Tras la tragedia en Juárez se oculta el rostro de un niño o niña

Redacción Animal Político · 3 de abril de 2023

Tras la tragedia en Juárez se oculta el rostro de un niño o niña

Los 39 migrantes fallecidos y 28 heridos en el terrible incendio en Ciudad Juárez no son sólo números, hay historias de vida por conocer y preguntas por responder: ¿cuántos de ellos eran padres de familia, tíos o hermanos mayores cabeza de familia? ¿Cuántas familias con niñas, niños o adolescentes han sido directa o indirectamente afectadas?

Las personas que migran son eso, personas, y este suceso evidencia que en México, país de inmigrantes y migrantes, persisten situaciones que atentan contra el cumplimiento de sus derechos humanos. Esto es cada vez más evidente a medida que se identifican los distintos niveles de responsabilidad en un evento que ha causado consternación a nivel nacional e internacional. No tan evidente es que, en esta tragedia, están muy probablemente ocultos rostros de niñas y niños.

Lo sucedido en Juárez conlleva diversas afectaciones en niños y adolescentes. La primera, la más inmediata, la directa, nos hace plantearnos: ¿cuántos de esos migrantes dejaron atrás o fueron separados de esa niña o niño cuya seguridad y bienestar buscaban mejorar a través de una nueva vida familiar en un entorno con acceso a sistemas de salud, escuelas de calidad y protección contra la discriminación o la violencia?, ¿cuántos niños han perdido la promesa que representaba el peligroso viaje enfrentado por ese hombre en busca de un mejor futuro? Saber quiénes son estos menores de edad, dónde están, cómo se han visto afectados y qué apoyo requieren es un imperativo moral y una responsabilidad de todas las naciones involucradas directa o indirectamente.

Existe la responsabilidad también de proteger a los miles de niñas, niños y adolescentes migrantes que se encuentran albergados en condiciones similares a la detención y cuyas afectaciones pueden pasar inadvertidas. Recordemos que, durante la niñez y adolescencia, las emociones se procesan de forma distinta, guiada por lo que se percibe en el ambiente y por una gran imaginación – algo que, ante una tragedia así, genera mucho miedo e inseguridad. Es muy posible que hoy un niño, niña o adolescente en un albergue cuyas puertas están firmemente cerradas tema morir de la misma forma. Si los adultos que lo rodean carecen de herramientas para ayudarlo a entender la situación, su afectación será aún mayor.

Existe un tercer elemento a considerar cuando reflexionamos sobre lo acontecido: la detención de adultos migrantes y, consecuentemente, la separación de niños, niñas y adolescentes de sus padres y/o cuidadores habituales es una de las experiencias potencialmente más traumáticas durante ese período de la vida. Algunos de estos menores de edad tienen que hacerse cargo de sus hermanitos, con la preocupación y angustia que ello supone, sin hablar de los profundos daños que esa separación implica para la salud emocional, mental y física (carencias afectivas, ansiedad, depresión, retraso de su desarrollo, hipertensión, enfermedades cardíacas) y los peligros a los que los expone (maltratos físicos, abuso emocional, abuso sexual).

Las niñas, niños y adolescentes migrantes representan una parte importante de las personas en movilidad en México, y su alta vulnerabilidad requiere de mecanismos de protección especiales y atención permanente. El gobierno, la sociedad civil y los organismos internacionales debemos seguir trabajando para garantizar su protección en todo momento y asegurar que, sin importar su nacionalidad o condición migratoria, las familias con menores de edad permanezcan juntas, tal y como los establece la Convención de los Derechos del Niño. Uno de esos derechos es no ser privado de su libertad si no ha cometido ningún delito, y recordemos que la entrada sin permiso migratorio a México no es un crimen sino una falta administrativa. A todos estos niños, niñas y adolescentes les debemos algo mejor, les debemos protección, empatía y ser colocados al centro de la toma de decisiones en materia migratoria.

En respuesta a lo ocurrido en Ciudad Juárez, desde UNICEF estamos brindando atención psicosocial y de salud mental a niños, niñas y adolescentes migrantes que temen, por ejemplo, que el albergue donde se encuentran sea incendiado. Mediante espacios de reflexión y herramientas de contención emocional, que incluyen actividades creativas y lúdicas, intentamos que expresen y procesen sus emociones.

UNICEF reafirma su compromiso de seguir acompañando al Estado mexicano en la reforma de los modelos de gestión de albergues para niños no acompañados y en el desarrollo e implementación de modelos de atención integrados a la comunidad y albergues para familias, que pongan fin a la separación familiar y al encierro de adultos migrantes.

Hay soluciones y UNICEF está a la disponibilidad de las autoridades mexicanas para apoyar en su búsqueda.

* Fernando Carrera Castro es representante de UNICEF en México (@UNICEFMexico).