Tratamiento para uso de sustancias dirigido a mujeres en México

Redacción Animal Político · 4 de octubre de 2022

En nuestra cotidianidad, cuando hablamos de personas usuarias de sustancias ilegalizadas, usualmente pensamos en varones jóvenes. Si bien es cierto que la proporción de varones usuarios es mayor que la proporción de mujeres usuarias, la brecha entre unos y otras ha tendido a reducirse en las últimas décadas. Estos cambios ameritan un análisis de los servicios existentes de tratamiento para el uso de sustancias psicoactivas en México y sus diferencias según el género de las personas usuarias de estos servicios. Incorporar la perspectiva de género en el análisis de la oferta de tratamiento para uso de sustancias psicoactivas (SPA) es esencial para promover un diálogo en torno a lo que entendemos por calidad de los servicios y si existen o no necesidades particulares de atención según la adscripción sexo-genérica de las personas usuarias de los mismos.

En este texto realizo una comparación descriptiva de las características de los servicios de tratamiento residencial para uso de SPA según el sexo de las personas que atienden. El análisis se llevó a cabo a partir de una base de datos elaborada con la información disponible del directorio nacional de establecimientos residenciales reconocidos por la Comisión Nacional contra las Adicciones. No se consideraron los servicios ambulatorios ni otros servicios comunitarios porque no hay datos disponibles que permitan realizar este análisis.

Características de los servicios de tratamiento residencial según sexo de las personas usuarias          

De los 299 establecimientos residenciales de los que presenta información la Conadic, el 37.5% atiende a mujeres, pero sólo 10.4% es exclusivo de mujeres. El modelo de atención registrado en la mayoría de los establecimientos residenciales que hacen parte del padrón de Conadic es mixto (55.2%), es decir, son aquellos que combinan ayuda mutua 1 (28%) con servicios profesionales. En segundo lugar de importancia están aquellos que operan bajo el modelo de ayuda (28%) y, en menor medida, aquellos que ofrecen servicios desde el modelo profesional 2 (16.4%).

Al desagregar por sexo, encontramos que mientras el 26% de los centros que atiende a mujeres ofrecen servicios bajo el modelo profesional, esta proporción es significativamente menor en el caso de los centros que atienden a varones (15%). En contraste, mientras el 40% de los centros que atienden a varones ofrecen servicios basados en el modelo de ayuda mutua, en el caso de los centros que atienden a mujeres, la proporción es de 28%. Es decir, los servicios de atención al uso de sustancias dirigidos a mujeres están más profesionalizados que aquellos dirigidos a varones.

Con respecto a la duración del tratamiento, el 46% de los establecimientos reconocidos por Conadic reportan una extensión máxima de tres meses, en el 20% de los casos la duración es de seis meses y en el 33% reportan una duración mayor a los seis meses sin que se especifique el plazo. Al comparar por sexo de la población usuaria, vemos que los servicios dirigidos a varones tienen duraciones más cortas en comparación con los servicios dirigidos a mujeres. Así, mientras que en el 65% de los establecimientos que atienden hombres los tratamientos tienen una duración de entre 3 y 6 meses y en el 33% de los casos la duración es mayor a seis meses, en aquellos que atienden mujeres el 50% de los casos reportan una duración de entre 3 y 6 meses y en el 46% de los casos la duración se extiende por más de seis meses.

El costo promedio del tratamiento total de los centros residenciales incluidos en el padrón de Conadic es de $22,205 pesos mexicanos (USD $1110 aprox.), con una amplia variación que va desde servicios gratuitos (que funciona por donaciones voluntarias de quienes ingresan), hasta aquellos que reportan un costo total de $221,000 (USD$11,050 aprox.). El valor más común del costo total de tratamiento es de $12,100 pesos mexicanos (USD$605 aprox.). La enorme heterogeneidad de los costos de tratamiento significa, como se ha documentado, variabilidad en la calidad de la atención que se ofrece y se traduce en inequidades importantes en el acceso a servicios de tratamiento para el uso de sustancias según estrato socioeconómico, pero también por sexo de la población beneficiaria.

Los centros de tratamiento que admiten a mujeres tienen un costo promedio de $9,462 (USD $473 aprox.), lo que significa que son más costosos en comparación con los centros que admiten a varones. Asimismo, el número de establecimientos que atiende a mujeres y cuyos servicios son gratuitos es casi tres veces menor que aquellos que atienden a varones.

En síntesis, al comparar las características de los centros de tratamiento que atienden a mujeres con aquellos que reciben a varones se encuentra que hay menor cantidad de establecimientos que atiendan a mujeres y que los tratamientos que se ofrecen a éstas son mayoritariamente de modelo profesional, con mayor duración y con mayor costo económico. ¿Significa esto que los servicios que se ofrecen a mujeres con uso problemático de sustancias son mejores en comparación con aquellos que se ofrecen a varones?

Algunas características de las mujeres que acuden a tratamiento residencial por uso de SPA

Aunque, en general, la mayoría de las personas que acuden a tratamiento por uso de SPA en México lo hacen en instituciones que ofrecen alternativas residenciales (74%), la proporción de mujeres que acceden a estos servicios es significativamente menor en comparación con la de los varones (82.4% vs. 67.5%). Este diferencial por sexo no se observa en el caso del acceso a servicios ambulatorios (36.2% en el caso de las mujeres vs. 34.7% en los varones).

Otra diferencia importante en términos de la demanda de atención son las edades de las personas que acuden a los servicios residenciales. Según los datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones, aquellas mujeres que acudieron a servicios residenciales son principalmente menores de 19 años (46%). En contraste, en los varones, el 39.2% de quienes han ingresado a tratamiento lo hicieron a partir de los 35 años y los menores de 20 años representan el 20.6% del total de hombres ingresados a estos servicios.

