos enganchados al petróleo
Un informe de REN21, grupo de personas expertas y multistakeholder, señala que la participación proporcional actual de las energías renovables en la matriz energética mundial es la misma que la de hace exactamente 10 años, porque nuestro consumo de energía sigue aumentando. Es decir, sí, la participación de las renovables ha aumentado, pero no hemos dejado de consumir combustibles fósiles, lo cual explica por qué no han disminuido las emisiones de carbono y siguen en constante aumento. Por eso, la Agencia Internacional de Energía realizó su advertencia más enérgica el mes pasado: que se detenga inmediatamente la exploración de combustibles fósiles. Algunos países como España ya lo decretaron, pero en México, a pesar de que la política energética del país dio un giro para revertir la lógica privatizadora de la reforma energética con la cancelación de las rondas petroleras, su apuesta principal es el fortalecimiento y rescate de Pemex cuyo objetivo principal para este sexenio es aumentar la producción de petróleo.
En Fundar estamos conscientes de que la energía renovable no es la panacea a las necesidades energéticas de las personas, al menos no mediante megaproyectos depredadores y violatorios de derechos humanos como aquellos en el Istmo de Tehuantepec. Asimismo, estamos conscientes de que la transición energética merece ser ampliamente discutida, pues hasta ahora no ha habido una verdadera transición sino más bien una complementación (que suponemos limpio) al aumento de la demanda de energía. Discutir quién genera la energía, cómo, dónde y para qué, son preguntas que no sólo se deben atender siempre en cualquier política pública de energía, sino que muy seguramente ayudarán a cerrar esas desconexiones climáticas.
* Francisco Reynoso (@_trashumante) es investigador en el programa de Territorio, Derechos y Desarrollo de @FundarMexico.