blogeditor · 1 de mayo de 2019
Cuando se trata de información, hay mucho en nuestro plato. Queremos estar al día, comprender y tener un criterio, pero los estímulos son demasiados.
Ya sea saber qué sucede “en las mañaneras” del gobierno federal o qué demócrata será quien enfrente a Donald Trump, la información corre y corre, especialmente en las redes sociales a un ritmo que nadie (ni Mark Zuckerberg ni Jack Dorsey) pueden detener.
Sin embargo, mientras estamos discutiendo nuestra postura alrededor de un sinnúmero de temas, no nos hemos tomado el tiempo de revisar cómo estos canales están impactando nuestro entendimiento de la realidad y al contexto mismo.
Va un caso: “Facebook fue clave en la limpieza étnica del siglo XXI en Myanmar”. Una rápida revisada a unos cuantos artículos, dará al lector un vistazo al impacto de estas plataformas.
Las fake news dejaron de ser una curiosidad para comprenderse como detonadoras de una crisis del entendimiento, un asalto al tejido social que no conoce fronteras, y que (como el ejemplo de Myanmar) no se queda en la pantalla de los dispositivos, son brutales realidades.
En esto, Silicon Valley se ha lavado las manos y buena parte de los usuarios les han ayudado: “El problema no es el Face, es la gente, somos horribles”, me comenta una amiga, una defensa que suena lógica y que (seguro) provoca una enorme sonrisa en Sheryl Sanberg. Pero es importante tener presente que Facebook Es Una Compañía Privada Que Monetiza Todo Lo Que Sucede En Su Plataforma… y como tal, es responsable.
Me explico: las redes no son la plaza pública, su contenido no está regido por constituciones nacionales y la batalla por el engage (los likes, los retweets, los posts destacados) está resultando en que lo más visto sea (en buena medida) lo peor de la humanidad.
¿Cómo impacta eso el contexto local?
En LEXIA, cuando estudiamos a los perfiles más jóvenes (específicamente los centennials/Zeds/”App Geners” de menos de 20 años) encontramos a una juventud ansiosa, profundamente desconfiada de la información que la red les ofrece.
Un vistazo superficial por supuesto mostrará un enorme set de memes, gifs, stickers y demás manifestaciones del lenguaje virtual (difícil de comprender para muchos) que hace pensar al iniciado que todo es “risas y diversión” , gatitos en poses graciosas y burlas a la eterna mala fortuna del Cruz Azul.
En el fondo, no están seguros en quién creer. Confían en lo que su círculo inmediato y ellos mismos investigan y descubren, más allá “quién sabe”. ¿No era Internet la super carretera de la información? ¿No tendríamos toda la información del mundo en las manos y con ello seríamos mejores?
Antes de seguir discutiendo del AMLO, Trump, Bolsonaro o su polémico político de preferencia, reflexionemos, pensemos en el medio y en qué lo convertimos (y a la par) en qué nos estamos convirtiendo.