Diversos estudios han mostrado que en el caso de las mujeres, la violencia sexual al interior de los centros de tratamiento son experiencias recurrentes. Asimismo, la literatura destaca la falta de articulación entre los servicios de tratamiento para uso de SPA con la oferta de servicios de salud sexual y reproductiva, la falta de incorporación de temas como el estigma, las relaciones de pareja, las expectativas e ideales de género y el trauma en los esquemas de tratamiento que se ofertan, la poca compatibilización de la oferta de estos servicios con los roles de madre y cuidadora y, en general, la uniformidad de los servicios sin que exista un diagnóstico en torno a las necesidades particulares de atención que puedan tener las mujeres en comparación con los varones, así como de sus experiencias diferenciales en relación con las sustancias.

Es necesario que existan centros de tratamiento exclusivos de mujeres donde sea posible trabajar temas que son exclusivos de nosotras, donde puedan escuchar a otras mujeres y construir alternativas de cuidado. Por ejemplo, la violencia sexual es un tema recurrente en las biografías de mujeres con patrones problemáticos de uso de sustancias, pero es un tema que difícilmente puede hablarse en un espacio donde la mayoría de los compañeros son varones. Otros temas como los ideales de mujer y madre y los roles de cuidadora necesitan considerarse en los procesos de recuperación y tendrían más sentido si se desarrollan entre mujeres.

Podemos decir entonces que, a pesar de que los servicios de tratamiento que se ofrecen a mujeres son en promedio más costosos, más largos y con mayor presencia de profesionales de la salud (médicos y psicólogos), ello no garantiza la mejor calidad de éstos ni previene la violación de derechos fundamentales al interior de los establecimientos. En ese sentido, el que los tratamientos sean más largos y el que las mujeres accedan a ellos principalmente cuando son menores de edad, las sobreexpone a situaciones de violencia que, a su vez, tienen graves consecuencias en sus condiciones de bienestar a lo largo de su curso de vida.

Frente a esta situación de acceso deficiente a servicios de atención al uso de SPA, resulta urgente en primer lugar establecer mecanismos de supervisión continua de los establecimientos residenciales donde se ofrecen estos servicios. En segundo lugar, es necesario diversificar la oferta de servicios de tratamiento más allá de los servicios residenciales, por ejemplo, promoviendo servicios de base comunitaria y con alternativas distintas a la abstinencia –que funciona para algunas personas, pero no para todas–. En tercer lugar, se requiere escuchar la voz de las propias mujeres en los diseños de políticas y programas de atención al uso de SPA y en su evaluación. Sin la voz de las mujeres, sus necesidades continuarán estando rezagadas en el marco de una agenda predominantemente masculina, comprometiendo de manera seria su bienestar y sus derechos fundamentales.

* Angélica Ospina-Escobar (@angelicaospina5). Cátedra Conacyt asignada al Programa de Política de Drogas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (@cideppd), región centro, México. Email: [email protected].

Las opiniones expresadas en este blog son de exclusiva responsabilidad de la autora o autor y no necesariamente representan la opinión del Programa de Política de Drogas.

 

 

Referencias:

  • Castillo, I. y Gutiérrez, A. D. (2008). Consumo de drogas en mujeres asistentes a centros de tratamiento especializado en la Ciudad de México. Salud Mental, vol. 31, núm. 5, México: Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.
  • Giacomello, C. (2020). Mujeres que usan drogas y privación de la libertad en México. Análisis y propuestas a partir de las voces de mujeres y adolescentes en cárceles y centros de tratamiento. Equis Justicia para las Mujeres.
  • López-Méndez, M., Ospina-Escobar, A., Iskandar, R., Alarid-Escudero, F. (2021). Age-Specific Rates of Onset of Cannabis Use in Mexico. Addictive Behaviors, 122. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2021.107038
  • Ospina-Escobar, A. (2021). El sistema de atención y cuidado al uso problemático de drogas en México: Aislamiento, estigmatización y desamparo. En: R. Pires y M. P. Santos (Orgs.) Alternativas de cuidado a usuarios de drogas na América Latina: Desafíos e posibilidades de ação pública Brasilia: Comisión Económica para América Latina (CEPAL) /Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA).
  • Romero, M., Medina-Mora, M. E. y Rodríguez Ajenjo, C. (2011) Mujeres y adicciones, México: CENADIC.
  • Secretaría de Salud (2019). Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones. Informe 2018. Centros de tratamiento no gubernamentales. Ciudad de México: Dirección General de Epidemiología.
  • Villatoro-Velázquez, J., et al. (2017). Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017. Reporte de drogas. México: Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; Instituto Nacional de Salud Pública; Comisión Nacional Contra las Adicciones; Secretaría de Salud.

 

1 El modelo de ayuda mutua presenta una enorme heterogeneidad de alternativas terapéuticas que incluyen terapia espiritual, los doce pasos, tribuna, entre otros. Lo que lo distingue es el acompañamiento intensivo por parte de una persona que atravesó una situación de uso problemático y se ha mantenido en abstinencia por lo menos durante doce meses.

2 Caracterizado, como su nombre lo dice, por estar dirigidos por profesionales de la salud mental, a saber, psiquiatras y psicólogos principalmente, e incluir en el tratamiento la terapia farmacológica. En la mayoría de espacios profesionales se incluyen, sin embargo, algunas técnicas terapéuticas provenientes de la filosofía de los doce pasos, como la tribuna.