Redacción Animal Político · 15 de octubre de 2025
El pasado 4 de agosto el diario inglés The Guardian publicó que el zoológico de Aalborg, en Dinamarca, solicita a los dueños de mascotas la donación de éstas para alimentar a los carnívoros de dicho zoológico: leones y lince indoeuropeo, entre otros. Además, solicita que se donen pollos, conejos y conejillos de indias vivos y saludables que, según el zoológico, forman parte de la dieta habitual de los predadores.
La intención es “imitar la cadena alimenticia, para asegurar el comportamiento natural, la nutrición y bienestar de sus depredadores”, según se lee en la nota informativa. Destaca que los animales morirán por eutanasia, que aplicará el personal especializado del zoológico, pero no se especifica el método, sólo asegura que se darán enteros a los carnívoros, por lo que “nada se desperdicia”.
La donación de caballos es algo que ya se realiza en este zoológico y se establecen ciertos requisitos para recibirlos; por ejemplo, el animal debe estar saludable, en buena condición física y cumplir ciertas medidas. Además, existe un incentivo ya que la donación de uno de estos especímenes es deducible de impuestos a una tasa de cinco coronas danesas por kilo o sea unos 77 centavos de dólar.
El rechazo internacional no se hizo esperar. Se sabe que muchos zoológicos, principalmente europeos, eliminan a algunos individuos (ya sea por causas genéticas, sobrepoblación o simplemente para hacer espacio a animales nuevos), dándoles muerte a puerta cerrada. Aunque esto igualmente es injustificable. Apenas en julio del 2025 el zoológico de Nuremberg, en Alemania, decidió “eutanizar” a 12 babuinos saludables por cuestiones de sobrepoblación. Sus cuerpos fueron dados a los carnívoros, principalmente leones.
Dinamarca empieza a separarse de esta línea. En febrero del 2014, el zoológico de Copenhague, en Dinamarca, decidió, por cuestiones de genética, matar de un tiro en la cabeza a la jirafa Marius, de apenas 18 meses. La destazaron, desmembraron y la usaron para alimentar a los leones. Todo en una sesión pública al estilo foro, con una audiencia llena de niños pequeños, sus madres y otros adultos. El video del proceso aún está disponible.
Sin embargo, el anuncio y la solicitud de donación del zoológico de Aalborg provocó una enérgica reacción internacional, generando una gran controversia a varios niveles. La protesta no se dio de manera gratuita ni es casual. El disgusto social ante estos actos muestra una faceta del manejo del cautiverio de carnívoros que rebasa el ámbito del zoológico y los límites de la moral social; el discurso en el que se basa es muy inquietante. En el imaginario colectivo los zoológicos son lugares donde se conserva a los animales silvestres, se les cuida, alimenta y se busca su bienestar. Se dice que hacen conservación, investigación y educación.
El zoológico de Aalborg ofrece aplicar “amablemente” la eutanasia a los caballos y a los pequeños animales que reciban vivos y sanos. Nunca se explica cómo se realizará, pero en este caso, como el de Marius y de los babuinos, no podemos esperar una eutanasia verdadera que evite el sufrimiento innecesario del animal con alguna enfermedad terminal o en situación de gran sufrimiento, con sedación o insensibilización previa del sujeto, porque esto contaminaría la carne que será ofrecida a los carnívoros. A Marius lo mataron de un balazo en la cabeza, y se preservó la limpieza de sus carnes. Es muy probable que la muerte de los animales donados sea rápida, pero violenta.
También se dice que el público fue invitado a ver la “disección” del animal, con lo que le dan un tinte de cientificidad. Para la directora del zoológico, los daneses son gente pragmática que antepone el sentido común al sentimentalismo, así los niños obtienen lecciones valiosas sobre la biología a través de las disecciones. Sin embargo, lo que se hizo con Marius fue descuartizarlo y desmembrarlo, como se requería para darlo a los leones.
Al invitar al público a una matanza que resulta controvertida, apelando a la educación y la transparencia, se busca la legitimación de un acto violento sobre un animal inocente, y convierte a los espectadores en participantes y, por lo tanto, en cómplices. Los niños que atestiguan esto lo experimentan como un rito de pasaje con el que aprenden a desensibilizarse ante actos de crueldad y violencia contra los animales entintados de ciencia. Así, se transgrede también el ámbito de lo público y lo privado al realizar un acto que debió ser “a puerta cerrada”.
Tal vez el problema es mayor cuando se invita y solicita la donación de animales pequeños que son mascotas para las familias. Al solicitar animales domésticos vivos y sanos se transgreden varios elementos sociales y morales: la tarea de matar animales por su carne como alimento la ubicamos generalmente en un espacio llamado rastro o matadero donde no hay visibilidad ni participación ciudadana. Actividad que se traslada a un zoológico, lugar que nuestro pensamiento colectivo ubica como de conservación y cuidados. Al pedir mascotas pequeñas a los ciudadanos, el zoológico va más allá de su propio espacio y se direcciona a animales que viven con sus familias, en su hogar, y con las que los niños aprenden a socializar y establecen lazos afectivos. Se transgrede el valor simbólico y afectivo de nuestras mascotas al cosificarlos y degradarlos al estado de simple alimento.
Al decir que “evitamos el desperdicio y, en su lugar, creamos una despedida significativa (meningful farewell) en la que el animal puede beneficiar tanto a los depredadores como a la naturaleza”, se introduce un valor de reciclaje ecológico que resulta falso, pues el cadáver del animal no se integrará a la tierra, sino que transitará por la vía digestiva de un depredador. Se pretende aliviar la conciencia otorgando un mérito a la despedida, pero es una traición entregar a una matanza estos animalitos que habían estado en casa, sanos y con relaciones afectivas significativas.
Es así como el zoológico de Aalborg irrumpe en el espacio social y moral de nuestros días, donde se oculta la perversión tras un discurso que disfraza de ciencia la violencia y de nobleza la deshumanización, y donde se legitima lo inmoral. La transgresión opera sin duda en los límites del horror.
* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la UNAM, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como secretaria técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados, y ha sido observadora o parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en CITES. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.
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